Actualizado: 17/09/2019 11:46
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Cine, Cuba, Arte 7

Promoción turística con propaganda política

A los realizadores de este documental no se les puede perdonar que si tocan la política de Cuba se limiten a un enfoque simplón, parcializado y escamoteador de la realidad

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Este es el tipo de película que la razón me aconseja evitar para mantenerme saludable. Otro documental americano sobre Cuba, después de tantos y tantos que son más de lo mismo. La diferencia esta vez fue la valla, que anunciaba desde lo alto, para toda la zona donde vivo, bien ubicado, para que todos los automovilistas la vieran bien, que el documental se exhibiría en el teatro Omnimax. Esto es Cuba en esteroides.

Cuba, que es el título con el cual está registrado el documental, se exhibe con el subtítulo de Journey to the Heart of the Caribbean. Esto supuestamente conlleva el atractivo de una especie de globalismo geográfico, sugiere, quizás, una transposición visual de El mar de las lentejas, de Antonio Benítez Rojo, pasada por agua para ser digerido por grandes audiencias. Hay grandes (y malévolas) pretensiones pedagógicas detrás de todo esto.

La narrativa se mueve entre tres historias. La de Eusebio Leal en su lucha por rescatar las joyas arquitectónicas de La Habana Vieja, la de Patricia Torres, una joven ballerina de diecisiete años que aspira a ser escogida por el Ballet Nacional de Cuba, y la de dos biólogos marinos americanos, Fernando Bretos y Daria Siciliano, quienes tienen una teoría al respecto de la razón por la cual los arrecifes coralinos de Cuba se encuentran bien vivos y en pleno desarrollo a diferencia de los del resto del Caribe. En otras palabras, un entretejido de historia, arte y ecologismo, con fines inspirativos. La fórmula perfecta para un buen discurso políticamente correcto.

Las imágenes que nos golpean son extraordinariamente bellas, tanto los edificios que se muestran, la naturaleza de la Isla y la ballerina que lucha por lograr su sueño. No se puede cuestionar que Cuba es una isla hermosa, no hay nada que discutir con la imagen.

A Leal lo presentan como un héroe independiente que lleva cincuenta años enfrascado en salvar edificios históricos, aparentemente en una odisea quijotesca con happy-ending. Un hombre que parece no recibir ayuda de nadie y crea sus propias fuentes de financiamiento, incluso parece como si se enfrentara al Estado. Se habla mucho del descuido por los tesoros arquitectónicos nacionales, pero nunca se mienta al culpable.

La historia de Patricia es camino trillado. Todos sabemos que la van a escoger al final, que será la vencedora. Mientras tanto nos entretienen con imágenes de su humilde familia y con loas a la calidad de la compañía de ballet cubana.

Bretos y Siciliano nadan entre los peces y los corales. También se muestran ante computadoras haciendo análisis. Su historia es la que, a la larga, cubre de alabanzas sutiles a Cuba, su gobierno y a los cubanos.

Entiendo que un documental de corte seudocientífico, didáctico, de promoción turística, trate de ser lo más neutral posible con respecto a la política del país que promueve. Sucede en el caso de casi todos los documentales sobre países africanos y asiáticos, donde por lo general se evita hablar de la corrupción y el pillaje de sus gobernantes. Me hubiera ido molesto pero tranquilo si este filme se hubiera detenido ahí. Aparentemente hace un buen trabajo al respecto la mayor parte del tiempo, el gobierno apenas se menciona. Pero es solamente una cobertura para introducir su veneno.

Finalmente se asoma el rostro horrible de “el embargo”, “la ayuda soviética” (les faltó decir como en Cuba, desinteresada) y su desastroso final debido a la caída de la URSS y aquí sí que los realizadores se quitan la careta. No se les puede perdonar que si tocan la política se limiten a un enfoque simplón, parcializado y escamoteador de la realidad. No hay cuestionamiento de su afirmativa sinopsis histórica. Pero eso no para ahí.

Mientras la historia de Eusebio Leal termina triunfal con su restauración del Gran Teatro de La Habana y la de Patricia Torres cuando tras la competencia se le anuncia que ha sido escogida para integrar el Ballet Nacional, Fernando (curador del Museo de Ciencia de Miami) y Daria (científica principal en The Ocean Foundation de San Francisco) confirman su teoría de porqué los corales cubanos siguen tan vitales. Pues gracias a la caída del imperio soviético, los campesinos cubanos se vieron forzados a recurrir al cultivo orgánico. Regresaron a los bueyes y abandonaron los tractores (y según el documental, Cuba está al frente del cultivo orgánico en todo el mundo), por lo cual se produce menos nitrato y este no va a asesinar a los pobres arrecifes coralinos. O sea, que de verdad se convirtió el revés en victoria esta vez. Los campesinos están felices de no usar tractores (no sé por qué nadie le pregunta a los bueyes cómo se sienten) y el ecosistema está protegido. Al paso que van este tipo de ecologista imbécil, pronto nos lamentaremos de haber descubierto la rueda.

Entre las historias se introducen eventos como los carnavales de Santiago de Cuba, los fuegos artificiales de Remedios, se menciona Trinidad y se resalta el amor del pueblo cubano por los carros americanos viejos, que de tanto arreglo ya son más cubanos que americanos y la idolatría por el apóstol Martí, que es celebrada espontáneamente cada año por los estudiantes cubanos, que en su cumpleaños salen a la calle portando antorchas en un desfile sospechosamente muy bien organizado.

Sazonado todo por supuesto, con música cubana, principalmente del estilo “salsa” que es tan bien recibido por los americanos y europeos que quieren aprender a bailar y sumergirse así en los ritmos tropicales. Sin embargo, a pesar de exaltar constantemente la riqueza musical de la Isla, caen en un gran gazapo, una de las canciones de la banda sonora es nada menos que Taka takatá, que es una canción… del español Paco Paco, que compuso en Amberes para entretener a los turistas en su bar La taberna flamenca, allá por 1972, que fue un éxito mundial y que sí, se tocó mucho en Cuba y hubo versiones cubanas de la misma. ¿Cómo es posible que los productores no encontraran una canción cubana para acompañar las imágenes animadas de los corales en desarrollo?

El documental está producido por el equipo de Golden Gate 3D, una compañía de San Francisco, que ha realizado varios filmes de este tipo para pantallas Imax y Omnimax, así como en tercera dimensión. Está dirigido, fotografiado y producido por Peter H. Chang, fundador de Golden Gate 3D, con la colaboración de casi todos los miembros del staff, como el guionista Robert Mooring y la compositora y productora Violet Angell, todos con gran experiencia en este tipo de producciones.

También entre los productores se encuentra Josué López Lozano, en cuyo extenso currículo se dice que se graduó de Fotoperiodismo en la Escuela Internacional de Periodismo José Martí de La Habana, quien ha trabajado en Rusia, Alemania, Dinamarca y España, descrito también como un artista que ha exhibido mucho en Europa y que lleva “veinte años documentando la realidad cubana”, produciendo, entre otras cosas, el documental Havana Time Machine, exhibido por PBS, que cuenta el viaje a sus raíces de Raúl Malo, el cubanoamericano que logró notoriedad en los ochenta con el grupo de música country The Mavericks. Parece que por aquí vienen los tiros del mensaje del filme.

Los encargados de la musicalización, tanto de escoger las canciones como de composiciones originales son Andrés Levin, venezolano casado con la cantante cubanoamericana CuCu Diamantes y productor del espantoso engendro Amor crónico, dirigido por Jorge Perugorria y que se ocupa de una gira que CuCu realizó por toda Cuba y creador del grupo Yerba Buena. Levin contó con la ayuda del siempre eficientemente servil José María Vitier.

Para completar el paternalismo políticamente correcto conque las buenas conciencias del primer mundo miran condescendientemente a los habitantes de los países pobres, en la secuencia final se nos muestran los rostros sonrientes y desdentados de campesinos, obreros y otros cubanos luchadores. Es que para la felicidad no hace falta tener dientes. La impresión que uno se lleva es que esta hermosa isla, rica en bondades naturales, bendecida por los dioses, produce principalmente azúcar, tabaco, músicos callejeros, bailarines, mulatas rumberas, carros americanos viejos reconstruidos y música contagiosa. Pero nada de reguetón.

Cuba (2019). Dirección y fotografía: Peter H. Chang. Guion: Mose Richards y Robert Mooring.

Con: Eusebio Leal, Patricia Torres, Fernando Bretos y Daria Siciliano haciendo de si mismos.

El documental va recorriendo los distintos Omnimax del país. Ya se ha presentado en San Luis y en Boston, entre otros lugares y ahora anda por Cincinnati.


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