Actualizado: 14/06/2021 10:41
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Música, Rubén Blades

Música para los pies y las entendederas

Cumple cuarenta años el álbum Canciones del Solar de los Aburridos de Rubén Blades, el hombre que revolucionó la salsa y el músico que más ha experimentado y evolucionado musicalmente sin perder su identidad

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En 1981, Rubén Blades y Willie Colón comenzaron a preparar un nuevo álbum que sería su tercer trabajo juntos. Se habían conocido a fines de los años 60, cuando Colón actuó con su banda en Panamá. Reanudaron el contacto en 1974, cuando el panameño se mudó a Nueva York. Allí consiguió un empleo en Fania Records, la discográfica que controlaba el boom de la salsa. Vieron que tenía talento y lo contrataron, pero luego no supieron qué hacer con él y terminó pegando sellos en el departamento de envíos de la compañía. Finalmente, le permitieron participar en varios discos colectivos. Con canciones como Juan Pachanga y Sin tu cariño, Blades demostró que sabía desenvolverse mucho mejor que muchos veteranos.

En Fania, halló su alma gemela en William Anthony Colón, un puertorriqueño del Bronx. Este contó con sus servicios en The Good, the Bad, the Ugly (1975), en el cual le dio la oportunidad de cantar un tema propio, El cazanguero. Los dos empezaron a colaborar seriamente en Metiendo mano. Willie Colón presents Rubén Blades (1978). El álbum incluía cuatro composiciones de Blades. Una de ellas es Pablo Pueblo, que según él es la primera canción de salsa que trata temas políticos y sociales. Interpreta también temas de dos cubanos, Frank Domínguez (Me recordarás) y Eliseo Grenet (La mora).

Metiendo mano era un buen disco, pero no traía novedad suficiente para llamar de modo especial la atención. Algo que sí ocurrió con Siembra (1978), que convirtió a Blades y Colón en una nueva y poderosa fuerza musical. Aquel álbum marcó pautas en el campo artístico y comercial, al alejarse de los patrones de la salsa concebida para bailar sobre la base de letras fáciles y repetitivas. En una época en la cual los latinos residentes en Estados Unidos pasaban por un momento de discriminación y opresión, Blades les dirigía un mensaje de orgullo, justicia social y liberación. Siembra es considerado un clásico de la música salsa y fue el título más vendido de Fania. Su venta en todo el mundo superó los tres millones de copias.

Siembra es de esas obras que marcan un antes y un después, en este caso de un género musical. Lo integraban siete canciones, entre las cuales figuran las emblemáticas Plástico, Buscando guayaba y Pedro Navaja. Esta última es el tema más conocido de su creador y ha inspirado libros, películas, obras teatrales. Blades reveló que la inclusión de Plástico halló muchas reticencias de los ejecutivos de la discográfica, por su agresiva burla del materialismo, la frivolidad y la pobreza espiritual de la emergente clase media latinoamericana.

En 1980, Blades lanzó el álbum doble Maestra Vida, un proyecto innovador y arriesgado que, por eso mismo, en su momento no tuvo una acogida favorable. El propio autor la definió como “probablemente lo más anticomercial que se haya hecho jamás en el mundo de la salsa”. Aunque es una ópera salsa, como se conoció desde que salió al mercado, incluye temas que no son específicamente de ese género, como el bolero. Es una suerte de radionovela musical, que recrea las vivencias de una familia en Latinoamérica.

Tras ese trabajo tan personal, Blades y Colón decidieron aprovechar la notable aceptación que lograron con Siembra y se pusieron a preparar su siguiente álbum juntos. En ese momento aún se seguía hablando de aquel disco, aunque ambos eran conscientes de que corrían el riesgo de que una calidad tan apabullante amenazara con desvalorizar o hacer sonar inferior cualquier cosa que hicieran después. Por eso evitaron realizar una segunda parte de Siembra, pues sabían que aquel fue un álbum irrepetible. Se desligaron del sueño de la unidad latinoamericana y se sumergieron en el barrio de calles oscuras, vidas repetidas, ron y dominó, amores y chismes, recreado por Blades en Maestra Vida. Y entre junio y julio de 1981 se dedicaron a grabar en Sound Works Studios y en La Tierra Studios, de Nueva York, los siete temas de Canciones del Solar de los Aburridos.

El título del álbum fue sugerido por Blades, y lo justificó con estas palabras: “En la ciudad de Panamá existe un área en el barrio del Chorrillo donde la gente se pone a jugar dominó. Le llaman el Patio de los Aburridos. Yo lo utilicé como una metáfora para significar un centro donde la gente del barrio llega y se reúne. El disco, entonces, registra todas esas voces. Y cada canción es un corrillo, una conversación o una protesta”.

Los críticos lo trataran con cierta conmiseración

Si en el aspecto musical es cierto que Canciones del Solar de los Aburridos no alcanza el nivel de Siembra, en modo alguno significa que sea una obra menor. Algo de eso hubo en la recepción que tuvo el álbum cuando salió e hizo que los críticos lo trataran con cierta conmiseración. La presencia de algunos temas ligeros posiblemente contribuyó a ello.

En primer lugar, Canciones del Solar de los Aburridos es un disco que conceptualmente está mejor ideado, a partir de la idea motriz del barrio. Su sonido es también más depurado y nítido. Las canciones poseen, entre otros aciertos, un uso muy particular de los coros, así como un desenfado inusual en la salsa. Colon reunió además a un grupo de magníficos músicos que habían tocado con él durante años, como Lewis Khan, Salvador Cuevas y Jimmy Delgado. Y, por último, Blades demuestra estar en pleno dominio de sus facultades vocales, lo cual se materializa en unas interpretaciones de mayor calidad.

El disco recoge siete canciones. Cinco llevan la firma de Blades: Tiburón, Te están buscando, Madame Kalalú, Ligia Elena y ¿De qué?. Las otras dos son Y deja y El telefonito, ambas pertenecientes a compositores cubanos. La primera es de Giraldo Piloto y Alberto Vera, y fue popularizada por Omara Portuondo. La segunda es una vieja guaracha de Silvestre Méndez López. En los años 40 fue interpretado por Cascarita con la Orquesta Casino y por Vicentico Valdés con el Conjunto Tropical, y después ha conocido varias versiones. Aparte de Blades y Colón, de los arreglos se encargaron Luis Cruz, Héctor Garrido, Marty Sheller, Javier Vázquez.

El humor está presente y es ingrediente importante en varios de los temas. En Madame Kalalú, su autor se vale del personaje de una falsa espiritista que se dedica a esquilmar a sus clientes, para criticar a los vendedores de humo que se enriquecen a costa de personas inocentes. El telefonito habla del acoso telefónico que sufre un hombre, a quien una chica lo llama desde todas partes. Y en Ligia Elena, se critica en tono jocoso el racismo, a través de la historia de una joven de sociedad que, para disgusto de sus padres, se va a vivir en un cuartico con un trompetista negro. Fue la canción más exitosa del álbum. Durante todo un año estuvo sonando en las emisoras radiales de América Latina, y un canal de Venezuela produjo una telenovela con igual nombre que se inspiró en el tema de Blades. Este había grabado una versión en merengue que pensaba incluir en Siembra, pero al final la descartó. En Canciones del Solar de los Aburridos aparece con otro arreglo, que le da aires de son montuno y chachachá.

Uno de los temas más bailables es ¿De qué?, que tiene aires caribeños (algunos han señalado la fuerte presencia del joropo venezolano). En su letra, la más sencilla del álbum, Blades flagela a aquellas personas “que se la pasan hablando/ del vecino maldad inventando/ y aparentando lo que no tienen”. El son montuno Te están buscando es una de esas crónicas urbanas que al panameño le salen tan bien. Se refiere a un jugador que tiene la mala maña de irse sin pagar, ha contraído deudas con la mafia local y ahora lo persiguen. El interludio romántico que Blades con frecuencia incorpora en sus trabajos discográficos, aquí lo constituye Y deja, que adquiere una nueva y fresca sonoridad con un arreglo que tiene como sostén el bossa nova. Un año antes, Blades y Colón habían estado en Brasil y se quedaron fascinados con la notable riqueza musical de ese país.

Pero sin duda el tema más polémico y que más dio que hablar es Tiburón. A partir de la metáfora del escualo, Blades denuncia la política intervencionista de Estados Unidos en Centroamérica y el Caribe. Conviene recordar que en ese momento había aumentado la presencia militar norteamericana y el ejército después intervendría en El Salvador y Granada. Un mensaje político tan directo (“pónganle un letrero que diga:/ en esta playa solo se habla español”) era insólito en la salsa y las reacciones no demoraron en producirse. Blades fue acusado de comunista y subversivo. Los lobbies de derecha, particularmente el cubano, presionaron de tal manera, que muchas emisoras latinas de Estados Unidos prefirieron no pasar la canción, y en el área de Miami terminó proscrita.

Esa escasa promoción frustró las posibilidades de éxito del álbum en el mercado latino de Estados Unidos, donde las ventas no fueron buenas. Eso por no hablar de los numerosos contratos que fueron cancelados, a causa del temor de los empresarios. En cambio, en países como Argentina, Paraguay, Chile, Nicaragua, con dictaduras apoyadas por el gobierno norteamericano, tuvo mucho éxito y en Puerto Rico encabezó durante varias semanas el hit parade.

Se desmarca de la ortodoxia de la salsa

Tiburón hizo que, por primera vez, Blades sintiera la fuerza que puede tener la censura. Nunca ha negado el ánimo provocador del tema, pero confesó que nunca esperó que diera lugar a una reacción semejante. Colón, por su parte, ha contado que en varias ocasiones actuaron provistos de chalecos antibalas, pues extremistas del exilio cubano los habían amenazado. Al músico panameño le llevó bastante tiempo recobrar la popularidad de ciertos sectores del público que, antes de la salida de Canciones del Solar de los Aburridos, lo aplaudían y apoyaban.

Blades, lo he apuntado antes, demuestra que está en pleno dominio de sus facultades como cantante. Posee notables facultades vocales para el género al cual se dedica y las sabe aprovechar muy bien. Tiene la desenvoltura natural y la capacidad de improvisar de los buenos soneros. A eso hay que agregar su magnífica dicción, algo fundamental para quien interpreta unas letras llenas de contenido, lucidez y enjundia. En estas canciones asoma ya el actor que debutaría varios años después en la película The Last Fight, primera de su hoy extensa filmografía. A lo largo del álbum objeto de estas líneas hay intercalados simpáticos diálogos, y en ellos Blades pone voz a personajes como la madre de Ligia Elena, Madame Kalalú y el joven acosado telefónicamente por su enamorada.

Y, por otro lado, el Blades autor aporta unos temas que se desmarcan de la ortodoxia de la salsa. En primer lugar, carecen de su reiteración y le devuelven remozada su función de crónica de la realidad cotidiana. En ese aspecto, Blades es un estupendo fabulador de historias y sabe contarlas como muy pocos lo hacen. Tiburón, Ligia Elena, Madame Kalulú, ¿De qué? son temas creados para mover el esqueleto, pero además reservan algo a las entendederas. Es música para los pies y también para la conciencia. En esas letras tampoco hay lugar para la vulgaridad ni la chabacanería y prueban, en resumen, que la salsa puede tener una dignidad artística de primer nivel.

El álbum cuenta con unos excelentes y sofisticados arreglos que contribuyen a que las canciones suenen mejor. Un ejemplo que lo puede ilustrar es Tiburón. Se inicia con el sonido de una radio en la que se busca sintonizar una estación. En la búsqueda se oye un breve fragmento de Indian Party, de KD, un éxito del carnaval de Trinidad de 1981, y luego los acordes de un rock duro. A eso sigue el arranque de la clave y los cueros, que dan paso a Blades para que comience a interpretar la letra a ritmo de guaguancó. Entran después los trombones, con los cuales la canción se convierte en un son montuno. Esa estructura se repite, y el tema finaliza con una guaracha, en la que Blades alterna con el estribillo cantado por el coro (“si lo ves que viene, palo al Tiburón”).

Los músicos convocados por Colón para el disco realizan en conjunto un magnífico trabajo. Algunos de ellos tienen además oportunidad para el lucimiento individual. Para citar solo algunos, ahí están el solo de violín de Lewis Kahn en Y deja, el del conguero Milton Cabrera en Te están buscando, la estupenda descarga de los trombones en El telefonito. Y a propósitos de estos últimos, su presencia, combinada con la ausencia de trompetas, hace que los instrumentos de viento tengan un sonido menos potente.

No puede obviarse la importante aportación de Colón en aquel álbum. Además de producirlo, es responsable, junto con el panameño, de su concepto. Intervino en los arreglos y también participó como instrumentista. Tenía grandes cualidades como trombonista, algo de lo que da una muestra en el destacado solo que realiza en Tiburón. En Te están buscando canta a dúo con Blades las primeras líneas de la letra. Y pone la voz a uno de los clientes de la falsa adivina en uno de los simpáticos diálogos de Madame Kalalú. Como curiosidad, en ese tema se escuchan los esfuerzos que hace para contener la risa.

Al referirse a su etapa de colaboración con Colón, Blades comentó: “Willie aportó su talento como productor, su percepción de lo que a la gente le gusta escuchar y cómo y sus ideas de arreglos. Yo traje las letras, las historias, la comprensión del latinoamericano desde nuestra posición, no desde el Norte, sino desde nuestras perspectivas. La combinación resultó exitosa y explosiva”.

Canciones del Solar de los Aburridos fue nominado al Grammy y constituyó el penúltimo disco que Colón y Blades realizaron juntos. En 1982 lanzaron The Last Fight, la banda sonora de película del mismo título. En ella, el músico panameño da vida a un cantante convertido en boxeador que firma un contrato con un turbio promotor, papel que interpreta Colón. Fue un intento de Fania de irrumpir en la industria cinematográfica, pero resultó un fracasó estrepitoso.

El disco fue grabado apresuradamente y se considera el álbum más flojo de la discografía del panameño. The Last Fight significó el último capítulo de la colaboración entre Colón y Blades. Volvieron a unirse en 1995 para grabar Tras la tormenta y en 2003, hicieron el concierto Siembra… 25 años después en un estadio de San Juan, Puerto Rico. Aquella reunión acabó mal, pues Colón alegó que Blades no le pagó la suma acordada y lo llevó ante los tribunales.

The Last Fight fue también el ultimo disco de Blades bajo el sello de Fania. En 1982 formó Seis del Solar y firmó con Elektra. Desde entonces, no ha dejado de componer y grabar, y acumula una discografía que, pese a ser extensa, no deja de enriquecerse con nuevos títulos. Hace pocas semanas, se puso a la venta Salswing!, álbum en el que es acompañado por la Orquesta de Roberto Delgado. Se trata de un ambicioso proyecto que celebra la evolución y el intercambio entre el jazz y la música afrocubana, una conexión que según el autor de Buscando América está muy bien documentada. Demuestra así que, además de ser el hombre que revolucionó la salsa, es el músico salsero que más ha experimentado y evolucionado musicalmente sin perder su identidad.

Madame Kalalú en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=2QfPqIDYBug