Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Bután, Cine, Arte 7

Solo una curiosidad

El problema de esta película es que todos los personajes son buenos, los niños simpáticos y pudieran ser norcoreanos idólatras de Kim Il Sung o pioneritos cubanos recitando “Seremos como el Che”

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Bután es un pequeño reino ubicado en la región de los Himalayas, entre la India y China, con una población que no llega a los 800.000 habitantes. Aparte de ser un destino favorecido por algunos alpinistas, casi nadie conoce este país más allá de sus fronteras.

Pero si desconocido es Bután, mucho más lo es su cinematografía, a pesar de que, según algunas fuentes, desde 2010 produce unas 30 películas anuales, muy influenciadas por el cine indio, particularmente por Bollywood. En este lado de los Himalayas, solamente se conoce, por el gran público, el filme The Cup (1999), dirigido por Khyentse Norbu, que trata sobre las vicisitudes de dos jóvenes monjes tibetanos que deseosos por ver la Copa Mundial de fútbol tratan de instalar una antena satelital en el techo de su lamasería. Norbu es un lama tibetano, descendiente de la realeza butanesa, que estudió cine en la New York Film School y que fue asesor de Bertolucci durante el rodaje de Little Buddha (1993). The Cup fue exhibida en Cannes, y ganó premios en varios festivales europeos como Amiens y Munich.

Lunana: A Yak in the Classroom ha sido nominada entre las cinco finalistas al mejor filme internacional en los premios Oscar de este año. La trama central gira alrededor del personaje de un maestro de primaria, Ugyen, que anhela con hacer carrera como cantante en Australia. En su último año de servicio social es enviado a enseñar en Lunana, la aldea más remota y elevada de Bután, con menos de un centenar de habitantes.

A Ugyen le disgusta mucho el nombramiento y se lo expresa a sus superiores y a los mismos aldeanos cuando allí llega. Se le interrumpe su vida “occidentalizada” en Timbu, la capital, en donde los fines de semana canta con su guitarra, en inglés, en uno de los pocos bares de la ciudad.

El viaje desde Timbu hasta Lunana toma ocho días, la mayor parte del camino se hace a pie por riesgosos riscos y estrechos senderos. Una vez que llega al pueblo, Ugyen se siente inicialmente desesperado, pero poco a poco los niños y los habitantes de la aldea se van ganando su afecto. También descubre a una joven que canta en la montaña y por la cual desarrolla una relación tímidamente romántica.

El problema del filme es su buenismo, todos los personajes son buenos, los niños simpáticos y lo mejor del país puede echarse a perder por la influencia occidental y el calentamiento global que los inocentes aldeanos describen en términos primitivos. Pero este filme que nos presenta a una serie de individuos que parecen tener el cerebro lavado en su adoración al rey, está hecho con los peores recursos del cine occidental comercial. Es una película que parece defender los valores de la cultura local y la budista en general, pero con un ojo en el público de Occidente, utilizando viejas técnicas, trucos muy recurridos y gastados hace ya mucho tiempo. Por cierto, los niños pudieran ser norcoreanos idólatras de Kim Il Sung o pioneritos cubanos recitando “Seremos como el Che”. El filme alaba la obediencia al poder (quizá no se pudo haber hecho de otra manera).

Se vende la imagen del pequeño país como si estuviera financiado por el buró de turismo nacional. Acentúa los paisajes, bellos y sobrecogedores en realidad, y la fuerza de la simpleza y de la falta de aspiraciones individuales. Todo un teque budista.

El director, Pawo Choyning Dorji, es un butanés nacido en la India (Darjeeling, 1983), aunque vivió su infancia y adolescencia en Bután. Obtuvo un título en Relaciones Internacionales en Lawrence University en Wisconsin y luego una cualificación en estudios budistas de Sarah Buddhist Institute en la India. Es un fotógrafo reconocido que ha colaborado con las revistas Life, Esquire y VICE. Trabajó de asistente de dirección en un filme de Norbu y este es su primer largometraje. Está casado con una actriz y productora taiwanesa. Divide su tiempo entre Bután y Taiwán.

El guion es obra suya, por lo cual no tiene excusa en cuanto a la melosa y condescendiente narrativa del filme. Consiguió apoyo técnico y financiero de Taiwán. De la fotografía no hay mucho que hablar. La tonalidad es la de un documental de la National Geographic Society. La mayoría de los actores son debutantes o son los mismos habitantes de Lunana. En realidad, las actuaciones son lo mejor del filme. Los actores no profesionales se ven espontáneos y naturales y los otros no lo hacen mal. Sherab Dorji y Kelden Lhamo Gurung, están muy bien como Ugyen y Saldon respectivamente.

Supongo que lo exótico del país ha llevado a esta obrita propagandística a competir por el Oscar. Aquí no hay mucho mérito artístico y la trama es predecible, melosa y falsamente “inspiradora”.

Lunana: A Yak in the Classroom (Bután/Taiwán, 2019). Guion y dirección: Pawo Choyning Dorji. Direcor de fotografía: Jigme Tenzing. Con: Sherab Dorji, Kelden Lhamo Gurung y Pem Zam. De estreno limitado en algunas ciudades de Estados Unidos. Disponible a través de la plataforma de Amazon Prime.


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