Actualizado: 24/06/2022 11:47
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Cine, Arte 7

Pasiones paralelas

En esta película que se desarrolla en Cuba, el director español Antonio Hens tiene un problema similar al de su anterior filme, Clandestinos: la arruina al final

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El problema principal que tiene el filme La partida es que desde el mismo comienzo se sabe que va a terminar en tragedia. No es que uno sepa exactamente lo que va a suceder ni cómo va a suceder pero de lo que uno está seguro es de que va a terminar mal.

Reinier y Yosvani son dos adolescentes que comparten una pasión por el fútbol. Parece que juegan todos los días, lo hacen en un terreno mal cuidado, cerca de la costa, en partidos (o partidas) de cuatro contra cuatro, sin portero, o sea, unos partidos manigüeros. Al principio, Yosvani parece tener una admiración desmedida por las cualidades futbolísticas de Reinier. Son jóvenes de bajo nivel de instrucción que no parecen tener mucho que decir.

Reinier vive miserablemente con su mujer, su bebé y su suegra. Se gana la vida jineteando extranjeros que recoge en el Malecón. Es lo que se dice un pinguero. Aunque no sabemos nada de su pasado, ni a la película le interesa mostrarlo, tiene un conflicto entre su formación machista y su profesión y le cuesta trabajo admitir que es homosexual. El muchacho apunta pero no banquea.

Por su parte, Yosvani vive más holgadamente, en una buena y bien mantenida casa, con su novia y su futuro suegro, un cuentapropista que vende ropa ilegalmente y que también funge como garrotero. Tampoco sabemos nada de su pasado, la película presenta un enfoque existencial de las personalidades de sus protagonistas y lo hace muy bien, dibuja con acierto y fluidez sus personalidades sin entrar a escarbar en sus antecedentes y evita caer en inútiles introspecciones o análisis psicológicos de feria.

Tras una noche de discoteca y de pastillas, probablemente éxtasis, Yosvani, que tiene moto, deja a Reinier en su casa y este le suelta un beso breve en la boca que parece más el producto de una nota que de cualquier otra cosa. Yosvani se queda confundido pero atraído por el gesto de su amigo.

A partir de aquí el filme comienza a narrar, sin excesos dramáticos, con el ritmo de lo cotidiano, la creciente relación homosexual entre los dos jóvenes y los conflictos que genera. Tras una frustrada relación con un español con el cual pensaba poder abandonar el país, Reinier es reclutado para la preselección cubana de fútbol (de una manera que rompe con la posibilidad de suspender la incredulidad, ya que pasa del juego de placer al más alto nivel organizado) y decide dedicarse al deporte para darle alguna dirección a su vida. Pero aquí la película toma un giro melodramático de un tremendismo trivial que no tiene ninguna relación con lo anterior y en los últimos veinte minutos echa por tierra todos los logros narrativos de los primeros setenta minutos.

El director español Antonio Hens (Córdoba 1969), tuvo un problema similar con su anterior filme Clandestinos (2007), que fue su debut como director de largometrajes. En este narraba la historia de unos jóvenes que escapan de un centro de detención y en el cual se plantea de manera curiosa y transgresora, tanto el problema vasco, como el de la inmigración, el islamismo que se avecina y el del machismo prevalente en España. Después de narrar y montar logradamente casi toda la película, la arruina al final. Puede que sea difícil resolver argumentalmente, durante noventa minutos, una historia alrededor de personajes con sexo pero sin seso. Con vidas que no van a ninguna parte y que no trascienden el instante y la supervivencia. A la larga, la propia obra se queda sin lugar a donde ir.

Hens es un veterano del cine que comenzó como editor de series televisivas y ha sido guionista (Los novios búlgaros) y productor. Desde el año 2002 creó la productora Malas Compañías y ha producido o coproducido varios filmes relacionados con Cuba, entre ellos el excelente documental Seres extravagantes (2004) de Manuel Zayas y los largometrajes Boleto al paraíso (2010) de Gerardo Chijona y Verde verde (2011), de Enrique Pineda Barnet. Según él, su relación con Cuba comenzó en los años noventa cuando la visitó por asuntos familiares.

La partida no es un filme de análisis de la realidad cubana, ni de crítica social (el propio Hens así lo ha expresado), ni un estudio de la situación de los gays en Cuba. Es simplemente una historia de amor en la cual los protagonistas son homosexuales y por supuesto sufren las consecuencias de los estigmas sociales prevalecientes, pero no hay mucho hincapié en ello. Hens evita el pancartismo. Por supuesto como la película tiene lugar en Cuba, uno puede leer mucho entre imágenes y aunque su objetivo no es la denuncia social, la selección de los personajes y de su extracción dice mucho más de la realidad cubana actual que muchos filmes que se lo han propuesto como objetivo. La violencia existente en las calles es imponente. La narra con naturalidad y sin intentos de generalización. El paisaje es desolador pero de nuevo, se da natural, incorporado a la trama. La ciudad es un personaje inevitable, pero secundario. Ofrece una visión cruda de la promiscuidad y el desparpajo de las familias pobres sin posibilidades de mejoría, así como de los contrabandistas enriquecidos.

La actuación de Reinier Díaz , quien estuvo muy bien en el mediometraje Camionero (también producida por Hens), es muy buena. Mantiene una tonalidad adecuada todo el tiempo y evita los manerismos. No se puede decir lo mismo de Milton García (Habanastation), quien trata de mantener equilibrado su personaje de Yosvani, evitando gestos dramáticos facilistas, pero le falta presencia escénica y a veces los diálogos no se le dan, le suenan falsos. Mirta Ibarra y Luis Alberto García, como la suegra de Reinier y el futuro suegro de Yosvani, repiten con cierta anemia, unos personajes que ya parecen cansados de interpretar en otros filmes cubanos anteriores. Hablan y se mueven como estereotipos. El resto del elenco tiene una presencia bastante secundaria y por lo menos, nadie la echa a perder.

La fotografía parece ser un esfuerzo combinado del emergente Yanelvis González y el veterano Raúl Rodríguez (La Bella del Alhambra, Derecho de asilo, La piscina). No sé quién se responsabilizó con qué, pero es de un elevado nivel artístico. Las escenas nocturnas logran un brillo y una visibilidad excelentes sin perjudicar el ambiente decadente que ofrecen. La iluminación de las escenas diurnas de exteriores y de interiores se limita a destacar lo que la trama requiere. Es un trabajo que alcanza el ideal del profesionalismo: lograr sus efectos sin notarse.

El guión, resultado de la colaboración de Hens con el dramaturgo cubano Abel González Melo, comienza bien, pero se va enredando hasta encerrarse en sí mismo y forzarse a desembocar en un final imperdonablemente desastroso, que rompe con el ritmo narrativo y el tono dramático del argumento inicial. A pesar de ello, el filme ha girado por el circuito festivalero y ha ganado algunos premios y menciones. La cinta fue el producto de un proyecto independiente con fondos españoles y de la comunidad europea, sin participación del ICAIC.

La partida (España/Cuba, 2013). Dirección: Antonio Hens. Guión: Antonio Hens y Abel González Melo. Fotografía: Yanelvis González y Raúl Rodríguez. Con: Reinier Díaz, Milton García, Mirta Ibarra, Luis Alberto García, Toni Cantó, Jenifer Rodríguez y Beatriz Méndez. 94 minutos. Está colgada en algunos sitios de la internet y el DVD puede conseguirse en Kimbara Cinemateca Cubana.


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