Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Cuba, Intelectuales, Cambios

Un libro conveniente para tiempos difíciles

A propósito de Cuba, los cambios necesarios, de Marlene Azor Hernández

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Con el prólogo, siempre estimulante, del general Rafael del Pino, Marlene Azor ha puesto a nuestra disposición un libro tan necesario como los cambios que reclama para Cuba. Es el segundo libro reciente de la Dra Azor. El primero, Discursos de la resistencia, constituyó un análisis revelador sobre las prácticas y discursos de la oposición y la crítica anticastrista en Cuba, en lo que la autora explicó como “…una pequeña apertura en el muro del silencio que rodea a Cuba”.

El de ahora, los cambios necesarios… es una mirada más amplia y versátil. Se trata de un libro en que la Dra. Azor combina un análisis sagaz y profundo —del que siempre nos hemos beneficiado con sus publicaciones en varios medios digitales dedicados al tema cubano— con un estilo directo y ameno que agradecemos. Más aún en un medio que, como el cubano, parece asediado por los mensajes crípticos, las vueltas retóricas, el doble discurso y los pedidos de permisos a que obliga el largo brazo del totalitarismo en retirada.

Debo aclarar que no estoy de acuerdo con algunas afirmaciones de Azor. Pero, en aras del espacio disponible, prefiero dejar este asunto para una buena discusión bilateral en la imprescindible Ciudad de México. Y concentrarme ahora en los alentadores recovecos del libro.

El libro se compone de 52 artículos y un epílogo, los primeros publicados en CUBAENCUENTRO durante 2011 y 2016. Han sido ordenados en cinco partes, remitidas a los temas de la coacción intelectual, el secuestro de la soberanía, el estado totalitario, los tiempos agónicos de la reforma y el partido comunista. No es un libro académico —afortunadamente— pero sí un discurso intelectual polémico y agudo que habla del compromiso de la autora con un orden democrático, inclusivo y pluralista en Cuba. Y que selecciona como interlocutor a un lector no especializado en la esotérica sociológica, pero conocedor y entendido.

Si tuviera que optar por una de las partes, sin lugar a dudas lo haría por la primera, referida al mundo intelectual, que Azor conoce bien porque proviene de él.

Me pareció, por ejemplo, concluyente su crítica al director de la revista Temas, un hombre inteligente y culto, lo cual lo hace severamente culpable cuando hace galas de una profesión oficialista vergonzosa que desdice su propia obra anterior. O la manera elegante como trata a otras figuras que incursionan en los predios intelectuales provenientes de los medios nada intelectuales de los servicios de Inteligencia del Ministerio del Interior, como es el caso, para poner un ejemplo, de Arturo López-Levi.

No menos relevante me parecen sus análisis sobre ese espacio difuso que en algún lugar he denominado como crítico consentido, y que tuvo su momento más significativo en la revista Espacio Laical, intervenida definitivamente en 2014. Y lo es, porque siendo este campo político tan indefinido en sus posturas frente a otros actores del panorama nacional —digamos que por un lado el oficialismo y por otro la oposición— resulta un tema expuesto a deslizamientos fatales. Creo que Marlene consigue un justo y difícil equilibrio que los lectores podrán apreciar

Sin embargo, creo que en su próximo libro, que esperaré con agrado, Marlene Azor debe mirar más detenidamente a toda una producción intelectual y académica que existe, y sigue batiendo alas en la Cuba contemporánea. Desde los cenáculos universitarios o simplemente desde la magra autonomía que el totalitarismo en retirada permite, se está produciendo un pensamiento vigoroso, regularmente de jóvenes auténticamente post-revolucionarios. Algunos de ellos provechosamente transnacionales (¿acaso no es la admirable Tania Brugueras un resultado de ello?). Y que están tocando temas tabúes —relaciones étnicas y de género, pobreza, migraciones— aparentemente subpolíticos, en realidad sigilosamente políticos. Están pasando, en resumen, por encima de las tribunas fragmentadas y sectarias sin pelear con ellas, simplemente desconociéndolas.

No menos relevante es el reconocimiento que la Dra. Azor hace de la oposición cubana como un actor político auténtico. No importa ahora que posición política sustenten: sencillamente son cubanos y tienen derecho a opinar, participar y querer cambiar el sistema político insular. La idea del diálogo está presente en toda la obra, pero de un dialogo realmente inclusivo, que supere la fragmentación intransigente que hoy sigue dividiendo a los actores críticos cubanos en beneficio del régimen autoritario que todos afirman querer cambiar. Es lo que afirma de manera precisa:

“La postura negociadora —escribe Azor— de proponer un diálogo constructivo es muy valiosa y facilita la comprensión de los diversos intereses en juego. Sin embargo, puede ser grave como postura si no tiene en cuenta a los excluidos de la negociación… Conozco a muchos intelectuales y activistas cubanos que mantienen esta postura frente al gobierno como la manera más adecuada para lograr respuestas positivas a sus demandas y coincidiría con ellos plenamente si no excluyeran los derechos de los demás y sobre todo si no hicieran silencio frente a los mecanismos represivos contra ellos mismos y contra los demás”.

Felicito sinceramente a Marlene Azor por este libro. Ojalá las contingencias permitan su circulación en Cuba. Ojalá que esos actores que quieren un cambio, lo lean. Y ojalá que esto sea solo el primero de otros aportes que tanto necesita la sociedad cubana, en la isla y en la emigración. Y que definen a la Dra. Marlene Azor Hernández como uno de los valores intelectuales imprescindibles de nuestra sociedad.

El libro, así como su antecesor Discursos de la resistencia, puede encontrarse y ser adquirido en versión impresa en Amazon.com. Su lectura vale la pena.


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