Actualizado: 29/09/2020 8:25
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Jia Zhangke, Cine, Arte 7

Pasaron por aquí

Tres obras interesantes que sin ser extraordinarias vale la pena ver

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Tres películas que se exhibieron brevemente en los cines alternativos y que ahora se encuentran disponibles en las plataformas de Amazon y de Netflix. Son obras interesantes que sin ser extraordinarias vale la pena ver. Todas tienen en común exponer el tema del hombre ordinario sujeto a situaciones extremas.

Ash Is the Purest White, del director chino Jia Zhangke, a quien se debe esa obra maestra titulada A Touch of Sin (y si no la han visto corran a buscarla en una de las plataformas de cine), se centra en una pareja que controla el bajo mundo chino en la ciudad de Datong, que es parte de la zona conocida como la de Las tres gargantas, en donde el gobierno ha desviado cauces de ríos y desalojado poblaciones para crear una megalópolis de más de veinte millones de habitantes y soportar el desarrollo comercial basado en un gigantesco embalse. En breve tiempo, Qiao y Bin caen presos y ella pasa cinco años en la cárcel por negarse a delatar a su pareja.

Después de estar recluida en una cárcel remota, Qiao sale en busca de su amante, quien solamente estuvo un año preso. El recorrido es fascinante, pues muestra todos los cambios ocurridos en la zona y al final del mismo, encuentra a Bin con otra mujer. Luego él sufre un embolismo, queda medio paralizado y la mujer lo deja. Qiao lo recoge, parte por fidelidad y parte por venganza, ya que ella es la única que está entre Bin y la humillación pública.

A pesar de ciertas inconsistencias en el guion, creando ciertas situaciones que, aunque puede que sean verídicas, no son narrativamente creíbles, el filme es bueno y toca temas que ponen a pensar. Muestra bien como los regímenes totalitarios usan a sus ciudadanos como piezas de un engranaje incomprensible para ellos, les quita toda su humanidad y los sume en el terror. Es también la historia de la fuerza del individuo adaptándose como mejor puede a cambios fuera de su control. Qiao nunca se da por vencida. Es un personaje hemingweyano. Las actuaciones y la fotografía son excelentes.

En la senegalesa Atlantics, un grupo de jóvenes trabaja en la construcción de un gigantesco y moderno hotel en un suburbio de Dakar. Se quejan ante el capataz porque hace ya tres meses que no les pagan y lanzan amenazas contra el constructor, un magnate local. Desesperados ante la miseria que sufren, todos se lanzan al mar en busca de las costas españolas (Islas Canarias en este caso). Entre ellos se encuentra Souleiman, quien es el novio secreto de Ada, una joven comprometida con un hombre que se pasa nueve meses del año en Italia y que ostenta las relativas riquezas que ello le brinda.

Ada desespera con la desaparición de Souleiman, pues se piensa que el grupo completo fue barrido por las olas. Sus amigas le aconsejan que aproveche y se case con su prometido, que tiene dinero, que no lo tiene que querer, sino solamente sacarle todo lo que pueda, en definitiva, pasa poco tiempo en Dakar. Ada se casa, pero tiene remordimiento porque solo piensa en Souleiman y después de la boda se pelea con su marido.

Durante la ceremonia ocurre un extraño fuego en la futura habitación de la pareja. Comienza una investigación policial y a través del discurso narrativo de un thriller, la directora y guionista Mati Diop, le va dando un giro a la trama que deriva hacia lo fantástico y lo hace de una manera sutil y muy corriente, lo cual añade una dosis de terror sobrenatural al argumento.

Es una historia de posesión, en la cual Issa, el detective encargado del caso, se va involucrando de una manera que no entiende, impulsado por fuerzas fuera de su control, pero dispuesto a llegar al meollo del asunto. Issa y Ada son aquí esos seres ordinarios haciendo lo mejor que pueden, manteniendo sus valores frente a una situación extraordinaria.

La película fue premiada con el Premio del Jurado en el festival de Cannes y como la mejor ópera prima del año según el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York. Aunque el debut de Mati Diop es muy bueno, me parece que la cinta ha sido premiada en exceso, quizá porque los primermundistas ven en ella un folclorismo que no es la intención de la directora y quieren ver poesía en la miseria ajena. También se ve un islamismo con tambores batá muy cercanos que le dan un giro peculiar a esas tradiciones, lo cual atrae al intelectual occidental que así se da un baño purificador de tercer mundo. No obstante ello, es un filme muy interesante y bien hecho.

Confieso que vi con prejuicio y hesitación el documental American Factory. Es la primera producción de la compañía Higher Ground, creada por Barack y Michelle Obama para producir filmes que “inspiren” (palabra que me eriza cada vez que la oigo) y la realizadora escogida fue Julia Reichert, una vecina cuya obra y puntos de vista conozco demasiado bien (tanto, que participé en la producción de su documental Seeing Red sobre los comunistas americanos y finalista al Oscar en 1984). Me temí lo peor, un teque prosindicalista, pero para mi sorpresa no resultó ser así.

Generalmente temo a los documentales debido a que casi todos tienen una agenda muy precisa. En este caso, Reichert y su codirector, Steve Bognar, plantan sus cámaras y siguen con fluidez la cotidianidad laboral de los obreros americanos y chinos que componen la empleomanía de la nueva fábrica de cristales para vehículos automotrices Fuyao, ubicada en las afueras de Dayton, Ohio, propiedad de un billonario chino.

Los americanos, en su mayoría, eran trabajadores de la planta de General Motors que había cerrado en 2013. Sin muchas perspectivas laborales, aceptaron trabajar por $10 o $12 la hora, aunque anteriormente muchos ganaban $35 la hora. Los chinos son traídos específicamente para laborar en la planta. Hay tanto personal no calificado como supervisores y gerentes de ambas partes. Las exigencias son diferentes, los chinos trabajan 28 días al mes, los americanos cinco a la semana y cuando les piden seis, buscan sindicalizarse. No se llevan mal, pero todos expresan asombro ante las diferencias “culturales”, a la larga se nota que no es más que abuso de poder, a los chinos se les explota y tienen que cantar loas al jefe, a la patria y a Mao. Pero como dice una empleada china: “No tengo opción”.

La trama se mueve entre Dayton y China y en realidad, lo que uno puede deducir, sin pensarlo mucho, es que el sistema chino está basado en un sistema de producción capitalista bajo reglas de trabajo comunistas y totalitarias. La única diferencia con otros sistemas totalitarios como el cubano, es que se exige una producción que rinda beneficios y sea competitiva en el mercado. En realidad, Reichert se muestra bien objetiva con el lente, no editorializa ni se le nota sesgo. Los obreros americanos son el hombre común del medio oeste, atrapados ante una situación que desconocen y que tratan de enfrentar con la mayor entereza posible. American Factory ha ganado premios al mejor documental en el festival de Sundance y en las encuestas del National Board Review y de la Asociación de Críticos de Cine de Los Angeles.

Ash Is the Purest White (China/Francia/Japón, 2018). Guion y dirección: Jia Zhangke. Con: Tao Zhao y Fan Liao. Disponible en la plataforma de Amazon.

Atlantics (Senegal/Francia/Bélgica, 2019) Guion y dirección: Mati Diop. Con: Mame Bineta Sane, Amadou Mbow y Traoré. Disponible en la plataforma Netflix.

American Factory (EEUU, 2019). Guion y dirección: Julia Reichert y Steven Bognar.


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