Actualizado: 21/08/2019 5:32
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“R.U.Y.”, una novela entre Miramar y Buenavista

Sobre la “cocción” del novo homo sapiens cubensis

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Modesto Arocha, el mecenas editorial de R.U.Y., la novela de César Reynel Aguilera que acabo de leer, y cuyos personajes se niegan a salir de mi cabeza, fue quien me “presentó” al médico habanero Ruyci, nacido en Miramar (que no es lo mismo que ser del Cerro o de Luyanó), protagonista de la misma, y a sus inseparables amigos Bettina, el Mao, Horacio y Humbertico.

La mejor muestra de la eficacia de una obra literaria es la persistencia en nuestros sentidos de las atmósferas y escenarios creados y recreados en ella, usando bloques, ladrillos, tablas y aceras de palabras; estados de ánimo y emociones construidos impecablemente con verbos, sustantivos, adverbios y adjetivos, entrelazados todos con la arcilla del talento y la autenticidad de lo vivido/novelado, hasta casi no poder diferenciar lo uno de lo otro.

César, con su prosa realista —que evita, sin embargo, la vulgaridad de una novelística cubana –léase Pedro Juan Gutiérrez– que se pega al rodapiés para complacer a ciertos sectores del mercado— se sube a la azotea para ofrecernos un fresco sudoroso y desenfadado de la vida habanera, a caballo entre dos barrios muy diferentes entre sí, pero muy parecidos cuando los iguala la semi-penumbra del socialismo castrista.

Quizás por ser matancero, y haber crecido envuelto en el salitre de una bahía, me identifiqué enseguida con esa vida cotidiana de arrecifes en los patios que le permite, a los privilegiados inquilinos de Miramar, escapar del “paraíso” y refugiarse en ese mar azul que pinta Olga Paz, la madre de Bettina.

Quizás también por haber vivido mis últimos ocho años antes de irme de Cuba en Luyanó, uno de los barrios habaneros más “obreros”, la vida de Ruycito en Buenavista, con Marlen Delia y el Pencho, y con esas broncas en la esquina, casi a diario, tampoco me resultó ajena; hasta el punto de que hoy tengo las escenas “inducidas” por este relato tan nítidas en la memoria, que a cada rato me descubro queriendo ir a Buenavista para pedirle una consulta a María la santera.

En un mundo de escuelas al campo, de escuelas en el campo, y a la vez, de “ruralización” creciente de la capital, Ruyci representa a un joven indomable y citadino que se convierte en “bisnero” por casualidad, cuando una rusa le paga 15 dólares por un pargo cuya pesca casi le cuesta la vida, lo que le permite adentrarse en la “bolsa negra” de la mano del inevitable extranjero, en este caso, el sueco Jorg.

Si terrible es la enajenación del consumismo, peor aún es la enajenación del no consumismo, como en el caso cubano, donde los artículos capitalistas se convierten en objeto de culto y en fetiches, lo cual llega a la máxima expresión en esta novela con la marca de relojes “Rolex”, en la cual el protagonista llega a ser un experto de la mano del viejo Hurtado, otro personaje inolvidable.

La pregunta que salta una vez que se termina de leer R.U.Y., y que me gustaría hacerle a todos los que la han leído es: ¿por qué no ha recibido la acogida editorial que se merece?

Hasta ahora la única clave que tengo para responder esa pregunta me la dio el propio autor, “el libro es complejo, largo, a mí nadie me conoce, y es bien difícil abrirse camino en esa jungla”.

Otra posibilidad es que esta novela echa por tierra, a golpes de buena literatura, y en la mejor tradición de autores como Cabrera Infante y Reinaldo Arenas, una buena parte de la mitología izquierdista y trasnochada sobre Cuba y su “Revolución” que todavía incuban muchos de los que toman las decisiones en la editoriales españolas.

Pero, como le respondí por e-mail al autor cuando me exponía las consideraciones anteriores, “escribes muy bien, tu novela es excelente, y tú tienes tremendo talento, así que ya tienes más de la mitad de la batalla ganada. Para casi todos los escritores es muy difícil el mundo editorial, así que no te desanimes, que entonces sí que ‘ellos’ se saldrán con la suya. Para mí, “ellos” son los envidiosos, los funcionarios mediocres, los falsos ídolos, etc.; es un mundo muy difícil, cierto, pero tú tienes lo fundamental para triunfar”.

R.U.Y. es una novela en la que el protagonista empieza a morirse desde las primeras páginas, y llega al final sin hacerlo. La forma en que la historia está construida deja al lector con esa sensación; como mismo es posible que ese personaje nunca llegue a morir en nuestros recuerdos, y también que su autor decida dejarlo vivir en esa “realidad” que ha creado. Cualquiera que sea la decisión de César Reynel Aguilera, es bueno saber que él sobrevive, y que sigue dedicado a la literatura, desde su exilio canadiense, mientras sueña y trabaja, a la vez, para el feliz restablecimiento de su principal “im-paciente”: el país de las palmas que esperan, no un novio, sino un velorio.



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Portada de R.U.Y., novela de César Reynel AguileraFoto

Portada de R.U.Y., novela de César Reynel Aguilera.