Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Un duelo comienza

Alicia Alonso se niega a entregar el mando a alguien con la capacidad y la visión necesarias para salvar de la crisis al BNC.

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Tras la muerte de Josefina Méndez, quién era considerada una de las cuatro joyas del Ballet Nacional de Cuba (BNC), bailarina de gran reconocimiento internacional y figura de peso en las decisiones de la compañía, ha surgido la interrogante, compartida por bailarines, maestros, aficionados al arte y público en general, de quién ocupará junto a la mítica Alicia Alonso la dirección del BNC, cuando desde hace tiempo se palpa el deterioro y, sobre todo, el descontento en sus filas. Ahora que la figura de mayor respeto yace bajo tierra, incluso desde que agonizaba en un hospital, los bailarines sufren el peso del egoísmo de su directora.

La ausencia de visión de la primera dama —prima ballerina assoluta de Cuba— afecta a la mayoría de los miembros y privilegia a un pequeño grupo que sólo persigue la defensa de sus intereses y gustos íntimos. Aquel decir tan hermoso de los Alonso, en la época en que proclamaban que el ballet no era de nadie en específico sino del pueblo, que bailaba, ha quedado mancillado por la actitud dictatorial de quien pretende ser más que un ejemplo de bailarina y sólo ha conseguido convertirse en una caricatura a la que el mundo rinde tributos por su glorioso pasado sobre las tablas. Parece que quisiera enterrar al ballet con ella, pues se niega a entregar el mando a alguien con la capacidad y la visión necesarias para devolver al BNC la tranquilidad y el esplendor de cuando los Alonso trabajaban en equipo y ella únicamente se dedicaba a lo que sabía hacer mejor: bailar.

No es un secreto que Alicia Alonso dirige tal y como bailó en los últimos tiempos de su carrera, dejándose guiar por la voz y los ojos de los partenaires que se arriesgaban a compartir la escena con ella. No puede corregir a uno solo de sus bailarines, ha escuchado mencionar el nombre de las primeras bailarinas: Viengsay Valdés, Anette Delgado, Bárbara García, Hayna Gutiérrez, pero no podría decir cuál es más apta para el estilo romántico o más apropiada para un clásico específico. De hecho, si Dios le concediera cinco minutos de visión, se horrorizaría con cada estilo y posición que ya hoy no están como ella misma los bailó hace cinco décadas. Las personas que la rodean construyen un sinfín de imágenes para ella, imágenes a conveniencia, que al no corresponderse con la realidad disgusta a los implicados.

En grave peligro

En los últimos tiempos hemos visto ocupar posiciones relevantes dentro de la compañía a parejas íntimas de los actuales partenaires de Alonso en la dirección, artistas que aún no han demostrado una calidad técnica suficiente para ocupar los lugares de solistas y primeros bailarines. Se ha sufrido la pérdida de muchos talentos a los que ella luego achaca problemas político-ideológicos y no desavenencias con su estilo de dirección, que es lo primero que estos cubanos, a mucha honra porque quieren seguir siéndolo, declaran y demuestran a su llegada a otros países.

Lo más triste es que pretenda ignorar que quienes le rodean la degradan como figura de la cultura universal, pues hacen y deshacen (muchísimo) en nombre de ella. No hay respuesta tan ridícula como esta: "este elenco se mantendrá así porque lo decidió Alicia", y tener que tragarse el cuento de que la directora ciega considera que una chica que nunca ha visto es mejor que otra que jamás verá.

También debería resultar extraño que dos intelectuales y joyas de la danza universal como Loipa Araújo y Aurora Bosch prefieran pasar la mayor parte del tiempo en el extranjero, trabajando en compañías donde las valoran mejor, no sólo financieramente. Es sabido que a la assolutta nunca le agradó tener sombra y mucho menos alguien que la superara. Araújo o Bosch le tomaron la delantera desde que realizaron estudios universitarios y se adentraron en las problemáticas de la cultura universal, más allá de la danza, y optaron por pensar el paso, la coreografía, el repertorio, la historia, la educación, la política, la economía de los países. Ellas, sin duda, son las más indicadas para dirigir el ballet en Cuba, aunque en estos momentos lo que queda es salvarlo. Pero difícilmente Alicia y los que de ella viven permitan algo semejante, para desgracia de la nación cubana.

Los tiempos de Fernando, Alberto, Alicia Alonso y las cuatro joyas murieron o agonizan en grave peligro. De nada sirve tener una superescuela, como se ostenta y no en vano, si cuando los jóvenes ingresan a la compañía sufren los más diversos traumatismos y vejaciones. Si los elencos y los ascensos son injustos, los salones no alcanzan y las clases y ensayos decaen en horas y nivel. El dinero de la escenografía es empleado en vestir a gusto a la primera dama, con seda y adornos de los más finos y caros, del tipo que los salarios de toda una vida de un trabajador comunista alcanzarían a pagar.

Con razón tiene que preocupar a las nuevas generaciones de artistas, y a los intelectuales cubanos, a todos los amantes de la danza y defensores del patrimonio cultural de Cuba, la situación de la compañía insigne del ballet en la Isla. Esta merece respeto y ni la propia directora se respeta al permitir tamaños insultos.

Recuerdo que hace poco más de veinte años, desde el escenario del Gran Teatro de La Habana, el historiador de esta capital, Eusebio Leal, hablaba del BNC como una diadema que coronaba a la nación con muchas estrellas. Desde entonces esa diadema ha perdido piedras de gran valor y las pocas que quedan van cayendo una a una por la tozudez de quien hoy desbarata con la cabeza lo que hizo con los pies.


Alicia Alonso con el cuerpo de baile del BNC en la última edición del Festival de La HabanaFoto

Alicia Alonso con el cuerpo de baile del BNC en la última edición del Festival de La Habana. (AP)

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