Actualizado: 14/12/2018 10:51
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Música, Jazz, Música cubana

Roy Hargrove y el disco «Habana»

Un trompetista que amó con denuedo la música afrocubana

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El 2 de noviembre de 2018, supimos de la muerte en Nueva York del trompetista de jazz Roy Hargrove (1969-2018). Figura clave del neobop en la línea de Clifford Brown y Freddie Hubbard, fue apadrinado por Wynton Marsalis en los años iniciales de su carrera. Considerado por la crítica especializada como uno de los “jóvenes leones del jazz neoclásico”, Hargrove es quizás el heredero más original del estilo de Dizzy Gillespie. La transparencia y fuerza de su tonalidad lo llevan a la configuración de un talante distinguido. Fervoroso admirador de la música afrocubana, visitó muchas veces la Isla caribeña y su discurso musical se enriqueció.

“Si se dan cuenta en mis solos se van de momentos algunos calcos de trompetistas cubanos. Una vez escuché un fragmento de un solo de un tal Chappottín y me sorprendió la manera de tocar de ese señor. He buscado más cosas de él pero es un poco difícil encontrar sus discos por aquí. Después he escuchado tandas de Irakere y me llama la atención la fuerza de la sección brass. Me incita el mambo. Me estimula el son. La fonología del guaguancó es muy cercana al funk, no sé; pero, me parece. El danzón es de una la elegancia instrumental que me atrapa. Soy un enamorado incondicional de la música cubana”, declaró en 1996 el joven trompetista Roy Hargrove al periodista francés Michell Fresene.

Habana (Verve, 1997), de Roy Hargrove/Crisol, ganó en 1998 el Premio Grammy en la categoría de Mejor Álbum de Jazz Latino. Sueño del instrumentista de Waco, Texas, que se hizo realidad. / Crisol: combo que Hargrove armó en Cuba en complicidad con el pianista Chucho Valdés: David Sánchez (sax tenor y soprano), Frank Lacy (trombón), Horacio El Negro Hernández (batería), José Changuito Quintana (timbales), Miguel Angá Díaz (tumbadoras), Gary Bartz (sax alto y soprano), Russell Malone (guitarra), Chucho Valdés (piano) y Roy Hargrove (trompeta y flugel).

Vaya piquete de primera línea. La nómina de la sección de percusiones es de grandes ligas: Changuito, artífice del songo; Horacio El Negro Hernández, un técnico que toca la batería con la maña que aprendió con los rumberos habaneros; y Angá un heredero del gran Tata Güines.

Diez composiciones que transitan por el cubop desde matices de mambo, bolero, conga, mambo-chá, son, descarga cubana y latin jazz arropados por tonalidades neoclásicas de singulares pronunciaciones con apuntes funk. / Modesto tributo al trompetista Kenny Dorham (1924-1972) con la inclusión de dos composiciones suyas: “Una más” y “Afrodisia” / “Mr. Bruce” y “Mambo for Roy” de Chucho Valdés. / “Nusia’s Poem” (Gary Bartz). / “O My Seh Yeh” (Frank Lacy). / Roy Hargrove: “Dream Traveler”, “Ballad for the Children”, “The Mountaings”.

Momentos culminantes: “Una más”, sonoridad que hace referencia a Chico O’Farrill/Bauzá en cruces de cubop y remedos de las grandes orquestas cubanas de los años 50. El solo de Changuito, juguetón e incitante en un tabaleo a contratiempo prodigioso. “Mambo for Roy”: elegante solo de Chucho y espléndido despliegue percutivo de El Negro Hernández y Angá. Retumbo de la orquesta Sabor de Cuba de Bebo Valdés. “The Mountaings”: soberbios y prudentes soplos de Hargrove. La banda Crisol en despliegue de oficiosa faena instrumental.

“Nusia’s Poem”: elegantes clústeres del piano invitado, John Hicks, en una suerte de bolero-blues de seductora belleza melódica. “O My Seh Yeh”: guitarra en ascensión melódica en diálogo con un ostinato de las percusiones y los metales en desafiante y sigilosa prosodia de funk. / Sección de percusiones de cota: Angá, El Negro Hernández y Changuito. / El trombonista Frank Lacy toca siguiendo las medidas del son cubano. / “Ballad for the Children”: delicadeza de Hargrove en las monturas de una pieza sobrecogedora.

Habana: cordialidad desbordada de un trompetista que amó con denuedo la música afrocubana. Qué pena que no pudo ejecutar la rumba que le propuso el percusionista cubano Miguel Valdés. Lo escucho interpretando un mambo-chá con el aire fresco de sus ataques sobre el lustre neoclásico consignado en su alegato. Lo veo con sus ojos ebrios visitando las frondas del son cubano. Aquí está con Herbie Hancock, Erykah Badu, D’Angelo y John Mayer. Su mentor, Wynton Marsalis, lo mira con intima complicidad. La tonalidad de bebop hace collera con el hip-hop, R & B y un guaguancó funkero. “No hay pirotecnia en sus ejecuciones: sólo arte puro”, escribió el saxofonista y clarinetista cubano Paquito D’Rivera en su muro de Facebook, el viernes pasado, cuando se enteró de la muerte del trompetista de Texas.


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