Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Literatura, Literatura cubana, Poesía

Nada que enmendar

Nada puedo enmendar de aquellos miércoles, de Manuel Vázquez Portal

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Encuentra Manuel Vázquez Portal (MVP) su mejor poemario con este, recientemente publicado por K Ediciones.

Son 44 poemas que corren a lo largo de 3 secciones y 88 páginas. Diestro en la estrofa y la rima, esta vez MVP —para bien, sostengo— se expresa por medio del llamado verso libre, aunque hallemos en una y otra página cadencias emparentadas con el endecasílabo, sobre todo.

Los “miércoles”, que como bien ha declarado el propio poeta, no son más que cualesquiera de aquellos días en que se hizo el juego de la vida y que hoy, ya sin la posibilidad para “enmendar”, solo nos queda observar desde una distancia al parecer inconmensurable, los miércoles... con sus aciertos, sus yerros... sin embargo, resultarán de provecho en unos casos y de aviso en otros para quienes transiten las páginas de este libro.

Labor que en mi opinión solo el poeta puede llevar a cabo, más que el filósofo, más que el sociólogo, más que el historiador (¿o será el poeta, además, lo que es y todo eso?): argumentar el porqué de las heridas de modo que el otro no las sufra, proclamar la esencia de cierta ventura de manera que el otro la convoque.

Así, algo de escepticismo, no poco de amargura al evocar el sacrificio estéril, bastante de la sabiduría que se adquiere a leña limpia con, contra o quizás a favor de la vida... recorren las páginas de Nada puedo enmendar...

Veamos algunos ejemplos para ilustrar lo anterior: “Cuando creíste en todo /eras tan débil/ como lo eres ahora/ que ya no crees en nada”. O: “Era flaca y asmática/ pura como en pañales/ hecha para crecer por las rutas difíciles/ y sé que no vendrá alegre como entonces/ pero no quise atarla siquiera con abrazos”. O: “Cuando anochece en mí viene el asalto:/ con pasos esponjosos me rodean/ sigilosas navajas me cortan las salidas”.

Encontramos asimismo en este poemario una suerte de prontuario de la ética. Cito de la primera parte: “Necesito un atajo sin bordes de banderas/ un trillito, quizás, donde tanto micrófono/ no enturbie el ulular del viento entre las ramas/ ni el pausado pasear por el paisaje”. De la segunda parte: “No añores ese mar de las postales/ ni esa ciudad/ de trajes y neones/ eres tú el universo/lo llevarás contigo adonde viajes”. De la tercera: “De qué febril materia nos hicieron/ que al borde del adiós aún nos creemos/ los naipes elegidos para ganar el juego”.

En los versos antes citados, se suma otra consecución de Nada puedo enmendar...: la lectura varia, la polisemia, el verso que se desata entre varias tangentes y nos hace sentir, observar ese rejuego en los entresijos de la propuesta del poeta, del hombre. Lo cual, solo cesa cuando MVP “ataca” en directo el tema patrio, el asunto “prócer”. Así tenemos: “que el negocio/ de la patria/ era caro/ tan caro/ /que aquel/ que no tenía/ con qué pagarlo/ lo pagaba/ con la vida”. O: “Ah, próceres de mármol/ sin sangre ni latidos/ ah, estaturas enormes/ y leyendas amables”. O “El mártir”: “Mañana/ serás bueno/ tan sumamente bueno/ que de seguro Dios/ te cederá el asiento/ y se pondrá a tu diestra”.

De cualquier modo, si en los ejemplos anteriores vemos que el verso va, se podría decir, en directo, nótese la finura de la propuesta. Y también la cadencia en cada línea; algo que hace destacar a este poemario donde por otra parte no se halla ausente el “yo romántico” para exponer la nostalgia por “aquellos miércoles” idos para siempre. Veamos en “Paisaje tras el circo”:

Nadie ha salido ileso
mural de cicatrices la piel y las miradas
paisaje tras el circo
el viento que arrolla serpentinas.

Nadie ha salido ileso
ni el mártir ni el verdugo.

Llega una melodía a hurgar en el recuerdo
y todos los recuerdos son esa melodía.
Hay un poeta triste recostado a la tarde
y la tarde es un hueco
el poeta un rostro que ha perdido su rostro.

Y termino con este trío de versos que en mi opinión encierran la enjundia fundamental del poemario: “Soy ese caminante que olvida los senderos/ y se echa al horizonte/ sin mapas ni mochilas”.


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