Actualizado: 23/10/2017 19:03
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Omara Portuondo, cantante cubana

Una respuesta más o menos ambigua de la artista desata opiniones diversas

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Esta emblemática intérprete de la música popular cubana ofreció un concierto el pasado 8 de febrero en el Teatro Metropolitan, de la ciudad de México, “Pedazos del Corazón”. Por este motivo, cuatro días antes, Noticieros Televisa la entrevistó. Como suele ocurrir con los cubanos, tanto con los que viven fuera o dentro de la Isla (aunque más con los que viven dentro), sean cantantes, escritores, ajedrecistas, peloteros, sociólogos, arquitectos o fumigadores, el periodista se fue por el “asunto político”. A cierta pregunta sobre la situación política en su país, ella respondió: “Cada país tiene su régimen y hay que tener respeto”.

La polémica surgida a partir de esta respuesta se podría condensar así:

—”¿Cómo respetar a un régimen que tiene sumido a su ´país´ en una tiranía de más de medio siglo? ¿En qué se basa para afirmar que el ´país´ tiene a ese ´régimen´, si este en 55 años no le ha preguntado al ´país´ qué ´régimen´ desea?”

—”¿Será posible que Omara Portuondo haya olvidado que ese régimen prohibió que muchas otras y otros cantantes del patio, por razones políticas, o razones de régimen, diríamos, fueran escuchados en Cuba a lo largo de esta media centuria, y que otras y otros, de alto valer artístico, murieran en el destierro olvidados por ese régimen? ¿Y habrá olvidado, por ejemplo, que a Celia Cruz ese régimen no le permitió visitar Cuba para ver a su madre enferma, moribunda?”.

Mi opinión es que cada cual tiene la memoria que tiene, y cada cual, en el caso de las personalidades de Cuba que viajan al extranjero, dice lo que puede, o intenta decir sin decir. Esta respuesta, ambigua, de la Portuondo, es el pan de cada día al respecto. Aunque no pocos opinan que ella ha llegado un poco más allá de la ambigüedad al sugerir que debe respetarse a una dictadura, la que rige en Cuba. Está bien. Coincido además con quienes han argumentado que personas como esta intérprete, destacadas en su profesión o arte, le dan cimiento al castrismo al manifestarse de este modo; o, dicen los más radicales, al no verter la verdad sobre la situación que agobia a la Isla. Sin embargo, tomemos en cuenta que la llamada “novia del filin” no aupó en esta ocasión al régimen, no se declaró “ferviente revolucionaria” o “pa´ lo que sea, Fidel, pa´ lo que sea”. Ya eso es algo. ¿O alguien espera que ella, y otros como ella que residen en la Isla, en trance semejante, vayan a proclamar lo que en verdad sienten, creen, esconden? Volver a Cuba luego de semejante confesión sería marchar hacia el patíbulo. Así de enredado está el carrete cubano.

A otra pregunta del periodista sobre la posibilidad de que su tierra regresara a ser “un país abierto a la economía globalizada, como casi lo fue en la década de los años 50”, Omara Portuondo respondió: “Es algo que no he pensado, si volverá o no la vida como antes del régimen. No lo puedo pensar”.

Bueno, ya sabemos que eso de “pensar” y de “poder pensar” es muy relativo; no a todo el mundo se le da. Quizás la respuesta que debió dar fue que ella no es filósofa ni economista ni politóloga ni historiadora.

Desde que se iniciara con el legendario cuarteto Las D´ Aida, hace ya algo más de cuatro décadas, se veía venir que Omara Portuondo resultaría una solista de alta talla. Así ha sido. Tanto en su país como en el extranjero ha sido reconocida como una de las mejores intérpretes del cancionero cubano. Será por eso que en el 2003, cuando el castrismo necesitaba justificar el fusilamiento relampagueante de tres jóvenes —negros, por más señas— que habían intentado robar una lancha para huir hacia Estados Unidos, una acción que por cierto no provocó víctimas, convocó a un grupo de intelectuales y artistas residentes en Cuba para que firmaran una carta que acreditara tal acción. Omara Portuondo fue una de las firmantes. ¿Estaría bajo presión?

He comentado, sobre las declaraciones antes referidas de la cantante a Grupo Televisa, el pasado 4 de febrero, con par de amigos en la ciudad de México y considero que sus observaciones resultan interesantes. El mexicano Joel Altamirano: “Ella no tiene la culpa: debería existir una ley internacional que prohibiera las entrevistas a personas mayores de 80 años”. Y el cubano Agustín Quiñones (nombre apócrifo, por si acaso): “La verdad es que bastante dijo, dijo y no dijo lo que quería el periodista. Es una mujer valiente y talentosa. No hay cubano o cubana que viva en Cuba y se atreva a decir más que eso en público”.

Ya ven. Así van las cosas.


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