Actualizado: 26/11/2020 16:04
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Literatura

Un escritor y algo más

A propósito del cuarto aniversario de la muerte en Madrid de Jesús Díaz.

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Jesús Díaz fue el primer escritor verdadero que vi en carne y hueso. Yo tenía 15 años, escribía desde muy niño, leía montones y montones de libros, pero hasta entonces sólo había visto a mediocres poetas de mi Camagüey natal.

Unos meses antes me había mudado para La Habana, para estudiar en una escuela en Tarará. Y poco más tarde me gané un premio de cuentos en un concurso que la revista El Caimán Barbudo había convocado para su primer número. Esa fue la gran sorpresa de mi vida. Fui a un local en El Vedado para recoger mi diploma y mi dinero; creo que eran 50 pesos, lo que para mí significaba una fortuna.

Yo nunca había oído hablar de Jesús Díaz, el director de aquella nueva revista, con quien hablé por teléfono y me dio cita en aquella casona. Cuando llegué estaba en un portal, fumando, gesticulando, discutiendo con dos o tres personas. Yo estaba muy nervioso y recuerdo, como en un sueño, que primero bromeó mucho conmigo, porque yo era prácticamente un niño. Lo miraba perplejo porque nunca había conocido a alguien así, que derrochara tanta energía en las palabras y los movimientos.

Después me entregó el dinero y el diploma, y por último empezó a elogiar mi cuento. Pero no pudo acabar el elogio: en ese instante alguien vino a decirle que se había ganado el premio Casa de las Américas. Entonces abrazó al hombre que le había dado la noticia, se puso a dar brincos y luego me cargó y me elevó como si yo fuera un muñeco. No fue una proeza física: yo pesaba cuando más 100 libras.

Después de soltarme me dejó con la palabra en la boca, cuando trataba de felicitarlo. Se fue a toda carrera, como era natural, a compartir su alegría con otra gente, y se olvidó de mí. Fue la única vez que lo vi en Cuba. Fueron quince minutos, tal vez veinte.

Reencuentro

Luego pasaron casi 30 años. En una novela o un relato, esta breve oración sería un golpe de efecto. Pero la vida de uno no es ni una novela ni un relato.

Cuando uno dice casi 30 años, cuando cualquiera dice casi 30 años, o para hablar de mí, de Jesús, de muchos de nosotros los cubanos, déjenme precisar, cuando un cubano de estos tiempos dice "pasaron casi 30 años", y no quiere decir qué pasó en ese tiempo, simplemente dice "pasaron casi 30 años" y ya está, uno sabe que no es un golpe de efecto. Uno entiende.

Alrededor del año 1992, casi 30 años después de aquel feliz encuentro, porque sin duda fue feliz para ambos, por razones distintas pero parecidas, y además ninguno de los dos podía prever qué ocurriría en esos 30 años que iban a pasar; en el año 1992, repito, alguien me dijo que Jesús Díaz había escrito una buena novela. Él vivía en Alemania en ese entonces, y era evidente que no pensaba regresar a Cuba. A mí me dieron ganas de leer su novela.

Tengo que confesar que los cuentos de Los años duros, que leí tan pronto se publicaron en el 66 o en el 67, nunca me gustaron del todo. Estaban bien escritos, eso sí; sin duda, aquel hombre que me había dado los 50 pesos, aquel hombre que me cargó, era un escritor, el primero que había conocido. Pero al leerlos me quedé esperando algo más de él, de su literatura.


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