Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Villa Clara, Literatura, Literatura cubana

¿Otro «quinquenio gris» en la literatura cubana?

Tendrá el nuevo presidente del Instituto Cubano del Libro que realizar una gran tarea, si no quiere quedar en el olvido

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Hace unas semanas alguien me dijo: “¿Oye, no viste al nuevo presidente del Instituto Cubano del Libro haciendo un comentario por la televisión…?”.

Realmente, no me percaté que se refería el amigo escritor a un nuevo dirigente. Lo cierto es que la noticia me llamó la atención, pues uno esperaba con ansias que cambiaran al funcionario de este órgano, pero más que todo, uno desea con fervor que no sea un cambio de nombres y apellidos, sino que resulte un cambio efectivo para ponerle coto a los amañados mecanismos de promoción a los escritores; mecanismos que favorecen a unos y a otros no, sin saber por qué, aunque uno reconoce, como dice el refrán popular, “que a río revuelto, ganancia de pescadores…”.

Pienso que un dirigente no tiene valer si no es capaz del diálogo, y este ha sido el hándicap que ha matizado la “política cultural” en estos últimos años; aunque en ocasiones uno ve a ciertos representantes de organizaciones sociales de la cultura hablando y volviendo a hablar como si todo desde “adentro” estuviera resuelto.

El favoritismo no ha escapado de los boletos de avión para ir a una feria o a un evento representando el país, como si las erogaciones las hiciera “la autoridad” con su bolsillo y no con el dinero del pueblo, en este caso asignado a estas instituciones.

Lo verdadero es que los nombres de los promocionados se repiten. Se repiten de forma deliberada. Es como si existiera una aberrante globalización alrededor de ciertos nombres a los cuales quieren convertir en “escritores” cueste lo que cueste.

Los llenan de condecoraciones y premios nacionales, viajan por todo el país, los invitan a trabajar de jurados.

Esos son los beneficiados, los que salen constantemente en Telesur o uno se los encuentra mediante Facebook cerca del Zócalo mexicano o en cualquier lugar del mundo representando, nada menos y nada más que a la literatura cubana.

También estos son los que están dispuestos a arremeter contra uno: los beneficios tienen su cuota de “responsabilidad”.

Tendrá el nuevo presidente del Instituto Cubano del Libro que realizar una gran tarea, si no quiere quedar en el olvido. Lo primero será remover las raíces de la institución que preside y darse un saltico por “el reino de este mundo”, para decirlo carpenterianamente, y acercarse —sin temor alguno—, entre otros, a estos escritores de provincia llenos de insatisfacciones y cuestionamientos.

Hoy me duele ver cómo muchos creadores de provincia, que “no han sido tenidos en cuenta” se han ido del país, pero tal parece que ese absurdo que provoca el silencio alrededor de los que sí están aportando una obra día a día, se ha convertido en un disfraz de la parametración que tan tristemente recordamos de aquel “quinquenio gris”, para muchos, hoy, léase “negro”.

No podremos, mientras persista este silencio, esperar que se renueve el trabajo del Instituto Cubano del Libro, apostar por la promoción en un orden relativo de escritores y lograr que ciertos espacios de la televisión y la radio, así como la prensa escrita, mejoren y proyecten lo que sí están haciendo creadores importantes en el país... si no se produce un cambio de mentalidad en los dirigentes que cuentan con algún poder decisorio.

Llamo al Ministro de Cultura de la República de Cuba, a la Contraloría General, a tomar cartas en el asunto.

Ahora que comienza 2017 y estamos a la espera de una nueva Feria Internacional del Libro, sería interesante abordar el deplorable estado de ciertas revistas que dicen ser de arte y literatura en algunas provincias, la precariedad en las dotaciones de premios literarios y en los protocolos de estos eventos, la inercia de algunas editoriales para responder a los creadores, así como el importe que por derecho de autor hoy existe en Cuba, el cual resulta insuficiente luego de que un alto funcionario, desde su capilla económica, redujera drásticamente los dineros.

Se requiere una mirada de mayor rigor en la concepción del Premio Nacional de Literatura y un diálogo basado en la credibilidad de las decisiones que se tomen para rescatar del limbo estas cuestiones.

Me entristece leer artículos como el del escritor santaclareño Arístides Vega Chapú que, tan preciso y sincero, advierte de cuestiones necesarias y puntuales que hoy se deben resolver si no se quiere apostar por mantener el paisaje de inconformidad y desencanto que existe, de facto, en la vida de no pocos escritores cubanos.

La promoción literaria no es un favor, es una necesidad para informar a nuestro pueblo del talento que existe en Cuba. En ocasiones se repite una noticia deportiva con cierta banalidad, por ejemplo, que uno de nuestros deportistas hizo tablas en un evento internacional..., ¿pero cuánto sucede en la cultura y no se dice, ni siquiera en el reducido y apagado espacio del noticiero cultural de televisión?

¿Qué está haciendo el Instituto Cubano del Libro ahora mismo…? Recuerdo cuando recibí, hace unos años, el Premio Internacional Manuel Acuña de poesía, en México, y no se dijo una palabra en los medios informativos del país, a excepción de la noticia dada en la provincia.

¿Estaremos acaso desfavorecidos por residir en provincia y debemos seguir soportando lo que llamamos fatalismo geográfico…? ¿Estaremos tan equivocados si no decimos lo que está sucediendo para mal de todos?

¿Existirán otras razones…?

¿Hasta cuándo nos vamos a estar engañando con lo que pasa…? Culpo a la mala política trazada por el Instituto Cubano del Libro del deficiente sistema promocional existente: incoherente, inequitativo y carente de diálogo, incapacitado por tanto para alcanzar el “bien común” del que hablara José Martí, lo cual supone, entre otros ajustes, poner las cosas en su lugar, si no queremos perderlo todo, algo así como poner el punto sobre la i.


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