Actualizado: 30/09/2020 14:35
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Cine, Cine rumano, Arte 7

Silbando espero

Algunos críticos han acusado a Porumboiu de haberse vendido al cine comercial con este filme

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Aparentemente, la trama del filme The Whistlers no puede ser más sencilla. Un policía corrupto es contratado para elaborar un plan y liberar a un criminal que tiene escondida una alta suma de dinero. Pero ahí no para el asunto. Lo interesante es saber quiénes lo quieren liberar y cuáles son sus motivos, todo lo cual el susodicho policía no entiende a cabalidad.

Corneliu Porumboiu ha hecho toda una carrera con filmes subversivos, que estiran los límites de la narrativa y en los cuales existen diferentes niveles interpretativos. Entre sus intereses está mostrar la degradación de la realidad rumana, que todavía padece la pátina del comunismo, ya que pasó de este al postcomunismo, a un capitalismo incipiente de las manos de los mismos apparatchiks que adularon a Ceaucescu y que se las arreglaron para sumir en la miseria moral, ideológica y económica, a un país con un complejo acervo cultural.

En los filmes de Porumboiu el hilo argumental no es más que una excusa bajo el cual se van develando capas sumergidas de urdidumbres paralelas que van captando nuestro interés. Su cine utiliza lo convencional para deshacerlo. Prueba de ello son sus obras 12:08 East of Bucharest (2006), Police, Adjective (2009) y The Treasure (2015). Es un cine en el cual el absurdo, la ironía sutil y la memoria histórica se incorporan a una trama convencional y le añaden riqueza discursiva.

Algunos críticos han acusado a Porumboiu de haberse vendido al cine comercial con este filme, ya que es una coproducción con Suecia, Francia y Alemania. Quizá lo dicen por las imágenes un poco turísticas de la isla La Gomera, en las Canarias, en donde ocurre parte de la acción, pero pierden de vista el propósito del director, que es contrastar estas imágenes con su trama de corrupción ubicua.

La Gomera es el título original del filme, ya que son unos mafiosos españoles a quienes Zsolt, el prisionero en cuestión. ha robado el dinero. Pero la trama se mueve también a los cuarteles policiales de Rumanía, donde la corrupción es más terrible y peor que en las crudas mafias occidentales. Aquí se mezcla el robo con la detención del poder. Llega un punto en el cual en este filme, donde nadie es “bueno”, no se sabe quién es el personaje más corrupto y exento de redención. Sin embargo, para acentuar la ironía y lo absurdo, Porumboiu los convierte en máscaras adorables, con las cuales uno no puede evitar simpatizar.

En este filme todos se vigilan y hay momentos en los cuales uno no sabe quienes vigilan a quien ni por qué lo hacen, pero todo está bien hilvanado dentro de la red de intrigas que se forman. Para desconectar el tratamiento lineal y convencional del tema, Porumboiu usa el absurdo y el humor sardónico. Hay un momento, un guiño a John Ford, en que dos de los personajes se reúnen para discutir un plan y lo hacen en una cinemateca, mientras ven una secuencia de The Searchers. Lo que está punto de suceder está rodado como una parodia de un western. También existe una clave en la afición de los gangsters por la música clásica.

Como casi siempre, Porumboiu trabaja su propio guion, lo cual le facilita meandros argumentales que aprovecha para introducir más intriga y más temas de burla política y cuestionamiento social.

Las actuaciones de los veteranos Vlad Ivanov (Graduation, Toni Erdmann, Police Adjective, 4 Months, 3 Weeks and 2 Days) en el rol de Cristi, el policía corrupto y Rodica Lazar (The Death of Mr. Lazarescu) como su igualmente corrupta jefa, son excelentes. La exmodelo rumana Catrinel Marlon, quien ha trabajado en episodios de series americanas y en el cine italiano, aporta el elemento sexy, el cual Porumboiu va a revertir a lo largo del libreto. También hay apariciones de actores muy conocidos como Agustí Villaronga y Antonio Bruil.

La fotografía de Tudor Mircea, quien trabajó en The Treasure con Porumboiu, maneja con destreza las tonalidades entre las secuencias grisáceas en Rumanía, las de colorido de postal turística en Islas Canarias y las más oníricas de Singapur.

En el filme, Cristi es obligado a aprender un lenguaje silbado a través del cual se comunican los mafiosos españoles, para evitar ser detectados por ningún equipo moderno. Este aprendizaje le rinde sus beneficios al final del filme.

La música se mueve entre Iggy Pop, Strauss y Mozart. Porumboiu quiere borrar las fronteras entre la alta y la baja cultura, pero no con el fervor de los sesentaiochistas, sino con una ironía despiadada que surge de un enfoque decadente y cínico. Con sus diferentes niveles de lectura, narrada elípticamente, dividida en capítulos que añaden complejidad a la trama y juegan con la temporalidad, este es un filme que, aunque a veces cae en el estereotipo, es imaginativo y disfrutable.

The Whistlers (Rumanía/Francia/Suecia/Alemania, 2019). Guion y dirección: Corneliu Porumboiu. Director de fotografía: Tudor Mircea. Con: Vlad Ivanov, Rodica Lazar, Catrinel Marlon, Agustí Villaronga y Antonio Bruil. El filme puede verse como parte de la iniciativa de las salas independientes de ofrecer estrenos semanales vía internet. Puede verse directamente en thewhistlers.vhx.tv


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