Actualizado: 23/04/2024 20:43
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¿Se está poniendo senil Vargas Llosa?

La tendencia inmovilista hacia la cultura como representación de una típica actitud de senectud intelectual

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Me lo pregunto con gran dolor. Para mí, es el mejor novelista de la lengua española y hay que buscar profundamente para encontrar uno similar a él en cualquier lengua, porque ¿cuántos novelistas pueden contar entre sus obras con cuatro indisputables obras maestras? Me refiero a La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral, La guerra del fin del mundo y La casa verde. Aunque yo prefiero Rayuela, Pedro Páramo y Tres Tristes Tigres, ni Cortázar, ni Rulfo, ni Cabrera Infante se pueden comparar con Vargas Llosa como novelistas. Esto sin contar otras excelentes novelas como La tía Julia y el escribidor, Historia de Mayta y Pantaleón y las visitadoras. A eso se le suma su lucidez como ensayista, con esa penetración en el mundo de la literatura como demuestra en sus extraordinarios ensayos sobre Tirant lo Blanc y José Donoso. Y esto es sólo la superficie. Además, para mí es importante la actitud que ya por más de cuarenta años ha tomado ante el castrismo y ante todo tipo de totalitarismo.

En la edición del 22 de enero de Babelia, el suplemento cultural de El País, publicó un artículo titulado La civilización del espectáculo, que para colmo se anuncia como el prólogo de su próximo libro, titulado Alegato de defensa, en el cual Vargas Llosa defiende “los valores eternos”. En este trabajo arremete contra la cultura contemporánea alegando que “…la cultura dentro de la que nos movemos se ha ido frivolizando y banalizando hasta convertirse …en un pálido remedo de lo que nuestros padres y abuelos entendían por esa palabra… lo que podría resultar en un mundo sin valores estéticos, en el que las artes y las letras —las humanidades— habrían pasado a ser poco más que formas secundarias de entretenimiento a la zaga que proveen al gran público los grandes medios audiovisuales y sin mayor influencia en la vida social”.

Esta es la típica actitud de la senectud intelectual: pensar la cultura como inmovilismo. Por supuesto, y a Dios gracias, la cultura de hoy no puede ser la de nuestros abuelos y bisabuelos. Mal andaría si lo fuera. El mundo y con él los valores éticos y estéticos están en transformación constante. Siempre ha habido cultura de entretenimiento. Cierto que ahora hay más que nunca, pero es que hay más medios de difusión, lo que a la vez permite mayor difusión a la cultura cenacular que quiere defender Vargas Llosa. Ambas culturas siempre han coexistido y por supuesto la frívola se dispersa con mayor rapidez. Por otra parte, se nota, al final de la cita, que no entiende a los medios audiovisuales como parte de la cultura. El hecho de que hayan nacido de la cultura de masas no impide que ya hoy se hayan incorporado a las artes plásticas como un vehículo más del artista. Este desdeño ya se había notado en algunos artículos que ha publicado recientemente. Parece negarse a aceptar las nuevas rutas de la pintura y la multimedia como alternativas artísticas viables.

Más adelante se contradice sin mucho sentido y señala “…a medida que los fundamentos de la cultura tradicional entraban en bancarrota… los iban sustituyendo unos embelecos que han ido alejando cada vez más del gran público las creaciones artísticas y literarias, las ideas filosóficas, los ideales críticos… en suma, toda aquella dimensión espiritual llamada antiguamente la cultura, que, aunque confinada principalmente a una élite, desbordaba en el pasado hacia el conjunto de la sociedad…” Al contrario, la cultura, tanto la tradicional como la contemporánea, en todas sus formas, está cada vez más asequible al gran público. La información llega al instante a través de la Internet, solamente buscar en Google, Wikipedia, Yahoo o tantas otros sitios de navegación nos pone la cultura al alcance de un teclazo. Ya no está confinada a una élite, sino a todo aquel interesado en cualquier lugar del planeta (menos Cuba) que tenga afán en buscar. Los libros se pueden adquirir de cualquier parte en cualquier parte, los DVDs hacen posible una difusión mayor de las obras de cine que antes había que ver a cierta hora y en ciertas salas de proyección. Llegar o no a la cultura se convierte en un asunto personal.

Más adelante lamenta: “acaso nunca hayamos estado tan desconcertados y extraviados…” Es cierto, ese es el desafío de nuestros tiempos. Hoy cualquiera tiene un blog o da una opinión que se difunde. Cada vez menos, el que escribe se legitima por su pertenencia a una revista o a una institución. Hay que desbrozar la yerba mala, no es fácil, pero es lo que nos toca. Nos obliga a agudizar la mirada crítica.

Después continúa: “La idea de progreso es engañosa… en el pasado, la cultura fue el mejor llamado de atención… una conciencia que impedía a las personas cultas dar la espalda a la realidad cruda y ruda de su tiempo. Ahora… es un mecanismo que permite ignorar los asuntos problemáticos, distraernos de lo que es serio…” De nuevo generaliza y se equivoca. Todavía la cultura auténtica y elevada quiere funcionar como conciencia de la sociedad. El hedonismo, el escapismo y la frivolidad no son solo el patrimonio de nuestra era. Ni toda la cultura elevada eleva el espíritu. ¿Acaso los nazis no leían a Nietzsche, escuchaban a Wagner y a Mendelssohn y eran apoyados por Heidegger, lo que no les impedía hacer jabón de unos cuantos descendientes de Mendelssohn? ¿Acaso Stalin no era un cinéfilo empedernido que se rodeaba de poetas y artistas para luego desterrarlos o masacrarlos y fue apoyado por los grandes intelectuales de Occidente?

Parece que Vargas Llosa ahora se niega a aceptar el mundo de la cultura actual, surgido tras las dos guerras mundiales y la fragmentación del eurocentrismo, el florecimiento dominante de la cultura americana, la formación de nuevos países con el fin del colonialismo europeo, el ascenso de nuevas divisiones culturales tras el derrumbe del comunismo en Europa y parte de Asia. Un mundo que el propio Vargas Llosa en su momento ayudó a construir con sus obras maestras, levantando el perfil cultural de América Latina a esferas nunca antes imaginadas. Un mundo en el que emergen nuevas literaturas y nuevas cinematografías de lugares como Tailandia, Filipinas, Dinamarca, Sudáfrica, Croacia y Rumanía, entre otros. El mismo reconoce al final del artículo que: “En este presente hay innumerables mejoras que las que vieran nuestros ancestros, desde luego: menos dictaduras, más democracias, una libertad que alcanza a más países y personas que nunca antes, una prosperidad y una educación que llega a muchas más gentes que antaño y unas oportunidades para un gran número de seres humanos que jamás existieron antes, salvo para ínfimas minorías”. Pero acto seguido se contradice una vez más y concluye que: “en un campo… el de la cultura, creo que hemos retrocedido… por culpa fundamentalmente de los países más cultos”. Si no fuera por su larga trayectoria y compromiso en defensa de la democracia y su probada honestidad, pareciera como si Vargas Llosa añorase un autoritarismo paternalista para resolver los problemas de nuestro tiempo. Ansía un canon absolutista.

No sé por qué ha envejecido el intelecto de Vargas Llosa. ¿Será que el escritor de garra de antes, que se enfrentaba al poder y su nomenclatura, ha pasado a ser parte del mismo con tantos agasajos y premios (merecidísimos todos)? Espero con optimismo que su legado no sea el de estas páginas que promete, sino el de los cincuenta años anteriores. Quizá no es más que una evolución lógica. Los americanos acuñan una frase que usan con frecuencia: “Si de joven no eres de izquierda, no tienes corazón, si de viejo no eres de derecha, no tienes cerebro”.

Artículo de Mario Vargas Llosa: La civilización del espectáculo.


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