Actualizado: 16/04/2021 17:58
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Piazzolla, la libertad de un bandoneón

En la década de 1960 Astor Piazzolla ya era aplaudido y atacado. Había taxistas, por ejemplo, que se negaban a tomarlo como pasajero “por lo que le había hecho al tango”

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Astor Pantaleón Piazzolla (Mar del Plata, 11 de marzo de 1921-Buenos Aires, 4 de julio de 1992): bandoneonista y compositor argentino que el pasado 11 de marzo celebramos el centenario de su nacimiento. Uno de los músicos más importantes del siglo XX, creador del Nuevo Tango. Creció en Nueva York: allí tuvo sus primeros contactos con un bandoneón, el cual comenzó a tocar desde muy niño.

“Mi nombre es Astor Piazzolla. Nací en Argentina, crecí en Nueva York y mis padres vinieron de Trani, Italia. Muchos piensan que este extraño instrumento es un acordeón, pero es un bandoneón. Lo inventaron en Alemania, en 1854, para tocar música religiosa en las iglesias. Después, lo llevaron a los prostíbulos en Buenos Aires: vida surrealista de este instrumento. Desde que nació, el tango estuvo en los night clubs y en los cabarets”, decía el compositor de “Muerte del Ángel”.

Buenos Aires, 1938. Un bandoneonista de Aníbal Troilo cae enfermo. Hay que conseguir un músico para cubrir el lugar vacante. Un desconocido joven de 17 años, Astor Piazzolla, logra la audición: escala el tablado, nervioso acaricia el bandoneón, lo coloca entre las piernas: le exigen un repaso por el repertorio de la orquesta de tango más importante del momento: después de 40 minutos de ejecutar piezas de Troilo, consigue ocupar el atril desocupado. “Tráete un traje azul”, le dicen. Inicio de la transcendente trayectoria del hijo de Nonino.

La noticia emociona al novato bandoneonista, los dedos se le desanudan, del fuelle del Instrumento brotan los afines de “Rhapsody in Blue” (Gershwin): cántico que recrea al Nueva York de su infancia. Los músicos de la orquesta no entienden esos conformes disonantes que tantean empalmar la tradición tanguera con el jazz estadounidense: “Pibe, no te enredés: dejás esas cosas para los norteamericanos”, le gritó alguien. Piazzola no le hizo caso.

Desde la adolescencia escucha a Johann Sebastian Bach. Participa como extra en la película El día que me quiera por invitación de Carlos Gardel, quien lo invita a la gira por Sudamérica: los padres no lo autorizan. Decisión atinada: Gardel muere en un trágico accidente aéreo en Medellín. En 1940, acude a la residencia porteña del pianista Arthur Rubinstein con las partituras de un concierto que había escrito homenajeándolo. El célebre concertino le aconseja que debe estudiar. Encuentro con Alberto Ginastera, quien lo guía por las teorías y técnicas en composición, orquestación y armonía. Gana el Concurso Fabien Sevitzky: viaje a Europa para estudiar armonía y música clásica con la directora de orquesta francesa Nadia Boulanger.

Años 50/60: los tradicionalistas lo acusan de ser “el asesino del tango”, señalan que sus piezas son una “aberración de música híbrida con exabruptos de armonía disonantes”. Piazzolla responde: “Es música contemporánea de Buenos Aires. Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero, del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no”.

El proyecto que ronda en la cabeza de Piazzolla en aquellos años de formación, se centra en evolucionar al tango desde la perspectiva melódica-armónica y en la concepción estética, a través de armonías modernas, el ritmo del jazz y la música clásica contemporánea (Bartók, Stravinsky, Ravel…) en confluencia con el “regionalismo musical” impulsado por el mexicano Carlos Chávez, el brasileño Heitor Villa-Lobos, el argentino Ginastera y el español Manuel de Falla, entre otros. Hay una obsesiva búsqueda de una voz propia que, años después, lo acreditaría como uno de los músicos más revolucionarios del siglo XX.

Con su Orquesta Típica explora en la síncopa y en el uso del contrapunto que le valieron aplausos de Osvaldo Pugliese y Horacio Salgán. El prestigioso compositor Aaron Copland lo agasaja después de escuchar a la orquesta, en una visita por Buenos Aires. En los 60, ya era indistintamente aplaudido y atacado. Había taxistas, por ejemplo, que se negaban a tomarlo como pasajero “por lo que le había hecho al tango”, advertían. Algunos colegas lo repudiaban: Astor, de carácter irascible, no dudaba en liarse a golpes con sus contrincantes.

Inmoderación creativa de un compositor/bandoneonista en efervescencia que se imbuye en diferentes trabajos: giras, grabaciones, bandas sonoras para películas, conciertos, ópera…: María de Buenos Aires, Verano porteño, Estaciones de Buenos Aires, Concierto para Bandoneón y Orquesta, Tangology, Live at Cine Teatro Gran Rex de Buenos Aires, Astor Piazzolla en el Teatro Colón, Melenita de Oro… Gira por Estados Unidos con comentarios positivos de los jazzistas Cannonball Adderley y Jim Hall.

El músico cubano que con más preponderancia ha incursionado en el cosmos de Piazzolla es el saxofonista/clarinetista, compositor, arreglista y director de orquesta Paquito D’Rivera en álbumes (Funk Tango, Live Tango, Jazz Clazz…) y conciertos en salas de varios países en colaboración con Pablo Ziegler, Carlos Franzetti, Diego Urcola, Raúl Jaurena, Jorge Dalto, Pablo Zinger, Pablo Aslan y Lalo Schifrin entre otros concertinos argentinos y uruguayos cercanos a la obra de Piazzolla. “Piazzolla es grande por donde quiera que se le mire. Me ha sorprendido siempre como convirtió en bandoneón en un instrumento de sublimidad absoluta. Como compositor hizo algunas cosas en los espacios del contrapunto que me parecen significativas”, ha dicho Paquito D’Rivera quien escribió la pieza “Bandoneón” en tributo a Piazzolla.

El compositor de “Verano porteño” tuvo obsesión por la experimentación de nuevas resonancias; en los años 60/70 grabó una veintena de placas, que consolidaron el sonido del Nuevo Tango. Tres momentos cruciales: “Adiós Nonino” (1959): su más inspirada obra por la muerte del padre. Tango de tristeza punzante con referencias de George Gershwin por los afines y la presencia de ecos asonantes. “Libertango” (1974): “libertad” y “tango”, blasones de la autonomía creativa que buscaba al crear el tango nuevo. Summit (1974) álbum en colaboración con el saxofonista barítono Gerry Mulligan: fusión del nuevo tango con las influencias del jazz. “Disco memorable de rara belleza, evento único”. Escucho los fragores afligidos y donosos de “Biyuya”, “Tangata”, “Fuga y misterio”, “Arrabal”, “Oblivion”, “Lunfardo”, “Milonga del ángel”, “Buenos Aires hora cero”, “Balada para mi muerte”… Piazzolla, cien años: crónica de la libertad de un bandoneón.


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