Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Cine, Arte 7

Mujer invisible

Aunque el director opta por el entretenimiento ligero y la gentileza, esta película no deja de ser una agradable sorpresa

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Doris es una sesentona que hace ya décadas, renunció a su vida para dedicarse a cuidar a su madre enferma y con ello permitir a su hermano menor estudiar y prosperar en la vida. Su tiempo se detuvo alguna vez a principios de los setenta y sus memorias emocionales un poco más atrás.

Hello, My Name Is Doris es una amable comedia que comienza con el velorio de la mamá. Sin perder tiempo, el hermano y la cuñada tratan de convencer a Doris que se deshaga de su inmensa cantidad de trastos que acumula en la vieja casa del suburbio de Staten Island y se mude a la ciudad para así vender la casa, a lo que Doris se niega. Ella es una de esas acaparadoras de inutilidades que se inmoviliza entre el caos y no puede deshacerse de nada.

En la siguiente secuencia, en un elevador atestado, Doris queda frente a frente a un joven treintañero y bien parecido que le saca conversación. Doris, quien padece de timidez, carece de habilidades sociales y que más que vestirse se decora, con ropa tan vieja que la hace parecer un objeto vintage, se siente notada por primera vez en largo tiempo y se encandila con el muchacho, quien luego, minutos después, descubre que es el nuevo director artístico de la revista de modas para la cual trabaja. Aquí comienza su infatuación con el joven que es la médula argumental de la película.

Doris en una reliquia del pasado de la revista. Trabaja en el departamento de contabilidad sin que nadie la note y pasa tan desapercibida que por ello ni siquiera la cesantearon en su momento. Con su nueva obsesión quiere desafiar los límites de su edad y recibe consejos románticos de la nieta adolescente de su mejor amiga. Llega un momento en que el final se vuelve predecible y uno casi quiere que el desenlace suceda ya, pero el filme logra de alguna manera mantener el interés por los personajes.

Esta es una obra de baja intensidad, con algunas escenas montadas con imaginación que recuerdan a las comedias de Hawks y Wilder, hay una en particular que es similar a lo que sucede entre Paula Prentiss y Rock Hudson en Man’s Favorite Sport, esa joyita que dirigió Howard Hawks. El filme lo sostiene la extraordinaria actuación de Sally Field, que le da vida a un personaje que pudo fácilmente caer en el cliché más barato y el cual muchas actrices lo hubieran actuado con una antología de muecas. Field hace muy creíble este ser estrafalario, embarcado en una aventura casi irreal. Con esta actuación cualquiera entiende por qué ha ganado dos óscares y dos globos de oro. Tampoco teme enseñar su edad y es capaz de darle sexualidad, en una tragicómica secuencia, a una mujer que por décadas reprimió sus sentimientos. Alguien que fue interesante alguna vez, que gustaba de “películas extranjeras y discusiones de arte”, pero que enterró todo eso.

El resto de los actores se limitan, con habilidad dramática, a servir de apoyo al personaje central. Quienes tienen papeles más destacados, la veterana Tyne Daly (Cagney and Lacey, The Enforcer), como la mejor amiga y Max Greenfield (The New Girl, Veronica Mars) como el oscuro objeto de deseo, se desempeñan con precisión histriónica y siempre dejando brillar al personaje de Doris.

El director, Michael Showalter (Princeton, 1970) con una larga carrera como guionista, actor y director de programas de televisión, dirigió anteriormente Baxter (2005), una aceptable comedia con demasiados tics woodyallenescos, pero aquí se despoja de los mismos y es más eficiente. Dirige bien a los actores, mantiene control sobre el argumento que coescribió y monta las secuencias con imaginación y sin alardes innecesarios. Los diálogos son ágiles, divertidos y suenan sinceros. La fotografía de Brian Burgoyne, quien ganó premio por The Red Veil, es apta, sin ser nada distinguible.

Utilizando un personaje extravagante como centro de la trama, Showalter se las arregla para contrastar ciertas complicaciones de la vida moderna, como la excesiva avaricia, las distancias generacionales, la insensibilidad ante los problemas íntimos de los seres cercanos y la frialdad de la mirada convencional ante lo diferente, y aunque lo hace con cierta garra, muestra la complejidad y la humanidad de los personajes, todos, excepto la cuñada de Doris, bien definidos y dotados de las contradicciones necesarias. A la larga, Showalter opta por el entretenimiento ligero y la gentileza. Este “pequeño” filme, resulta ser una agradable sorpresa. Deja su huella.

Hello, My Name Is Doris (EEUU, 2015). Dirección: Michael Showalter. Guion: Laura Terruso y Michael Showalter. Dirección de fotografía: Brian Burgoyne. Con: Sally Field, Max Greenfield, Tyne Daly, Beth Behr y Peter Gallagher. De estreno limitado en las mayores ciudades de Estados Unidos.


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