Actualizado: 17/08/2018 22:24
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Cine, Cine francés, Arte 7

Monólogo exterior del cineasta

Una película que termina por diluirse en un delirio intangible, carente de la necesaria médula que la arme y conduzca

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Cine dentro del cine, transición intangible entre lo real y lo onírico, intertextualidad explicativa que no lleva a ninguna parte, un descenso gradual al delirio y un personaje que regresa de lo incomprensible. De todo eso y menos, se encuentra en Ismael’s Ghosts.

Arnaud Desplechin es un director que gusta de trabajar con múltiples referencias y transforma los mismos personajes de un filme a otro, convirtiéndolos en fantasmas alegóricos que conceden un carácter trascendente a la rutina diaria. Ha escrito y dirigido excelentes películas como La Sentinelle, My Sex Life..or How I Got Into an Argument, Kings and Queen y A Christmas Tale. Sus diálogos son bien construidos y sus imágenes tienen poder seductor. Aunque continúa haciendo buen uso de sus herramientas artísticas, en su más reciente filme, Ismael’s Ghosts, los elementos carecen de coherencia y la obra parece un monólogo desordenado, una corriente de la conciencia sin desembocadura.

Ismael se encuentra realizando un filme sobre un personaje llamado Ivan Dedalus, que es, quizás, un espía insomne. El propio Ismael, a su vez, no puede dormir en las noches y es la hora en la cual tiene sus momentos de mayor creatividad, solo que en el momento en que nos lo encontramos, está en crisis de imaginación. Su esposa lo abandonó hace veinte años y ha mantenido una relación paterno-filial con su suegro, otro director de cine llamado Henri Bloom, quien ha sido, además, su mentor artístico. Bloom no se ha podido recuperar de la pérdida de la hija, a la cual Ismael ha tenido recientemente que declarar oficialmente muerta. Ismael comienza una relación con Sylvia, una astrofísica que conoce en una fiesta y se la lleva a su casa frente al mar para ver si esto le devuelve la creatividad. En medio de ello, reaparece Carlota, su esposa desaparecida, creando un frágil triángulo de una manera tan natural como incoherente. Ismael comienza a rozar los límites de la locura, se ahoga en alcohol y confunde cada vez más su vida con la de sus personajes.

Dedalus, Bloom, los nombres invocan a Joyce y las pesadillas parece que nos van a llevar a una epifanía, que para el escritor irlandés era el propósito de la obra de arte, pero desgraciadamente, Desplechin deja correr lo que se convierte en un monólogo joyceano que resulta todo un despropósito.

El filme resulta un desperdicio lamentable, porque parte de una idea interesante, toca temas atractivos y está retratado por Irina Lubtchansky (quien trabajó con Desplechin en My Golden Days), con una intensidad cromática sobrecogedora. Cuenta además con las excelentes actuaciones de Mathieu Amalric como Ismael y de Marion Cotillard y Charlotte Gainsbourg como Carlota y Sylvia respectivamente. El contrapunteo de las actrices es cautivante, ya que ambas pudieron haber intercambiado los roles, dado el historial de cada una. Cotillard se presenta como una mujer frágil y emocionalmente inmadura, incapaz de ponderar las consecuencias de sus acciones. Gainsbourg añade al rol de la impávida científica, sus características personales, que dado su aspecto andrógeno y su mirada intensa siempre parece una hembra dispuesta a devorar al macho en el momento propicio, pero que aquí decide tomar distancia. El problema es que debido al propio argumento, ninguno de los personajes resulta convincente. Los actores están muy bien, pero no pueden salvar sus personajes.

Si se pudiera aislar a la figura y sus secuencias, que en realidad a veces parecen fuera de contexto y traídas por los pelos con el ánimo de permitir al guionista perorar sobre cine, la mejor actuación pertenece a Laszlo Szabo en su papel de Henri Bloom, pero el personaje es también insalvable. Desplechin y sus jóvenes colaboradoras Julie Peyr y Léa Mysius, no atinaron a tejer congruentemente la trama del filme.

El filme fue seleccionado para abrir el Festival de Cannes de 2017 y fue recibido con tibieza por la mayoría de los críticos. Muchos vieron en él un homenaje a 8 y ½ de Fellini, y hay algo de ello en los referentes, pero lo cierto es que con tantos guiños, subtextos, referencias y bromas privadas, la película termina diseminándose entre todo esto y carece de médula.

Ismael’s Ghosts (Francia, 2017). Dirección: Arnaud Desplechin. Guion: Arnaud Desplechin, Julie Peyr y Léa Mysius. Director de fotografía: Irina Lubtchansky. Con: Mathieu Amalric, Marion Cotillard, Charlotte Gainsbourg, Louis Garrel y Laszlo Szabo. De estreno limitado en ciudades selectas de Estados Unidos.


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