Actualizado: 24/06/2022 11:47
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Cine, Arte 7

¿Solo una comedia?

Una cinta menor, que nunca debió tener ningún tipo de pretensiones y que falla en sus intenciones, resolviéndose como una película bastante cursi

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Cuando vi por primera vez Irremediablemente juntos hace unas semanas, nunca se me ocurrió escribir nada al respecto de esta cinta. Sin embargo, después de ver la controversia que ha provocado su estreno en La Habana a finales de julio, entre diversos sociólogos, críticos de cine y profesores cubanos, entre los que se cuentan Lourdes Pasalodos, Gustavo Arcos, Rolando Leyva y Antonio E. González, entre otros, me decidí a darle un segundo vistazo.

Una de las peores desgracias entre las muchas que cargan los realizadores cubanos que hacen cine producido y supervisado por el ICAIC es la representatividad que se les da. Dado el elemento propagandístico inevitablemente involucrado en toda película producida por dicha entidad gubernamental, los directores no hacen solamente una comedia musical, o un drama social, o una película de guerra, o un filme histórico, sino que su obra representa la cultura cubana que proclama el sistema que engendra al ICAIC. Las pocas películas que se producen anualmente tienen que ser vistas como creaciones significativas con ramificaciones políticas y sociales que van mucho más allá de los límites del cine. Son las reglas del juego que tiene que aceptar todo el que se decida a trabajar dentro del sistema. Nadie puede pensar que se saldrá con una crítica demoledora ni con una pieza inocua y sin pretensiones que ayude a engordar el currículo.

Jorge Luis Sánchez (La Habana 1960), lleva ya muchos años asociado al ICAIC. Ha sido asistente de dirección de varias películas de Fernando Pérez y trabajó con Santiago Álvarez en el Noticiero ICAIC antes de independizarse como documentalista y luego como director de largometrajes, debutando con El Benny (2006) y ahora, casi seis años más tarde con Irremediablemente juntos. Debe conocer de sobra las reglas del juego en el cual participa.

En ambas ocasiones la película no me ha parecido más que una débil obra que se mueve entre la comedia musical y la tragicomedia de enredos sin decidirse por ninguna. Basada en la pieza teatral Pogolotti Miramar de Alexis Vázquez y adaptada por el propio Sánchez, la trama se centra en las desventuras de una pareja de jóvenes que se aman pero cuyas familias tratan de separar por el estigma racial (ella es blanca y él es negro), sazonada con chistes internos y veladas alusiones críticas, que supuestamente “dicen algo” pero que por supuesto no pueden pasar de un gesto tímido y paniaguado y con algunas secuencias que intentan reflejar ciertos aspectos del camino de la realidad cubana actual con su incipiente capitalismo selvático.

Realizada al estilo puesto en moda hace ya tiempo, primero por Jacques Demy y ahora por varios cineastas franceses, en el cual los personajes cantan pero son interpretados por actores que no son músicos profesionales y que utilizan sus propias voces, la película presenta algunas ideas interesantes, como el personaje del profesor negro que enseña historia y se lanza en una monserga sobre la sublevación del Partido Independiente de Color de 1912, pero que se mantiene todo el tiempo vestido como un hombre de principios del siglo pasado, para ofrecer la mirada horrorizada de un negro catedrático de entonces al ver la realidad actual. Otra es la inversión de los roles tradicionales, presentando a los negros como cultos y refinados en oposición a los ridículos blancos que aspiran a ser burgueses pero que solo se interesan por los fetiches del sistema capitalista, representados por la obsesión de un personaje con los celulares. Pero el mayor problema que tiene es el engolamiento de los diálogos, la mala calidad de la mayoría de los actores (con la excepción de Blanca Rosa Blanco como Rosi, la madre de la protagonista), las insufribles letras de las canciones, la pobreza musical de las mismas y la excesiva desafinación. Es un mal síntoma cuando uno termina de ver una obra musical y no puede recordar ni una sola melodía.

Los enredos del filme y las relaciones entre los personajes están inteligentemente desarrollados. Si todo hubiera quedado ahí, el resultado hubiera sido mejor, pero los pequeños guiños y los referentes de crítica social solamente sirven para entorpecer el buen desenvolvimiento del argumento y no aportan nada trascedente.

Los críticos cubanos parece que han querido ver otra cosa en la cinta o tenían expectativas injustificadas, han dicho sobre ella desde que es “un canto del cine cubano a la diversidad”, hasta que es “irremediablemente mala” y que es, según el profesor Rolando Leyva “un largometraje evasivo e irresponsable, oportunista… me dice que nada ha cambiado, que seguimos en las mismas, adocenados en la autocomplacencia y la enajenación, eludiendo confrontar la dura realidad social que nos anega”. Por su parte, Lourdes Pasalodos le responde diciendo que “Irremediablemente juntos… es una proyección limpia y pletórica de osadía… de hacer una película musical sin apenas antecedentes en la cinematografía nacional; osadía de incluir en el filme la entonces aún más oculta que estudiada masacre… de 1912… osadía de expresar en una secuencia memorable en la que se mezclan rastas, emos, roqueros, trasvestis, santeros y otras ‘minorías’, que hay que cambiar los muebles, no la casa, en un emotivo llamado al respeto a la diversidad”. Debo señalar que la emocionada defensa de Pasalodos se empaña un poco porque ella parece tener algún conflicto de intereses, ya que furtivamente señala en otra parte que de algún modo asesoró al director y en una obvia muestra de agradecimiento, un personaje sale leyendo ostentosamente el libro En el nombre del hijo, de su autoría.

No sé qué esperaba el pontificante profesor Leyva ni qué vio entre imágenes la socióloga Pasalodos, ambos son extremos del mismo discurso. Ni lo uno ni lo otro. Irremediablemente juntos, estoy convencido después de verla dos veces, es una cinta menor, nutrida de los esquemas del cine comercial y de las telenovelas baratas, que nunca debió tener ningún tipo de pretensiones y que falla en sus intenciones, resolviéndose como una película bastante cursi, exenta de la gracia que debió tener y a la que apuntaba desde el principio. En las comedias musicales, e incluso en las tragicomedias, debe imponerse el elemento superficial, para poder ironizar libremente sobre la solemnidad de su entorno, que es la verdadera tragedia.

Irremediablemente juntos (Cuba 2011). Guión y dirección: Jorge Luis Sánchez, basado en la obra teatral Pogolotti Miramar de Alexis Vázquez. Fotografía: José Manuel Riera. Música: Juan Manuel Ceruto, que incluye también canciones suyas y de Tony Ávila, Eduardo Ramos, Silvio Alejandro, Maristania Estévez y otros. Con: Orián Suárez, Ariadna Núñez, Blanca Rosa Blanco y Fela Jar. El DVD puede obtenerse a través de varios sitios de la red, entre ellos Kímbara Cinemateca Cubana. Puede también bajarse de otros sitios.


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