Actualizado: 20/07/2018 16:13
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Literatura, Literatura cubana, Jóvenes

Temas adultos para lectores jóvenes

Aunque habla de aspectos como la esclavitud y el racismo, La leyenda de taita Osongo se lee como una novela de aventuras, capaz de interesar a públicos muy diversos

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Los lectores de la Isla fueron los últimos en tener acceso a La leyenda de taita Osongo, novela corta del cienfueguero Joel Franz Rosell (1945). Apareció primero en francés (2004), luego en México (2006) y posteriormente en Brasil, traducida al portugués (2007). En Cuba salió bajo el sello de Capiro (2009) y después, de Ediciones Matanzas (2014). La segunda recibió en 2016 uno de los premios La Edad de Oro, dedicados a reconocer las mejores obras de la literatura para niños y adolescentes. Unos años antes, el Banco del Libro, una prestigiosa institución venezolana orientada a experimentar, innovar y divulgar acciones para la formación de lectores, escogió el de Franz Rosell como uno de los mejores libros para jóvenes editados en Latinoamérica en 2009.

De acuerdo al autor, La leyenda de taita Osongo es su libro más comprometido, y el más ambicioso literariamente hablando, junto con Aventuras de Rosa de los Vientos y Perico de los Palotes. El compromiso al cual alude tiene que ver con su condición de mestizo, algo que en Cuba tuvo su origen en la introducción de esclavos africanos durante el período colonial. Eso explica que Franz Rosell dedique su libro “a los ancestros perdidos en el tiempo”. Y precisamente aquel vergonzoso y triste episodio sirve de marco histórico a su relato, que se sustenta en una mezcla de realidad y ficción.

El núcleo central del relato lo constituye la lucha entre Taita Osongo y Severo Blanco. El primero es uno de los reyes brujos de Sóngoro Cosongo, “país privilegiado del África, donde las gentes sabían amar la vida, gozar el trabajo y honrar a la naturaleza, y eran todos buenos, fuertes y sabios”. El segundo, un hombre que “nunca se reía y tenía una mirada dura y fría, gris como el acero de un cuchillo bien afilado”. Su sueño era ser rico y lo materializó mediante el siniestro negocio de la trata de esclavos. Se convirtió así en un poderoso y rico hacendado, dueño del mayor central azucarero, de los cañaverales más extensos, de los mejores esclavos.

Franz Rosell demuestra que la literatura para niños y adolescentes no tiene por qué esquivar asuntos que, de entrada, resultan especialmente dolorosos. Pero las intenciones que lo animaron no fueron las de escribir una novela histórica, ni tampoco una obra didáctica. Él mismo lo ha aclarado, al expresar: “Me parece importante insistir en que La leyenda de taita Osongo toca las problemáticas de la esclavitud y el racismo sin las intenciones pedagógicas y morales que suelen lastrar tanto libro sobre este y otros temas importantes. Yo creo que cuanto más importante y serio es el tema que se aborda en un libro, más cuidada ha de ser su forma y más atractiva su trama; no es porque el asunto es grave que debe necesariamente ser abordado con solemnidad y por la única vía del realismo”.

En La leyenda de taita Osongo, también se cuenta la historia del amor imposible entre Alma, la hija de Severo Blanco, y Leonel, un joven esclavo. Juntos comenzaron a gatear, a balbucear las primeras palabras, a corretear por la galería de la casona. Leonel era el único niño con quien la hijita del amo podía encontrarse todos los días. Crecieron. Ella se convirtió en la joven más bella y rica de la comarca y él, en el calesero más gallardo y habilidoso. Cuando se dieron cuenta de que se amaban y tomaron la decisión de huir, contaron con la ayuda de Taita Osongo. Este conocía el lenguaje de los animales y tenía tratos singulares con las plantas, de manera que unos y otras obedecían de buen grado sus deseos.

La decisión de Franz Rosell de no hipotecar su libro a la historia ni a los fines formativos demuestra que fue una opción inteligente. Lo digo porque le ha dado autonomía literaria y un alcance que excede los límites insulares. No es un documento sobre el tráfico de esclavos africanos en América, sino una narración que habla del racismo, la injusticia y la explotación de unos seres humanos por otros. Eso además permite que sea leída como una novela de aventuras, capaz de interesar a públicos muy diversos. Otro acierto a destacar a su autor es el no haberla sobrecargado de ingredientes etnográficos y folclóricos, un defecto que lastra a algunos textos de temática afrocubana y los hace poco comprensibles para quienes no están familiarizados con ella.

De las líneas anteriores puede deducirse que La leyenda de taita Osongo es un libro cuya lectura resulta muy disfrutable. Cumple además el requisito básico de toda obra literaria que de veras lo sea, que es el de estar bien escrito. Quiero decir, con una prosa que en sus mejores páginas destila claridad y belleza: “Antes de que la noche perfumada y fresca se posara, ya los viajeros estaban alojados en la cabaña redonda que tenía la aldea en su centro para albergar huéspedes. Los navegantes pudieron lavar los males de sus cuerpos en el agua milagrosa de unos cocos de cáscara azulada, saciaron su hambre y sed, antiguas y dolorosas como llagas, con las carnes de aves y peces de leyenda, con legumbres delicadas como frutas, y frutas perfumadas como flores. Y pudieron al fin dormir plácidamente, en hamacas que tejían, con el algodón etéreo de las ceibas, muchachas embelesadas por su primer beso de amor”.

La leyenda de taita Osongo es, en suma, un libro que narra una historia atractiva en la cual se habla de asuntos serios.