Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Con ojos de lector

…para el alma divertir (II)

Un músico y productor sueco reúne una constelación de excelentes músicos en '¡Dime nagüe!', una celebración del changüí y un homenaje a Elio Revé.

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A diferencia de Cuban Son NYC, que recupera trabajos fechados entre 1972 y 1982, ¡Dime nagüe! Soneros All Stars (Pimienta Records, Miami, 2005) reúne doce temas que fueron grabados especialmente en La Habana para integrar el compacto. Los dos discos comparten la pertenencia a una misma tradición musical, la del riquísimo y extenso complejo del son. Pero pese a ese hecho, las diferencias entre ambos se hacen obvias desde la primera vez que se les escucha. Algo que, adelanto, no sólo tiene que ver con los varios años que median la realización de uno y otro.

Mas primero, lo primero. La persona que constituyó la fuerza motriz y concibió la idea del proyecto que cristalizó en ¡Dime nagüe! es… ¡un sueco! Se llama Janne Miklos Bogdan —Yanesito, como le conocen afectuosamente en Cuba—, es instrumentista y productor, y al igual que le ha ocurrido a tantos extranjeros, quedó seducido por nuestros ritmos populares. Como guitarrista, se dedicada a géneros como el rock, el jazz, el funk, eso hasta que viajó en 1996 por primera vez a la Isla y se enamoró del son. Inicialmente, pensó aprender cómo tocar los instrumentos de percusión. Pero su opinión cambió al descubrir ese pariente criollo de la guitarra que es el tres.

En el año 2003, Bogdan asistió en Estocolmo a una actuación de Elio Revé y su Charangón e invitó a algunos de los integrantes a cenar en su casa. Entre ellos estaba Pascual Matos Aguilera, "El Sinsonte", un estupendo cantante guantanamero nacido en Moa. Su descubridor fue precisamente el maestro Elio Revé (Guantánamo, 1930-La Habana, 1997), quien a partir de 1994 lo incorporó como principal vocalista a su agrupación. En aquel encuentro Bogdan y Matos Aguilera conversaron sobre la posibilidad de trabajar juntos. Se mantuvieron en contacto luego a través del correo electrónico, y fue así como adquirió forma el proyecto de reunir a un grupo de instrumentistas cubanos de primera categoría, en un disco que iba a estar animado por ese mismo espíritu con el cual Elio Revé revitalizó y enriqueció nuestra música bailable.

Y claro, cualquier persona familiarizada con nuestra música popular sabe que decir Elio Revé significa decir changüí. Me refiero a esa manifestación que representa una de las variantes más antiguas del son, propia de la región de Guantánamo. Sus orígenes se remontan al siglo XIX, y según anota Fernando Ortiz en su Nuevo catauro de cubanismos, su nombre procede del verbo congo sanga, y se le denominaba Ti Bangui cuando se bailaba con acompañamiento de música. El changüí posee nexos de unión con la Tumba Francesa, y de hecho muchos tocadores y bailadores de ésta eran los propios changüiseros. Asimismo Tumba Francesa y changüí tienen importantes componentes africanos, recibidos a través de los inmigrantes haitianos, y emplean algunos instrumentos bastante similares. También comparten la característica de ser no sólo formas musicales, sino además un fenómeno sociocultural arraigado en modos de vida y costumbres de fuerte arraigo en las zonas rural-urbanas de Guantánamo.

Naturalmente, desde el siglo XIX hasta hoy el changüí ha evolucionado y se ha abierto a la influencia y el aporte de otras manifestaciones musicales. En los temas que conforman ¡Dime nagüe! se emplean maracas, tres, güiros, bongoes y timbales, instrumentos tradicionalmente usados en el changüí. No hay, sin embargo, marímbula y se han añadido, en cambio, trombones y trompetas. Se siguen con ello los pasos de la innovación que inició Revé, a quien se debe la nacionalización de este género, al haberlo logrado popularizarlo en toda la isla. Acogerse a esa línea fue importante además para conseguir el propósito que animó a Bogdan y que se cumple de manera muy satisfactoria en el compacto: grabar un álbum con música urbana destinada a los bailadores, pero que al mismo tiempo no perdiese el vínculo con sus raíces originales y con su atmósfera rural.

Las doce canciones que componen ¡Dime nagüe! fueron grabadas entre el 28 de septiembre y el 14 de octubre del año 2004, en el estudio 4 del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Las mezclas y remasterizaciones se hicieron después en Nueva York. Bogdan y Matos Aguilera reunieron a catorce instrumentistas pertenecientes a agrupaciones como Los Van Van, Sierra Maestra, ¡Cubanismo!, Bamboleo y las orquestas de Isaac Delgado y Elio Revé Jr. En los créditos del compacto hallamos así nombres como los de Samuel Formell, Ordequis Revé, Gilberto Papi Oviedo, Boris Luna, Eulises Benavides Silveira, Oslén Ceballos Brian y José Antonio Rodríguez Aguilera, quien falleció meses atrás.

Una disco que se disfruta de principio a fin

¿Que el título de "todos estrellas" no es aplicable de modo estricto a todos los artistas que figuran en los créditos? No seré yo quien cuestione a quienes sostengan tal opinión. Pero de igual manera hay que reconocer que todos ellos sin excepción desarrollan una magnífica y brillante labor, y eso en definitiva es lo que de veras importa. ¡Dime nagüe! es uno de esos trabajos discográficos que disfrutas de principio a fin, con ese placer y esa satisfacción que se sienten ante lo bien hecho. ¡Qué excelente puñado de temas! No hay uno solo al cual pueda señalársele que no cumple el doble requisito de ser buena música para bailar y estar magníficamente interpretada. Además, y pese a la heterogeneidad del colectivo, suena con una irreprochable coherencia. En no poca medida, esto es resultado del inteligente criterio de haber responsabilizado de todos los arreglos al bajista Arnaldo Jiménez, quien aquí demuestra que es merecido el prestigio que tiene en la Isla como la estrella naciente de la música bailable.

La selección se nutre por completo de composiciones más o menos recientes o, en todo caso, no pertenecientes al más tradicional. Alguna es bien conocida por el público de la Isla, como es el caso de ¡Nagüe! ¿Qué bolá?, por haber disfrutado de gran popularidad en la década de los ochenta (por cierto, su autor, Jesús Álvarez Bulté, reside ahora en Estados Unidos). En cuanto a las otras, Bogdan declaró en una entrevista que aunque no lo sabe con certeza, piensa que también pertenecen a esos años, si bien no tiene noticias de que hayan sido grabadas antes. Las firman Lázaro Blanco Kindelán ( Marcando la cadencia, Guantánamo, Quiéreme mujer), Andrés Soza Revé ( Explotó la rumba, Changüí del Guaso), Francisco Valdés Hernández ( Soy amigo), Rogelio Vecino ( La razón que convence), Pascual Matos Aguirre ( Changüí a tres), Esteban Rogelio López Agüero ( Goza este changüí) y Félix Santiago ( A ti papá). A esos títulos Bogdan sumó uno suyo, La tierra donde nací, que lejos de desentonar en ese conjunto constituye una de las más agradables sorpresas del compacto. Por si su contribución artística no fuera suficiente, toca además el tres, junto con Gilberto Oviedo y Jorge Luis Villa.

¡Dime nagüe! no es, pues, tanto un disco de son como una celebración del changüí. Éste, por supuesto, ya se sabe que tiene específicos y muy importantes contactos con el son, pero tal como ha precisado el musicólogo Danilo Orozco, "exhibe una gran autonomía propia y es inductor de vitales marcas de identidad zonal". Si se revisan los títulos, se notarán las referencias a Guantánamo, la región en donde el mismo se originó. Eso se hace mucho más evidente en las letras, en una de las cuales también se rinde homenaje a algunos de los más ilustres changüiseros. Al más famoso de todos, el mencionado Elio Revé, está dedicada la composición que cierra el compacto, y en la cual Pascual Matos Aguilera canta con su peculiar vocalización nasal: "Por ti, papá, seguiremos adelante / pues no falta ya bastante / y no vamos a parar. / Tu Charangón para muchos fue la escuela / después se hicieron estrellas / no te pueden olvidar. / Tu música la seguiremos luchando / tu relevo está tocando / y nunca se cansará. / Guantánamo te recuerda con orgullo / este pueblo te hizo tuyo / y nunca te olvidará".

Homenaje más que merecido a Elio Revé, ¡Dime nagüe! remite a los trabajos de la propia orquesta del artista guantanamero en su mejor época. Pero a la vez, estos temas logran el acierto de tener un timbre original. No es ajeno a ello la presencia de varios instrumentistas vinculados a la timba, manifestación de inequívoco origen urbano. Gracias a esa combinación, estas canciones poseen un sonido tradicional y rústico que, sin embargo, es también moderno y remozado. El resultado es una descarga de adrenalina, un orgasmo de ritmo y sabrosura, un auténtico festín de buena música para mover el esqueleto. En suma, un compacto estupendo.