Actualizado: 05/12/2022 11:09
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Cine, Almodóvar, Arte 7

Tres para cerrar el año

La sorpresa del año para Roberto Madrigal, el crítico cinematográfico de CUBAENCUENTRO, ha sido Drive My Car, la monumental y a la vez minimalista obra escrita y dirigida por Ryusuke Hamaguchi

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Como era de esperarse, en los últimos dos meses ha sobrevenido una avalancha de presentaciones (estreno es hoy en día una palabra discutible, ya que los filmes se presentan en distintas plataformas además de en los cines) de películas que aspiran a ganar premios de la crítica o presentarse a los óscares. Son por lo general, obras de cineastas importantes que las distribuidoras mantienen escondidas hasta el último minuto del año con el objetivo de mantener el interés, para que no sean olvidadas si anteceden a otras demasiado temprano. Son muchas, por lo que me voy a limitar a resumir tres, someramente, de directores importantes o que han sido recibidos encomiásticamente por la crítica.

No me cabe la menor de que Pedro Almodóvar es uno de los cineastas más importantes de las últimas décadas. Almodóvar deconstruyó y remodeló el cine de Lubitsch. Sus filmes usan una narrativa en la cual, la comedia y el melodrama, se cruzan de forma que se convierten en una unidad que utiliza el lado cursi del melodrama, lo aligera con el humor y lo devuelve al espectador con una fuerza transgresora que trasciende ambos géneros. Ha germinado un batallón de imitadores, que todos fracasan en sus intentos, porque Almodóvar es inimitable.

Sin embargo, quizá debido al peso de la responsabilidad que conlleva el éxito, en los últimos filmes (La mala educación, Los abrazos rotos, Julieta, Los amantes pasajeros, Dolor y gloria) se ha comenzado a tomar demasiado en serio, su sentido del humor ha perdido garra, se ha vuelto obvio y condescendiente, convencional y conformista, adoptando patrones de producción aceptados y aceptables por y para el radical chic de hoy.

Madres paralelas, su vigésimo tercer largometraje, contiene todos estos defectos y más. El filme ha sido alabado por la crítica comme il faut, pero ello se debe a que toca todos los temas significativos, la memoria histórica en España, un romance lésbico, la médula de la identidad maternal y la responsabilidad social del individuo, en fin, todo un batido de vanguardia, pero de vanguardia solamente tiene la superficie.

El filme está narrado como un melodrama de crónica roja con consciencia social, montado de una manera falsa y demasiado manicurada. La relación entre estas dos madres que un día fatídico coincidieron en una sala de maternidad para dar a luz a dos productos de embarazos accidentales, parece más incestuosa que otra cosa. Para colmo, el desarrollo argumental es lento y reiterativo y los personajes son estereotipos que existen para justificar el mensaje del director. El toque político es simplón y paternalista.

Penélope Cruz y Milena Smit hacen lo que pueden con personajes que parecen pasquines. Curiosamente, es posible que Cruz se gane una nominación al Oscar. El resto de los personajes, y en consecuencia los actores, importan muy poco en este guion escrito por el propio realizador. La fotografía del extraordinario José Luis Alcaine parece hecha para un libro de postales o un documental turístico. Este es el peor filme que he visto de Almodóvar, y ni siquiera puede calificarse como un mal filme de un gran director, lo cual lo elevaría. Es simplemente un mal filme.

E stata la mano di Dio (The Hand of God) es una memoria fictiva de la adolescencia de su director, Paolo Sorrentino. El filme transcurre en un momento de 1984, año en que el equipo de fútbol de Nápoles contrató a Maradona, y relata el coming of age de Fabietto, quien está al terminar la escuela secundaria y quiere decidir su futura carrera. Como todo filme que narra el paso de la adolescencia a la adultez, se nos muestran las frustraciones sexuales, las relaciones familiares y las amistades. En medio de la alegría por el contrato de Maradona, Fabietto es tocado por la tragedia y debe hacerse inmediatamente responsable de su futuro.

Sorrentino siempre ha sido un director que se caracteriza por la fuerza visual de sus obras (The Consequences of Love, The Great Beauty, Youth) y aquí continua con esa virtud suya que lo distingue de sus colegas. A pesar de abordar un género trillado, Sorrentino se las arregla para buscar un ángulo diferente a su tema y las peripecias y desventuras de Fabietto resultan interesantes.

Bien actuada y bien narrada, la cinta desarrolla una trama imaginativamente elaborada sobre temas universales, con un discurso sutil. Las actuaciones de Filippo Scotti como Fabietto, de Toni Servillo como el padre, de Teresa Saponangelo como la madre y de Luisa Ranieri como la tía Patrizia, son todas excelentes. La fotografía de Daria D’Antonio usa las tonalidades precisas para dar la imagen de la época y el guion del propio director fluye sin restricciones preconcebidas.

Sorrentino siempre ha sido un gran admirador de Fellini, quien ha influenciado toda su obra de varias maneras, pero que el realizador ha digerido muy bien. El único problema de este filme, que es muy bueno, es que la sombra de Fellini se nota demasiado. Hay un exceso de personajes que parecen sacados de, por ejemplo, Amarcord, y en este caso, la influencia no ha sido bien elaborada. Además, Fellini mismo es una referencia constante que se vuelve demasiado machacona.

La sorpresa del año para mi ha sido Drive My Car, la monumental y a la vez minimalista obra escrita y dirigida por Ryusuke Hamaguchi, basada en un cuento breve de Haruki Murakami. Esta es la primera obra que veo de este realizador quien, a pesar de ser prolífico y muy galardonado, no ha llegado ampliamente a estas costas por esos caprichos inexplicables de las distribuidoras.

La trama gira alrededor de Kafuku, un exitoso director de teatro, famoso, entre otras cosas, por interpretar y dirigir Tío Vania, la obra de Chejov, quien está casado con Oto, una guionista que utiliza sus relaciones sexuales como inspiración para sus guiones. Un día Kafuko llega a la casa y se la encuentra teniendo sexo con un joven actor. Ella está tan ensimismada que no ve a Kafuko, este se va y deambula por la ciudad. A regresar tarde a la casa encuentra que su mujer ha muerto de una hemorragia cerebral.

Un tiempo después, Kafuko obtiene un contrato para dirigir una versión del Tío Vania, en Hiroshima. Debido a problemas contractuales, le asignan una chófer para que le conduzca su auto. Un Saab rojo por el cual el dramaturgo tiene especial predilección. Kafuko ha escogido para interpretar a Vania, al joven actor que vio con su mujer. Mientras tanto, va desarrollando una relación muy particular con su chófer, una joven que bien pudiera ser su hija.

Pero esto es solo el hilo argumental y la superficie del tema, porque el filme va desarrollando una multitud de temas paralelos que se van hilvanando poco a poco. Hamaguchi narra con el ojo por el detalle de un novelista. Con gran sutileza toca temas como la relación entre el arte y la vida, el sentido de culpabilidad, las relaciones humanas, la incomunicación y los sentimientos de frustración y venganza. En una época de tribalismo cultural, Hamaguchi se atreve a exponer la universalidad de ciertas ideas y la importancia del mestizaje cultural. Es un filme en el cual las ideas existencialistas fluyen y se expresan con sencillez y sofisticación. Tiene muchos niveles de lectura y de interpretación.

Las actuaciones, de un elenco en el cual hay actores japoneses, coreanos, filipinos y taiwaneses, son muy buenas y pulidas, con un estilo contenido que expresa una diversa gama de emociones subterráneas que van aflorando a pesar de ellos mismos. La fotografía de Hidetoshi Shinomiya capta perfectamente las emociones de los personajes y subraya la fuerza dramática con la que contribuyen los paisajes. El encuadre de eas escenas iniciales de los encuentros sexuales, recuerdan mucho a In the Realm of the Senses, de Nagisa Oshima. A pesar de que dura tres horas, y que se toma su tiempo para desarrollar sus temas, el filme no aburre ni se siente lento.

La obra ha sido merecidamente premiada en los festivales de Chicago y Cannes, así como por las asociaciones de críticos de Washington, Los Angeles y Nueva York entre muchos otros honores y es la representación japonesa para ser considerada como mejor filme en lengua extranjera en los óscares. Es una joya de película.

Madres paralelas (España/Francia, 2021. Guion y dirección: Pedro Almodóvar. Director de fotografía: José Luis Alcaine. Con: Penélope Cruz, Milena Smit, Rossy de Palma, Israel Elejalde y Aitana Sánchez-Gijón. De estreno en algunas ciudades de Estados Unidos y en algunas plataformas de streaming.

The Hand of God (Italia/Estados Unidos, 2021). Guion y dirección: Paolo Sorrentino. Director de fotografía: Daria D’Antonio. Con: Filippo Scotti, Toni Servillo, Luisa Ranieri y Teresa Saponangelo. Disponible en Netflix y de estreno en algunas ciudades de Estados Unidos.

Drive My Car (Japón, 2021). Dirección: Ryusuke Hamaguchi. Guion: Ryusuke Hamaguchi y Takamasa Oe, basado en un cuento corto de Haruki Murakami. Director de fotografía: Hidetoshi Shinomiya. Con: Hidetoshi Nishijima, Toko Miura y Reika Kirishima. De estreno en algunas ciudades de Estados Unidos. Disponible a través de Amazon Prime.


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