Actualizado: 20/11/2017 9:27
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Juegos, Póker, Política

Póker y política. Juegos de ego

Una mano de póker se gana de dos formas: si se tienen las mejores cartas o si se obliga al contrario a fallar

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“Mira alrededor en tu mesa, si no sabes quién es el primo, entonces tú eres el primo”
Amarillo Slim (Thomas A. Preston, 1928-2012)

─Fíjate en el póker y aprenderás política.

Me dice un amigo que practica el juego de cartas desde muchacho, y, por cierto, con bastante buen éxito económico.

─Eso dicen muchos, la cara de póker, el bluf y todo eso. ─Le contesto.

─Son tópicos de los que siempre se habla, me dice, pero hay algo más profundo, más instintivo, sobre todo en los ganadores. Estúdialo.

Y lo hago. No me gusta el juego y la paciencia no me da para dedicarle mucho tiempo a las cartas, pero a veces vale la pena escuchar un consejo, sobre todo de un tipo que ha ganado algo de plata haciéndolo como amateur.

Lo primero que descubro es que hay un montón de variantes: Draw, Stud, 7 Card Stud, Texas hold’em (el más común), Omaha, Strip poker, Razz, Stingray, Badugi y varias más. Las reglas son bastante sencillas, pero requieren, para comprenderlas adecuadamente, de manejar un vocabulario, una especie de slang, que de no entenderse disminuye bastante la calidad de nuestro juego. Por ahí no voy a llegar muy lejos porque eso se aprende con la práctica y el tiempo y no tengo ni la una ni el otro.

Mi amigo, al que recurro nuevamente, me recuerda que el póker tiene mucho que ver con la suerte, ya eso tú lo sabes, pero también tiene mucho de lógica y de guerra psicológica. Busca, busca por ahí que encontrarás cosas muy interesantes.

Reviso un poco asustado la bibliografía, es inmensa, pero tengo suerte y descubro un pequeño artículo del periodista, y amante del póker, Alex Altman en el que nos recuerda que Donald Trump, dueño y constructor de casinos, tiene que ser, con mucho, el mejor jugador de cartas metido en política en este momento. Bingo.

Y ahí, de la mano de Altman, es que comienzo a comprender la posible relación del buen jugador de póker con la operatividad política, aunque, y esto es importante, no siempre ni necesariamente lo que funciona para uno sirve para el otro.

Repasemos brevemente las características que señalan Altman, Amarillo Slim, Hellmuth y algunos otros jugadores y autores

Ser agresivo

Una mano de póker se gana de dos formas: si se tienen las mejores cartas, eso es suerte, o si se obliga al contrario a fallar. Obligar al contrario a fallar, a plantarse, a retirarse, cuando la mano de uno es mala, solo se logra si se le mete el diablo en el cuerpo al contrario. El temor a perder lleva muchas veces a la derrota y el que no demuestra temor, sea porque lo domine o porque de verdad no lo tenga (la ausencia total de temor es patológica) puede conducir a la victoria. Ahora bien, si el contrario no se deja intimidar (puede tener, por ejemplo, una mano muy buena) o es inmune a la intimidación, la suerte cobra entonces mucha más importancia. El campeón mundial de póker Amarillo Slim lo definió así: “Nadie gana siempre en el póker, y el que dice que lo hace o miente o no juega póker”.

Ser impredecible

Existe aquí una paradoja; el póker es un juego lógico, razonable, pero una persona completamente razonable puede ser un jugador relativamente fácil de derrotar. Ser impredecible significa variar el comportamiento de una manera aleatoria, incluso, en algunas ocasiones, jugando de una manera tan agresiva (ver el anterior) que parezca loca. Pero los jugadores profesionales observan que la impredecibilidad, si no se controla adecuadamente, puede volverse predecible, disminuyendo entonces dramáticamente su eficacia. Amarillo Slim, que ha escrito mucho sobre esto, lo describió así: “Se puede esquilar a una oveja toda la vida, pero despellejarla solo una sola vez”.

Juegue contra el hombre, no contra las cartas

Usted no puede controlar la mano de cartas del contrario, pero si puede intentar descifrar el estado emocional y psicológico del mismo. Si usted intuye o descubre las debilidades de su contrario ya ha dado un gran paso hacia la victoria. Por supuesto, esto presupone que usted sea realmente más fuerte que su contrario desde el punto de vista mental. Nikita Jrushov no jugó, cuando la Crisis de los Misiles de 1962, contra las cartas (las armas) de Estados Unidos sino contra un “débil e inexperto” presidente Kennedy. Se equivocó rotundamente. Phil Hellmuth, otro campeón, lo dijo así: “Si la suerte no influyera en el póker yo siempre ganaría”.

Juegue en la mejor posición

Posición es una palabra del póker para indicar el turno de apostar. Apostar el último conlleva ventaja. Los jugadores fuertes son más agresivos cuando apuestan en una buena posición y más prudentes cuando no es el caso. El problema es que no siempre uno puede escoger su posición. Una apuesta loca (o que parezca loca) como las que suele hacer el dictador de Corea del Norte pueden desequilibrar un juego incluso contra jugadores mucho más fuertes que él. El campeón Herbert Yardley escribió que “El jugador de cartas debe aprender que una vez que el dinero está en el bote, ya no es suyo”.

Sepa siempre cuando el flujo del juego se acelera o se lentifica

Un buen jugador va siempre en contra del flujo del juego. Si sus rivales son cautos usted acelera su juego, lo hace más suelto. Si sus oponentes están jugando con rapidez usted enlentecerá su marcha. La idea es que usted controle la marcha del juego sin dejarse imponer el sistema del contrario. Todo marchará bien si los contrarios no son capaces de adaptarse a su juego, pero si desentrañan su táctica pueden volverla en contra suya, o peor, puede aparecer un jugador incompetente, pero con suerte, que desestabilice totalmente la mesa. La suerte del principiante. Volviendo al ejemplo de la Crisis de Cuba: Castro, con su famosa carta a Jrushov pidiéndole que lanzara los misiles sin importar los efectos, pudo haber desestabilizado completamente el juego, algo así como patear la mesa. Por suerte para todos era un jugador secundario y no tenía acceso a la mesa de los grandes. “El póker es 100 % habilidad y 50 % de suerte”, dijo Hellmuth.

Para vivir (ganar, prevalecer), usted debe estar dispuesto a morir (perder)

Se trata de un clásico koan que dice así en inglés: In order to live, you must be willing to die. En español puede decirse aquello de “que de los cobardes no se ha escrito nada”. Pero aquí vale la observación de que los que tienen mucho que perder suelen perder la agresividad y el amor al riesgo con el tiempo. El también campeón Jack Strauss dijo: “El póker con límite es una ciencia, pero el sin límite es un arte. En limitado, estás disparando a una diana. En sin límite, la diana cobra vida y te devuelve los disparos”. Adolfo Hitler conquistó Europa con una facilidad pasmosa, pero subió la parada más allá de los límites. Todos conocemos el resultado.

Nos limitaremos a estas observaciones básicas. La literatura es muy extensa y para nuestra sorpresa (reconocemos nuestra incultura “pokeriana”) existen varios psicólogos que han dedicado sus investigaciones a este juego y el comportamiento humano relacionado.

Después de repasar lo escrito llegamos a la conclusión que un buen jugador de póker posee muchos elementos de liderazgo, pero no hemos podido disipar la duda de que esos elementos pueden quedarse muy cortos, o incluso resultar contraproducentes, si se intenta manejar la política SOLO de esa forma.

La agresividad, la impredecibilidad, el entendimiento de la posición, la capacidad de riesgo y otras habilidades parecen ser muy útiles en el corto plazo (o constreñidas solo al ámbito del juego de cartas) pero quizá no tanto cuando se requieren políticas a largo plazo y las habilidades de los otros contrincantes pueden parangonarse entre sí. Napoleón Bonaparte evidentemente poseía todas estas cualidades (y muchas otras) pero eso no impidió que muriera en una isla perdida del Atlántico Sur aburrido y… jugando cartas con sus pocos acompañantes.


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