Actualizado: 22/06/2018 17:44
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Literatura, Literatura cubana, Poesía

Serafina Núñez: la verdad amaneciendo

Un libro sobre una autora de una variadísima obra lírica que podríamos inscribir dentro de lo mejor de la tradición hispánica

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Esta noche hablaré desde mi experiencia como lector del libro Serafina Núñez, la verdad amaneciendo, que nos entregan el escritor y poeta cubano Osmán Avilés y el proyecto cultural Unos & Otros. Trataré de deslindar caminos para llegar al centro, y encontrar así una dirección que nos invite a todos a acercarnos al volumen. A mi entender, el primer mérito que logra Osmán, quien se ha ido especializando en el acercamiento a la obra de poetisas olvidadas, con libros que merecen ser visitados y que en un futuro no lejano se convertirán en imperdibles fuentes bibliográficas. De su pluma podemos mencionar Pilares de un reino, Una incursión por la obra de Dulce María Loynaz, y Los extraños monzones (ambos títulos publicados por Ediciones Extramuros, 2008 y 2011, respectivamente). En cada uno de estos estudios sobresale, entre otras cosas, una muy peculiar variedad de rutas que rompen el tedio aun en los más exigentes. Cada capítulo representa una nueva búsqueda, una nueva aventura.

El libro es historia, anécdota, ensayo literario, selección poética, entrevista, periodismo, cercanía, humanidad. Siempre me ha parecido que quien escribe sobre la vida de un personaje; asimismo quien la lee, viaja a través del tiempo y se contagia con una época. Ese es el mayor encanto que encuentro en las lecturas biográficas; pero como he dicho antes, este libro escapa a la definición de géneros y se hace libre, precisamente por entregarnos varias visiones sobre un mismo tema. Los recuerdos, pasiones, nostalgias, anhelos, poemas, el mundo interior y social de una mujer muy singular de las letras cubanas del siglo XX nos son entregados ahora por quien fuera su amigo personal.

El nombre de Serafina Núñez constituirá para muchos un eco radial o televisivo; quizás dos o tres poemas leídos en alguna antología. Sin embargo, Osmán se encarga de ofrecérnosla viva, palpitante en estas páginas. Núñez fue mujer e intelectual de vida intensa. Esta poeta que apenas conocemos hoy, es la autora de una variadísima obra lírica que podríamos inscribir dentro de lo mejor de la tradición hispánica, y que abarca desde la poesía tradicional, escrita en metros, hasta el verso blanco o libre.

Asimismo, se codeó con los más importantes de sus pares en su momento vital. La sedujo el movimiento vanguardista de la poesía pura liderado por Juan Ramón Jiménez, quien la descubrió en su visita a La Habana en el año 1936. Se hizo amiga del gran poeta andaluz con quien iba a conversar, en las tardes capitalinas, a la terraza del Hotel Vedado. La elogió Gabriela Mistral y hasta León Felipe intentó bautizarla nuevamente con el nombre de Mercedes Núñez de Villavicencio. Fina García Marruz se ocupó de analizar e interpretar su obra. Nicolás Guillén le hacía cumplidos y ella respondía ofreciéndole la azucena que llevaba siempre prendida en su pelo. José Ángel Buesa le dedicó poemas como fruto de una fugaz relación. Ballagas, Marinello, Portocarrero Carlos Enríquez, Lezama Lima, Fidelio Ponce, son otros de los nombres que aparecen vinculados, de una forma u otra, a la poeta.

¿Cómo es posible entonces el silencio en torno a su figura? Me parece que esta es la pregunta clave, el centro gravitacional sobre el cual se sostiene este libro. Serafina callada, ausente, ¿Su carácter, su condición de mujer, las presiones sociales, su amor, su pasión por un hombre que la enclaustró entre muros y le prohibió comunicarse con el público, su desacuerdo con un nuevo sistema que nacía en la Isla y llegaba prometiendo esperanzas? ¿Quién es esta mujer que se apartó voluntariamente de todos y, sin embargo, pertenece a la estirpe de las más recias intelectuales y escritoras cubanas? Leyéndola, recorriendo las páginas del libro de Osmán nos vienen al recuerdo los nombres de tantas osadas escritoras cubanas de todos los tiempos, desde Luisa Pérez de Zambrana, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Aurelia Castillo de González, Úrsula Céspedes de Escanaverino, hasta Dulce María Loynaz. Todas con sus matices y personalidades únicas tuvieron que enfrentar un medio hostil ante la creación femenina.

Aprenderemos, sí; sin duda viajaremos en esta entrega de Osmán. El que gusta de la historia encontrará aquí más que un contexto, una mujer inserta en medio de una cultura machista, la década del 30, su rica vida intelectual, su revolución en contra de la injerencia norteamericana y del Machadato. Luego vendrá la evolución en el tiempo, el período que corre a partir del año 1959, el éxodo de los cubanos en la década del 90, la familia de Serafina escapando de una patria que se hundía: “Se me va la niña por los mares fieros/no la envuelvan nubes bajo huraños cielos”, exclamará la poeta en una composición, escrita en ocasión de la partida de su nieta.

Quien guste de la poesía encontrará sus textos moldeados en rica exquisitez literaria, dedicados al tiempo que a todos nos devora; a la muerte, a la vejez, al amor, al erotismo. El lector puede palpar aquellas historias de pasiones que la llevaron al límite, a la entrega total y sacrificada:

¡Ah, hombre de mis tormentas! ¡Hombre de mis auroras!

de mis gritos de piedra, de mis cuchillos ácidos:

por ti atravieso el mundo herida de palomas.

Si buscamos la cercanía al ser humano, encontraremos en primer término, la amistad con Osmán, la especial relación de una anciana nonagenaria y de un joven universitario, estudiante de Literatura, que le llevaba versos a la buena amiga. Ella escuchaba con paciencia y daba sus juicios. Él la admiraba cada día más, memorizaba los textos de la ilustre dama para recitárselos. Alegría sin nombre debió sentir Núñez. Osmán le devolvió su entrega, su labor poética, le agradeció en nombre de los cubanos y de la humanidad en los últimos momentos de su vida. Con el tiempo, ese joven, como el buen árbol bíblico, daría sus frutos. Como diría Dulce María Loynaz, asistiría a su espera y sajadura. Y en efecto, se convirtió en el autor de un volumen de poemas titulado: La persistencia de los fragmentos (Universidad del trabajo de Uruguay, Montevideo, 2011).

Serafina Núñez, la verdad amaneciendo, demuestra que la literatura cubana tiene muchas zonas aún por descubrir, figuras que situar en su puesto merecido. No se trata de modas académicas: el libro de Osmán no se inscribe dentro de esta posible corriente de estudios de género, que hoy hace amontonar cuartillas a los estudiosos; su entrega es una deuda personal con la poeta, es parte de la voluntad de revalorizar su obra. No es la investigación fría ni meditada que busca insertarse en congresos universitarios, o encajar en alguna revista científica. No es el afán de descubrir algo novedoso lo que lo guía, es el deseo de hacer notar un trabajo artístico que resulta verdaderamente valioso.

Serafina, como gran escritora, supo que lo más importante era crear, escribió sin pensar en premios, reconocimientos, publicaciones; algo tan difícil de hallar en el panorama actual de la literatura cubana. Serafina sintió la paz de los que vencen el olvido y le confió a Osmán las siguientes palabras: “La muerte es como un paso último de la vida diaria. Nos tocó ese día, nos tocó esa hora, nos tocó ese instante, pero la muerte no es el final de la vida. La vida es inmensa, eterna, y a eso es a lo que le llaman eternidad. Creo pertenecer a ese mundo espiritual en que la vida es eternidad”.

De esa eternidad nos la devuelve el amigo, como una sencilla mujer a quien le gustaría dejar solamente una magnífica colección de poemas. Serafina, como expresa Osmán, sintió el ángel que reclama la escritura. Hoy ese ángel la reclama a ella, ahora es el tiempo del rescate, valorarla, leerla, significa no perderla nunca.

Regalo, eternidad, verdad que amanece, eso es en este libro la autora de Mar cautiva; un ser humano derramado en el tiempo. Los invito a adentrarse en el mundo de la “esperadora”, como la llamó Juan Ramón Jiménez; guiados por la mano de Osmán, convencido de que será para ustedes mucho más que conocer la experiencia de una amistad que comenzó en poesía. Será otro viaje a la isla, a un país vivificado por los acordes de La bella cubana de José White y de la poesía sempiterna.


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