Actualizado: 04/12/2022 4:31
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Redefiniendo géneros

El director Denis Villeneuve es proclive al tremendismo, pero logra el control adecuado en esta película

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Al director franco-canadiense Denis Villeneuve le interesa dar un giro diferente a géneros trillados. En Maelstrom (2000), el drama existencial de la protagonista es narrado por un pez agonizante. Incendies (2010) que fuera finalista al Oscar al mejor filme en lengua extranjera, es un thriller emocional en el cual un par de mellizos son encomendados de buscar al padre y al hermano que nunca conocieron y en esta búsqueda a lo más recóndito de la aberración humana, se mezcla el drama político con el incesto involuntario, urdiéndose una trama que desborda los límites del género político y del thriller para convertirse en un filme muy peculiar, particularmente desde el punto de vista del desarrollo temático.

Con su más reciente entrega, Prisoners (2013), intenta redefinir narrativa y estilísticamente, el género del suspense. La película también resulta ser su salto a Hollywood, algo siempre artísticamente riesgoso para un realizador que pretende mantener una visión personal en su obra.

Tras una breve secuencia inicial, en la cual se escucha la voz en off de Hugh Jackman rezando un padrenuestro y el encuadre muestra un bosque invernal ligeramente nevado entre cuyos árboles se mueve un venado ajeno a su próximo fin y que una vez cazado resulta ser una lección de hombría que Keller Dover (el personaje que interpreta Jackman) da a su hijo Ralph, se pasa a una aburrida cena de Acción de Gracias en un suburbio genérico de clase media. El único asomo de peligro es un camper que recorre las calles desiertas y se parquea frente a una casa vacía, que está a la venta. Minutos después Anna y Joy las hijas más pequeñas de Dover y de su vecino Franklin Birch, en cuya casa se celebra la cena, piden ir hasta la casa de Dover a buscar algo y desaparecen repentinamente.

Luego de una desesperada e infructuosa búsqueda encabezada por las familias y la policía, la película se centra en la agonía emocional de los personajes, quienes comienzan un descenso existencial hacia ninguna parte. A la tragedia familiar se añade la angustia y el empecinamiento del detective Loki (Jake Gyllenhaal), un investigador aletargado que parece no tener otro interés que su trabajo policial. Inmediatamente arrestan un sospechoso muy obvio. Un retrasado mental o autista que se encuentra conduciendo el camper sospechoso y que torpemente trata de escapar del cerco policíaco. Pero Alex Jones, que así se llama el personaje que interpreta Paul Dano en una de sus típicas y casi patentizadas actuaciones, resulta un prisionero demasiado conveniente para todos los interesados. A partir de aquí, Villeneuve va ofreciendo las claves para la solución del conflicto, de una forma que solamente se hace obvia una vez que ya al final se establecen las conexiones. El entretejido narrativo está cuidadosamente elaborado y no hay trucos.

El filme se toma su tiempo para desarrollar sus personajes y presentar diferentes contrapuntos, entre Dover, un intenso y extrovertido semianarquista, obsesionado con la supervivencia, y Loki, un hombre no menos intenso, pero introvertido y de emociones reprimidas, entre la justicia y la justicia por cuenta propia, así como el incesante intercambio de roles entre víctimas y victimarios. Todo ello evitando el cliché (aunque a veces cae en él) y sin utilizar trucos baratos de cine comercial. La lentitud argumental crea un sano agobio al espectador, quien no pierde su interés en lo que va sucediendo. A pesar de que el tono y el enfoque se acercan más a Tarkovski que a Hitchcock, Villeneuve logra entretener. Hay momentos en que la trama parece demasiado laberíntica y uno teme que la complicación termine resuelta con simplismo, como pasa con muchos filmes de suspense, pero apoyado en un excelente guión de Aaron Guzikowski (Contraband), el director logra resolver la complejidad de las situaciones con inteligencia y claridad. Al final, Villeneuve tiene que hacer algunas concesiones a Hollywood y hay algunas cacerías gratuitas y exabruptos de estereotipo.

Gyllenhal está muy bien en su papel de detective dedicado. Es capaz de mostrar sus emociones con la restricción necesaria. Melissa Leo resulta excelente como la tía del sospechoso Alex Jones. Terrence Howard y Viola Davis, como el matrimonio Birch, se integran a sus personajes con economía de gestos sin perder el necesario dramatismo. Hugh Jackman no está mal, pero la forma en que desempeña su papel resulta un poco fuera del contexto de esta película. Los recursos dramáticos de su personaje son demasiado familiares. María Bello interpreta con facilidad su breve papel como la esposa de Dover.

Filmada en Conyers, Georgia, el ambiente semirural de un suburbio de pueblo pequeño está muy bien utilizado para ofrecer el horror cotidiano que nos puede acosar en cualquier momento y en los lugares más tranquilos, sin acudir a esquematismos. Los matices y el grano de la fotografía están bien escogidos y utilizados para presentar la violencia de forma desagradable. Villeneuve es proclive al tremendismo, pero aquí se controla bien. Lo que sucede con los filmes de suspense es que el espectador está más interesado en anticipar lo que va a pasar o en identificar al culpable y se pierde la sutileza dramática de la narrativa. Pero aunque Villeneuve no consigue una obra trascendente, es indudable que Prisoners está muy por encima de las películas del género que se exhiben rutinariamente.

Prisoners (EEUU, 2013). Dirección: Denis Villeneuve. Guión: Aaron Guzikowski. Fotografía: Roger Deakins. Con: Hugh Jackman, Jake Gyllenhal, Terrence Howard, Viola Davis, Paul Dano, Melissa Leo y Maria Bello. De estreno amplio en todas las ciudades de Estados Unidos.


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