Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Sobre la película "Esther en alguna parte"

La película de Chijona, dedicada a sus dos amigos, los hermanos Lichi y Constante (Rapi) Diego

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El miércoles pasado se estrenó en la Sala Charles Chaplin la película Esther en alguna parte, dirigida por Gerardo Chijona, basada en la novela homónima de Eliseo Alberto (Lichi) Diego. La película cuenta con un elenco de grandes actores y actrices cubanos, tanto de la vieja como de la nueva generación. Entre los “viejos”, se encuentran Reynaldo Miravalles, Enrique Molina, Daisy Granados, Eslinda Núñez, Paula Alí, Alicia Bustamante, Verónica Lynn, Elsa Camp, entre otros. Un filme donde la inmensa mayoría de sus actores ya están en lo que se ha dado en llamar, “la tercera edad”, y que se agradece, por la ternura y vitalidad de sus personajes.

La película de Chijona, dedicada a sus dos amigos, los hermanos Lichi y Constante (Rapi) Diego se “desmarca” de los temas que últimamente aborda el cine cubano (jineterismo, prostitución, violencia, corrupción, droga, etc.) y se centra en una curiosa amistad que surge entre dos ancianos, totalmente distintos pero unidos por extrañas casualidades de la vida. El personaje de Lino (que interpreta Miravalles) es ordenado, correcto; el de Larry, es todo lo contrario. La sinopsis de la película nos dice que: “Lino Catalá, un anciano serio y formal, es abordado por Larry Po, un viejo extravagante, quien le revela que Maruja, su difunta esposa, llevaba una doble vida. A partir de ese momento, los dos comienzan una intensa búsqueda en el pasado de Maruja, al tiempo que intentan encontrar el paradero de Esther, el gran amor de Larry. Entre ambos surge una amistad que los unirá para siempre”.

El filme ha sido realizado con gran profesionalismo y, también, con mucho amor. Se han cuidado todos los detalles, los diálogos, el vestuario, la música, excelente, de José María Vitier, primo hermano de los Diego. La película mantiene un ritmo durante sus casi hora y media de duración que no decae, y logra atrapar la atención del espectador a través de un suspense muy bien desarrollado. Hay obvios homenajes a grandes directores del cine, entre ellos, Hitchcock, y que un espectador avisado podrá ir descubriendo a lo largo de toda la historia.

Sabemos por el propio Chijona que la idea de hacer la película surgió desde muy temprano y que pudo trabajar el guión con Eliseo Alberto, en México, y luego aquí, ya marcado por su enfermedad. Los críticos de cine analizarán los aciertos y desaciertos de este largometraje, yo solo quiero detenerme en otro aspecto que hace que esta película resulte de particular importancia y trascendencia para la cultura cubana, independientemente de su innegable calidad. Todos sabemos que Eliseo Alberto fue un escritor incómodo (por decirlo de una forma “light”) para el gobierno cubano, sobre todo a partir de la publicación de su conmovedor testimonio Informe contra mí mismo, libro que circuló de mano en mano a través de todo lo ancho y largo de esta islita y que conmovió a todo el que lo leyó, ya fuera que estuviera a favor o en contra. La novela de Lichi, Esther en alguna parte, se publicó en Cuba, por autorización suya, en 2009 (por cierto, con una imperdonable errata en la portadilla), y quiso el destino que él estuviera aquí en esa fecha. Lamentablemente, y a pesar de que el autor coincidió, incluso, con la Feria del Libro de La Habana de 2010, la novela jamás se presentó ni se habló una palabra sobre ella.

Me cuentan los que estuvieron en la premiere del miércoles 20 que la sala Charles Chaplin, abarrotada, se puso de pie cuando entró Miravalles —que vive en Miami hace más de quince años y no participaba en una película cubana hacía más de dieciocho— y lo ovacionó durante varios minutos. Todos sus compañeros de elenco, grandísimos actores, no se han cansado de rendirle homenaje y señalarlo como el mejor actor de Cuba de todos los tiempos. Miravalles, emocionado, dijo que llevaba más de quince años soñando —y temblando— con este día. O sea, el día que pudiese volver a presentarse ante su público, ante su pueblo que tanto lo quiere, y recibir esa cálida y emocionada muestra de cariño y respeto. Necesitaba saberlo, palparlo, sentir que todo lo que sembró con su trabajo y con su enorme talento, había fructificado en su país, y que no había sido olvidado. En el noticiero de la televisión cubana del jueves nada se dijo, aunque sí se ha dado la noticia en otros programas televisivos. Pero el noticiero es un termómetro de muchas cosas, y los cubanos lo sabemos. Es como si dijeran “sí, pero no”. Todavía faltan muchos años para que cambie esa mentalidad estalinista que tanto daño le ha hecho a este país. Y falta —y es mi modesta opinión— por la inexistencia de una verdadera libertad de expresión, de una prensa independiente, en resumen, por la inexistencia de una verdadera democracia donde, realmente, se puedan exigir y lograr cosas. No acabo de entender por qué los dirigentes de este país no aprenden de los nuevos gobiernos de izquierda que han surgido en América Latina. Todos, sin excepción, tienen un sistema multipartidista, que no será perfecto y que es boicoteado constantemente por algunos de estos nuevos presidentes que quieren perpetuarse en el poder, pero ahí están, y tienen que enfrentarse a un parlamento, a una prensa, a sindicatos independientes que les piden cuentas. Y se las tienen que dar.

Escritores que participaron este miércoles en el panel “Literatura e Ideología. Esquemas, prejuicios y omisiones” en la actual Feria del Libro de La Habana sugirieron, entre otras cosas, que autores y artistas residentes fuera de la Isla sean tenidos en cuenta para los premios nacionales. Me parece muy bien que se empiece a hablar de estas cosas pero queda un camino muy largo por recorrer. ¿Todos los escritores cubanos vivos que residen fuera del país pueden ser “escogibles” para ese premio o son solo algunos, los “políticamente correctos”? El régimen utiliza un criterio selectivo necrológico. Invariablemente, cuando muere un escritor “conflictivo”, se empieza a hablar de él, a publicarlo, a incorporarlo, “y aquí paz y en el cielo gloria”. Es hora de que ya dejen de escamotearle al pueblo qué artista puede oír o no, qué escritor puede leer o no. Todos son cubanos, les guste o no. Y también es hora de que escritores como Eliseo Alberto no se vayan de este mundo sin realizar el sueño de Miravalles y que, en vida, sean reconocidos en la Patria que los vio nacer.

Quiero creer que esta película de Gerardo Chijona es una puerta más abierta a este camino tan escabroso y largo y espero sirva no solo para conmovernos y entretenernos sino también para unirnos y reencontrarnos sin que ningún poder político pueda decidir cuándo, ni cómo ni quién.


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