Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Cine, Arte 7

Sarcasmo nórdico

Todo el argumento de este filme está narrado en la mejor tradición de Buster Keaton, con sutil ironía y con excelente deadpan

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Un thriller divertido, que junto con el aspecto de comedia sea capaz de generar tensión, que mantenga su ironía incorrupta, cuya narrativa y ritmo no sean necesariamente ortodoxos, que se burle de las convenciones y los estereotipos sociales, sin muchas aspiraciones de trascendencia y que alcance un decoroso balance artístico no es fácil de hacer, aunque lo aparente. In Order of Disappearance logra todo eso y algo más.

Nils Dickman se dedica a limpiar la nieve en las carreteras heladas de un pueblo perdido entre los fiordos noruegos. Es un hombre simple, trabajador, inmigrante de origen sueco que al comenzar la película se alista a recibir el premio de Ciudadano del Año que el pequeño pueblo le ha concedido. Su hijo trabaja transportando equipaje de los aviones a la terminal en el aeropuerto local. Es asesinado por error debido a una disputa, ajena a él, sobre una pérdida en un cargamento de drogas que llega rutinariamente al aeropuerto y en cuyo trasiego participa un amigo suyo.

La policía declara la muerte como un asunto de abuso de drogas, pero Nils sabe que su hijo no era drogadicto y se dedica a vengarse del poderoso jefe local, un personaje llamado El Conde, que se presenta como un padre devoto y un vegetariano obsesivo. Nils hace su misión matar a los miembros de la pequeña mafia narcotraficante, uno a uno. En medio de eso se cruza un problema con una mafia competidora de origen serbio, a quien los súbditos de El Conde le matan un miembro y el grupo eslavo se mezcla en la matanza.

Nils despliega una sabiduría simplona y un carácter tenaz muy parecido al de Marge Gunderson que interpreta Frances McDormand en Fargo, película a la cual esta le debe influencias. Los mafiosos tienen personalidades parecidas a los matones de Tarantino y de los Coen, pero son todavía más idiotas. Es tanta la idiotez que el título del filme en noruego es Kraftidioten, que viene a ser algo así como “El premio idiota”.

El director Hans Petter Moland y el guionista Kim Fupz Aakeson introducen en la trama situaciones y personajes que invierten los valores establecidos del género a la vez que se burlan de los prejuicios. En la banda de El Conde hay una pareja gay que oculta su romance del resto. En un momento dado se contrata a un samurái moderno de origen japonés, pero que insiste que es danés y a quien apodan El Chino. Los serbios siempre son confundidos con albaneses y todos parecen competir para ganar un premio por su crueldad. Todo el argumento está narrado en la mejor tradición de Buster Keaton, con sutil ironía y con excelente deadpan (esto quiere decir literalmente rostros sin expresión, pero la palabra inglesa expresa mucho más, es casi intraducible y prefiero usarla).

Stellan Skarsgard (Breaking the Waves, Aberdeen, Ronin) está inmejorable en su papel de Nils y se echa encima la película. Su contrapartida al final es Bruno Ganz (The American Friend, Downfall) en el rol de Papa, el jefe de los mafiosos serbios. Igualmente bien está Pal Sverre Hagen como El Conde. Todos los actores encajan bien en sus interpretaciones.

Moland (Oslo, Nouega, 1955), quien dirigió la excelente Aberdeen (2000), compone escenas de hilaridad inusitadas que no se pueden narrar por su sofisticación visual. Aakeson (Copenhagen, Dinamarca, 1958) elabora un guion que rompe los límites de la suspensión de incredulidad varias veces, sin que ello afecte la narrativa. Hace un excelente dúo con Moland, con quien ya ha trabajado en A Somewhat Gentle Man.

La fotografía de Philip Ogaard (Aberdeen, A Somewhat Gentle Man),hace un buen uso del formato digital y de la cámara Arriflex para rodearnos de un frío polar que se ve y casi se puede tocar. Para ello también usan recursos técnicos superponiendo digitalmente el skyline de Oslo en medio de las montañas del norte para crear el pueblo ficticio del filme.

Sin tomarse muy en serio, el filme recrea el género tomando prestado de los últimos estilos narrativos, recordando a muchos filmes pero manteniendo su identidad. Es muy disfrutable, provoca la sonrisa y evita la carcajada, no hace concesiones de taquilla y complace al espectador astuto e informado. Le tomó tiempo llegar a estas costas y lo ha hecho casi de manera subrepticia, a pesar de haber sido nominada y ganado algunos premios en festivales de Rumania, Italia, Chicago, Melbourne y Austin.

In Order of Disappearance (Noruega/Suecia, 2014). Dirección: Hans Petter Moland. Guion: Kim Fupz Aakeson. Director de fotografía: Philip Ogaard. Con: Stellan Skarsgard, Bruno Ganz y Pal Sverre Hagen. De estreno en Nueva York, Washington D.C. y Los Angeles. Disponible en OnDemand.


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