Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Legna Rodríguez, Literatura, Literatura cubana

Los poligráficos no contestan

Este es un libro de tributos, y al leerlo se descubre que a Cortázar, Woolf y Bataille es mejor llamarlos por su nombre

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En la imprenta de GeoCuba, los poligráficos se negaron a imprimir el libro No sabe/No contesta de Legna Rodríguez Iglesias porque en su segundo cuento, Super Twins, la palabra pinga aparece 17 veces en todos los tamaños que la tipografía permite, grandes, pequeñas, gordas y flacas.

Los obreros pensaban que tenía que haber un error, una política cultural tan limpia no podía permitirse que la pinga estuviera así, impresa, en el libro de una chica de nombre rebuscado. Pero ahí estaba, desafiante, así que el libro, con nueve meses de retraso, como si de un parto se tratase, tuvo que esperar una firma que autorizara el uso de tamaña palabra.

Una carpeta que tenga tres equis siempre será pornografía. Dan doble clic encima de las tres equis y la carpeta se abre.

En Cuba las memorias USB son como los CUC. Lo que realmente importa se mueve en esas memorias, series americanas, películas americanas, programas de la televisión americana. En una memoria USB se guarda lo que importa, aunque eso es relativo, yo no tengo ninguna memoria USB.

Legna Rodríguez se mueve de izquierda a derecha, como su nombre. Ella ni sabe ni contesta, quizás porque es la que hace las preguntas. Escribe porque lee y, sobre todo, por lo que le queda por leer. Habla de quienes no ha leído con ansia, como en el porno, que por sabido el final no dejas de sorprenderte.

Recuerdos exactos de mi niñez. Sí, Tengo dos. El casete Camionero, de Roberto Carlos, y una fila infinita de libros que no podía tocar.

Roberto Carlos es siempre un homenaje a nuestros padres. Sus canciones son cheas, pero es que el amor es cheo, y los cubanos somos cheos, y a esta vida le hace falta una dosis permanente de chealdad para no morirnos de sudor.

No sabe/No contesta es un libro de homenajes. Legna Rodríguez escribe para quien ha escrito. Escritoras todas, hasta Julio es mujer en este libro escrito también para Virgina, o para Georges. Es un libro de tributos, y cuando lees, descubres que a Cortázar, a Woolf y a Bataille, es mejor llamarlos por su nombre.

Todavía no he leído a la tal Virginia Woolf. Solo he visto una película llamada Las horas, de Stephen Daldry. Y he visto pasar las horas.

El libro te enamora, porque no es cheo, es natural. Hay algo demasiado sexual en una chica que no se afeita los sobacos. Inmediatamente sabes que ella sabe, y si los dos saben ¿por qué no leerla? No sabe / No contesta es un libro para leerle, tumbados en la cama, a una voz que te escuche, aunque tenga los sobacos llenos de pelos.

En el libro está mucho de lo que fuimos aunque no te lo parezca. Es un libro ansioso que cuando se termina regresas a la primera página y lo vuelves a leer. Si se lo leíste a ella (en este libro hasta los él son ellas), tumbados en la cama y respirando cerca de sus sobacos, volverás a la primera página y te reirás leyendo que la palabra pinga aparece 17 veces en el segundo cuento, 17 veces, la misma cantidad de libros publicados que tiene Legna Rodríguez cuando no llega a tener dos veces 17 años.

En última instancia decidieron ayudarse mutuamente con las manos, y luego con las bocas y, posteriormente, con manos y bocas. Fue muy bueno porque ambos huevos se desinflaron enseguida. Ni padre ni hijo volvieron a sentir necesidad de mujer.

Hay más, y más de todos. Hay de madres y padres, de recuerdos y tatuajes. Es descarnado sin herir, húmedo sin asustar, lindo sin flores, tierno sin melancolía. Es un libro que te lee, porque algo de ti, seas quien seas, está descrito en esas palabras.

No sabe / No contesta enamora, es quizás lo único no cheo que enamora. No es ni canción ni gesta, no es una marcha y tampoco una carpeta con tres equis. Una carpeta con tres equis siempre será pornografía.

Lo leí dos veces a la vez, lo dejé en la mesa de un aula, donde ella daba clases, pero este libro ay siguió viviendo, y le hicieron un acta de advertencia a mis recuerdos. No debí permitirme la nostalgia de meterme en esta historia de historias que ahora no puedo dejar de leer una y otra vez.

Se lo leí a ella, tumbado en la cama. Descubrí que hablaba de mí, y también de ustedes. Descubrí que me descubre cómo se piensa en la Cuba que olvidé.

¿No vas a preguntarme que es Cuba para mí?

Mira.

El mapa de Cuba me lo tatué en 1999.

Jovencita.

Con el mismo tipo que te conté, el de los guantes.

Que es bruto, pero me gusta.

Y nada de líneas.

No.

Relleno.

En las costillas, donde más duele.

Macho, la patria es la patria.


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