Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Literatura, Literatura cubana, Mañach

Mañach recobrado

Sobre el libro de Jorge Mañach Perfil de nuestras letras. Recopilación e introducción de Carlos Espinosa Domínguez. Barcelona, Red Editorial S.L., 2015

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A más de cincuenta años de su muerte, ocurrida en San Juan, Puerto Rico, la obra de Jorge Mañach sumergida en las páginas de varios periódicos cubanos —El País, Diario de la Marina, Acción— todavía nos depara sorpresas. No pocos libros suyos fueron originalmente trabajos para la prensa: Glosario (1924), Estampas de San Cristóbal (1926), Pasado vigente (1939), Visitas españolas: lugares, personas (1959), expresados en las más variadas manifestaciones del periodismo: crónicas, artículos, semblanzas, entrevistas… También fue Mañach intelectual de proyectos inconclusos, como en la introducción a esta obra hace notar Carlos Espinosa Domínguez, quien tuvo a su cargo la encomiástica labor de reunir los trabajos que integran este Perfil. Refiere dicho estudioso, investigador y profesor de la Universidad de Mississippi, que en cierta ocasión Mañach le comentó a Octavio R. Costa, su colega en el Diario de la Marina, los libros que tenía en preparación y citó: uno sobre la personalidad de Martí, otro sobre el proceso de la conciencia cubana, sobre la teoría del estilo, sobre su propio pensamiento filosófico… y sobre la literatura cubana, que comenzó a materializar a través de artículos en las páginas del Diario de la Marina, el primero en febrero 16 de 1947, antecedido por “Un proyecto y sus quiebras” (febrero 9), y el ultimo el 8 de agosto de 1956.

En su aludida introducción Espinosa Domínguez expresa que el hallazgo de estos artículos data de 2003, mientras preparaba una antología de los artículos sobre arte y literatura publicados por Gastón Baquero en dicho periódico entre 1945 y 1961. A la vez que realizaba este trabajo, fue anotando la periódica aparición de cada uno de estos perfiles de nuestra historia literaria y, pasado el tiempo, volvió sobre ellos sin mucho entusiasmo, pues pensó que el propósito de ellos no rebasaba lo divulgativo y didáctico, pero al leerlos con mayor detenimiento comprendió que no era así, de modo que decidió reunirlos y darlos a conocer.

Mañach, al explicar a sus lectores en el aludido “Un proyecto y sus quiebras”, el carácter de la serie que comenzaría, declaró que la dirección de dicho periódico le había pedido “algún tema continuo”, y se decidió por “hacer este experimento” —lamentablemente inconcluso, y con irregularidades temporales en las apariciones debido a no pocas contingencias personales y profesionales— de escribir “una pequeña historia de las letras cubanas o, por mejor decir, de mis personales reacciones ante el hecho histórico literario de nuestra tierra”. De modo que el columnista Jorge Mañach, sin tratar de resolver problemas docentes a estudiantes o académicos, pues no aportaría una historia “formal” de la literatura cubana, se empeñó en observar “con mirada propia” —en este modo radica el principal mérito de los cuarenta y nueve artículos publicados— ese proceso, iniciado con “Fondo y legado”, a modo, si se quiere, de presentación y justificación de las propuestas interpretativas que vendrían posteriormente, y donde fundamenta: “La cultura […] es tradición y creación. Hasta en la obra nueva, producto de la individualidad humana en relación con su medio físico, social y espiritual, actúan las esencias acumuladas de la historia, aunque solo sea a veces por las reacciones que contra sí mismas provocan […] Todo proceso particular arranca de un fondo histórico ajeno, del cual deriva hasta el impulso para llegar a ser cosa distinta. Expresión más íntima acaso de la cultura, las letras se desenvuelven en todas partes bajo el imperio de esta condición y de aquellos factores personales y ambientales”.

Otros dos capitulillos que considero introductorios, “La conquista y los factores humanos” y, sobre todo, “Esquema de la evolución cultural” nos informan de sus perspectivas de análisis y este último es de particular relevancia porque expone una especie de dibujo de nuestro propio avance en el terreno que lo ocupa y, además, muestra la periodización que adoptaría: “Conquista y fundación”, “La Factoría”, “La Colonia propiamente dicha (1780-1890)” y “La República”, cuyas primeras cuatro décadas acusan para el igual número de actitudes principales dignas de subrayar: a) “El estreno. Jubilo y angustia. El formalismo político-económico. La elocuencia. Realismo y Modernismo. b) Crisis de inconformidad. La acentuación criticista. La novela naturalista. El ensayo político social. c) La convulsión. El preludio de la ‘nueva sensibilidad’. Emergencia de la intención social; d) La resaca y sus perspectivas”. Al carácter procesual de los textos publicados se incorpora otro rasgo sobresaliente: sus interpretaciones de las obras y figuras estudiadas, bien alejadas de ideas repetidas y muestras de su soberanía de juicios interpretativos.

El método empleado en su empeño de historiar, trunco lamentablemente en el capitulillo “La poesía civil”, dedicado a la de José Marina Heredia, va de lo general a lo particular. Así, “El neoclasicismo” es asumido en tanto visión general de este movimiento, mientras que en apartes se analiza a Manuel de Zequeira, Manuel de Rubalcava, Manuel María Pérez y Ramírez; “Didáctica del país” trata sobre Tomás Romay y Arango y Parreño, mientras que en “La transición prerromántica” se detiene en Félix Varela con dieciséis acercamientos, entre ellos “El maestro Varela”, “Las ‘lecciones’ de Varela”, “Varela en El Habanero” y “Varela: impíos y creyentes”; y a seguidas Heredia con siete aproximaciones: sus raíces, su ser revolucionario y romántico, “El drama de Heredia”, donde alude a su malhadada carta a Miguel Tacón, tan censurada en su momento por sus amigos cubanos, y “El amor romántico”, zona especialmente relevante de su obra poética.

Como en todos sus libros, la prosa de Jorge Mañach emerge serena, cuidada, alejada del didactismo, propósito que se empeña en evadir y cumple con acierto. Todos estos artículos brotan con “la perenne lucidez” que distinguió su obra, como apunta Espinosa Domínguez. Solo de Espejo de paciencia a Heredia cubre este Perfil de nuestras letras, pero sus páginas son suficientes para volver, una vez más y casi desde el encanto de lo inédito, a sus lecciones, devueltas gracias al esfuerzo, que nunca tiene fronteras, de Carlos Espinosa Domínguez.


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