Actualizado: 03/06/2020 20:08
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Fotografía, Cine

Sacha y Natasha Calzatti en el recuerdo de “Soy Cuba”

Un padre y una hija —fotógrafos ambos— hacen un viaje único a partir de una película redescubierta y sus protagonistas. Han sido invitados por el Museo Getty a comentar la exposición “De Walker Evans hasta hoy”

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Natasha Calzatti nació en Moscú pero creció en Jerusalén oyendo con su padre los discos de Benny Moré mientras le hablaba de una película misteriosa que al fin pudo ver cuando tenía veinte años. Alexander Calzatti —Sacha— tenía siete años más cuando fue a Cuba como operador de cámara del equipo de filmación de Soy Cuba. Nacido en San Petersburgo, hijo del camarógrafo Kolsaty, estudió en el Instituto Estatal de Cine de Moscú y participó como interno en Cuando vuelan las cigüeñas, de Mijail Kalatosov. El dilatado tiempo del rodaje, más de dos años, y el momento tan convulso que vivía el país después de la crisis de Octubre, permitieron al joven vivir con intensidad la Cuba romántica y bullanguera tan distante de la Unión Soviética oficial. Con su curiosidad y su humor muy especial, se convirtió en un observador nada distante de la realidad y la cultura de la Isla, que no se ha desteñido en tantos años de “emigrado profesional” ya que después de Rusia, ha vivido en Israel y Estados Unidos donde reside desde 1982.

De su etapa cubana recuerda las Cañitas del hotel Habana Libre, la música de Elena Burke, el Che Guevara y Fidel Castro —a quien conoció en sus incursiones nocturnas en las salas de proyección del ICAIC— y por supuesto, a sus amigos, relacionados o no con la película que marcó su vida.

Kalatosov tenía en su cabeza una película épica y monumental, pero Sacha estaba fascinado con lo que veía en la calle. Cuando el brasileño Vicente Ferraz necesitó su testimonio para El mamuth siberiano, documental que hoy acompaña casi todas las ediciones de Soy Cuba en DVD, regresó a Cuba después de casi cuarenta años. El mamuth... intenta explorar qué pasó con la cinta y por qué fue olvidada no sólo por los archivos del ICAIC y los de Mosfilm sino por los propios actores y miembros del equipo. Demasiado lenta, poética, hiperbólica, delirante y propagandística, a los rusos les pareció muy capitalista y a los cubanos muy del realismo socialista, tanto que Sergio Corrieri le pregunta a Ferraz , algo incrédulo, con el DVD en la mano, ¿A ti te gusta la película? Ni él mismo se podía creer que hoy fuese una película de culto.

Cuando Sacha vuelve en 2001 no se hospeda en un lujoso hotel del Vedado ni tiene mucho tiempo para recorrer La Rampa. Imparte un taller en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, el pueblo del humor y del cine, mientras se hace a sí mismo frente a la cámara de Ferraz. En esa ocasión, la niña que oía a Benny Moré en Jerusalén, su hija Natasha, fotógrafa también, lo acompañó y cámara en mano persiguió y retrató a los participantes del filme que pudo encontrar y a los pobladores y gente del pueblo en sus bicicletas o detrás de sus ventanas.

“¿Que cuándo me fasciné con la cultura de esta isla prohibida? En ocasión de visitarla con mi padre —dice. Quise hacer fotografías como panoramas cinemáticos del elenco y el equipo de filmación. Ahí me di cuenta que este trabajo requiere de una enorme paciencia y las cosas no se mueven como una espera. No pude completarlo porque no los pude retratar a todos”. Por más que Natasha lo intentó, Corrieri estaba de viaje como Luz Marina y en pocas semanas, sólo alcanzaron a posar para ella algunos, Raquel Revuelta, la voz de Cuba, grave, pausada y lírica; Enrique Pineda Barnet, coguionista con el poeta Evgueni Evtushenko; la actriz María de las Mercedes Diez en su única incursión en el cine y el compositor Carlos Fariñas.

Soy Cuba es tan conocida que no ha dado tregua a Calzatti, que ha participado en centenares de festivales, encuentros y talleres, para contar cómo se lograron los efectos intrincados de la fotografía de Serguei Urusevsky, después que Coppola y Scorsese contribuyeran a sacarla de las bóvedas. La gente se interesa tanto por el filme que hace unos pocos días, cuando parece que no hay nada más que indagar sobre ella, Mike Perlich, conductor de un programa de jazz, quería saber más sobre la guajira que se canta en el filme. La Asociación de Operadores de Cámara en Los Ángeles le otorgó en 2007 el premio a la secuencia histórica porque Soy Cuba se redescubre, entre otras cosas, por la magia de su fotografía y Sacha ha contado muchas veces y en distintos escenarios, acerca de los filtros, el infrarrojo, el cable especial que trajo de Moscú para la toma en la que la cámara cruza la calle y otras interioridades técnicas de la filmación bajo el agua y con la cámara francesa Éclair CM3. Todavía asombran a los cinéfilos, que no pueden explicarse en su totalidad cómo se hicieron.

Para Natasha “Cuba es como una tormenta perfecta para el punto de vista del fotógrafo. Cuando se forman las nubes, la gruesa capa crea una bella y suave luz. Te atrapan sus colores y texturas, y desde luego, los cubanos. Casi todos son la gente más amistosa y abierta que he conocido. Claro, es imposible hablar de Cuba sin referirse a la situación política, dice como un punto y seguido. Llegas con algunas preguntas y te vas de Cuba con menos del 10 % de las respuestas.”

En diciembre del año pasado, volvió a Cuba sola y al fin pudo fotografiar a Luz María Collazo, bailarina y actriz reconocida, que interpretó a María, la joven de un barrio miserable que en la cinta se prostituye con un turista, interpretado por el francés Jean Bouise. Un retrato más para su colección de Soy Cuba. No está segura dónde la conducirá su proyecto, “pero es importante que se documente —me asegura— máxime si ni Carlos Fariñas, ni Raquel Revuelta, ni tantos otros, están ya con nosotros.”

Los retratos de Soy Cuba: revisitada producen, sobre todo a quien los conoció, una inmensa ternura. Raquel, protagonista de Lucía y actriz imprescindible, en una de sus últimas fotografías en su apartamento del Vedado, Fariñas con las escuelas de arte como telón de fondo; Enrique, en su hábitat como María Mercedes Diez. El ojo que los mira no es ajeno y aunque no los conoció antes, son sobrevivientes como su padre y no solo de la experiencia del filme.

En 2010 Natasha fotografió el equipo olímpico de clavados. Y espera regresar para hacer nuevos retratos del campeón José Guerra antes de que participe por última vez en las Olimpiadas de Londres en el 2012.

Cuando el próximo 11 de junio, antes de una nueva proyección de Soy Cuba, ambos recorran y comenten la exposición del Museo Getty en Los Ángeles titulada De Walker Evans hasta hoy: un proyecto revolucionario, se reunirán dos generaciones de fotógrafos cuyo contacto con la Isla no surgió de la improvisación o la trivialidad. Nacieron en Rusia, emigraron a Israel, viven en Los Ángeles y han realizado un viaje irrepetible.

Fotografías de Natasha Calzatti

http://www.calzattifoto.com/

Getty Museum


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