Actualizado: 19/11/2019 9:12
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Fotografía

Los ojos de Martí

Una foto que reúne los elementos que dan trascendencia a la mejor producción de Ernesto Fernández: la que recoge las circunstancias

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En 1957 Ernesto Fernández, colaborador de la revista Carteles, hizo está foto. Con ella entró al año 1959 y por ella será recordado siempre. La imagen transitó por cinco décadas y ha sido incluida en compilaciones sobre la fotografía de la Revolución, reseñada, reproducida, interpretada. Ernesto hizo otras después, tal vez mejores. Pero ésta es su imagen emblemática, la que se distingue entre las demás porque el nivel de sugerencia, de mensaje implícito, la convierte en una obra de arte y como ya sabemos, solo el arte perdura.

Martí ciego, cegado.

Verla, siempre me provocó dolor. Estábamos acostumbrados a esa visión del Martí heroico, jinete del caballo en que murió o en posesión de la tribuna desde su prodigiosa expresión oral.

Este Martí que Ernesto recogió es un Martí vencido que en particular me recuerda, tal vez por lo mucho que me he ocupado de esa etapa, la nobleza en los ojos de Abel Santamaría, arrancados tras la tortura y la muerte que sucedió al asalto al cuartel Moncada, en julio de 1953.

La foto reúne los elementos que dan trascendencia a la mejor producción de Ernesto: la que recoge las circunstancias. Es una intención donde lo presencial es lo de menos, porque solo sirve de pretexto para elaborar el mensaje real, que tiene que ver con las incidencias emocionales del momento. En esta foto hay indiferencia y dolor, hay olvido y finalmente derrota.

Para esa fecha y mientras el fotógrafo recogía en la Isla el testimonio de piedra, en Veracruz su autor vivía un exilio que un año antes se había convertido en colaboración con los expedicionarios del Granma que se entrenaban en la zona. José Manuel Fidalgo fue el forjador de esas cabezas martianas que en los años cincuenta poblaron las escuelas primarias y secundarias de la Isla. En 1990, ya fallecido Fidalgo, entrevisté a su viuda, Obdulia Soto, quien me dio un testimonio interesante acerca de su esposo, los bustos de Martí y su vínculo con el Movimiento 26 de Julio:

“Mi esposo era ex combatiente de la Guerra de España; su familia es española y él estudió allá, aunque él y otros de sus hermanos nacieron en Cuba, pero se criaron y educaron en España y allá los agarró la guerra civil, y él participó activamente en ella. A su regreso a Cuba, Fidalgo estaba conectado con todos los grupos de combatientes de la Guerra Española allá. Un día conoció a Fidel, le pareció que debía ayudarlo y decidió introducirlo en esos grupos. Fidel le había hablado del Movimiento que quería crear, pero no tenía los fondos que necesitaba. Entonces a Fidalgo se le ocurrió que Martí podía seguir luchando por Cuba. Hizo muchas estatuas de Martí y se las regaló para que todo lo que se sacara de su venta fuera para el Movimiento.” [Soto, Memoria de mujer, 1990]

En esa entrevista, que forma parte de un libro inédito, Obdulia continúa:

“Todo eso pasó en Cuba, en 1952. Fidalgo detuvo la producción para sacar en gran escala los bustos de Martí en los dos talleres que teníamos en El Calvario. Recuerdo que en ese momento estábamos haciendo carrozas para el carnaval, porque entonces trabajábamos publicidad artística para Bacardí, para Omega y otros. Como no tuvimos las carrozas a tiempo, a Fidalgo se le ocurrió una treta: llamó a todas las empresas que sacaban carrozas en el carnaval y les dijo: “Oye, dicen que el carnaval lo van a atrasar una semana”, y al no haber carrozas pues la alcaldía de La Habana tuvo realmente que retrasarlo.”

Fidalgo tenía contactos con el Partido Ortodoxo, había sido concejal por el municipio de El Calvario y era un ferviente admirador de Eduardo Chibás, a quien le hizo varios relieves y después mascarillas. El 8 de febrero de 1953, la revista Bohemia en su sección En Cuba, fundada por Enrique de la Osa, daba cuenta de una noticia que sería el origen del exilio de la familia Fidalgo-Soto.

“En el barrio habanero de El Calvario, el escultor José M. Fidalgo recibía la visita de los cuerpos represivos. Según su secretaria, habían destrozado su obra escultórica: estatuillas de Martí con la inscripción de la célebre frase “Para Cuba que sufre…”, bustos de Bolívar y Rómulo Gallegos. Los talleres habían sido ocupados por la policía, impidiéndose el acceso a los obreros y empleados.”

Luego entonces, desde La Habana recibo la noticia del Premio Nacional de Artes Plásticas 2011 para Ernesto Fernández por el conjunto de su obra. Y la alegría con que la recibo tiene que ver con él, porque fuimos muy cercanos en los años de la revista Cuba, pero también con el orgullo de que otro de los fotógrafos de esa casa, sea reconocido en los salones donde la fotografía se ha integrado como una manifestación de arte. Allí, ya están José Alberto Figueroa e Iván Cañas y no me cabe dudas de que otros también están, aunque no figuren hoy.

Saludo a Ernesto desde estas líneas y elijo para que me acompañe, el testimonio sobre su foto más querida por mí.


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