Actualizado: 20/07/2018 16:13
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Literatura, Literatura cubana, Novela

«Un loco sí puede»: lo mejor de Félix Luis Viera

Una obra que trata de libros, lugares y locos

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Los libros se alinean en los archivos de la mente junto a las ciudades donde los leí por primera vez. San Diego siempre será The Bluest Eye. Taos, Las horas del alma. Aquí en Hobbs hay dos libros que me han dado la bienvenida: Dressed for Winter, de mi colega Peter Mladinic, y Un loco sí puede, la más reciente novela de Félix Luis Viera, publicada por la española Editorial Verbum.

Reencontrarme con La Habana en medio del suroeste nuevo mexicano fue un ejercicio de otredad. Rodeada de gentes que no hablan español, recién llegada a esta esquina del mundo, qué delicia entrar de cabeza en la Cuba de la década de 1960, aun cuando la época como tal tuvo poco de deliciosa para quienes les tocó sufrirla.

En la novela, la historia y la meta historia van de la mano. Ya desde el comienzo se insinúa cierto libro que está escribiendo el narrador: (“‘Anótalo todo lo mejor posible. Yo luego, como siempre, enmiendo y doy lustre’. Me dijo Leticia cuando regresé al otro día”), manuscrito que termina en las manos de otro personaje, que le promete su publicación.

Pero entre la sugerencia (u orden) de escribir dada al narrador por su amante y la conclusión de la obra pasa mucho. Pasa todo un período lleno de confusiones, muertes, desgarros y, al menos para el narrador, mucho sexo. Lo que podría ser, y en ocasiones es, una historia triste (una patada de su padre tira a un joven que soñaba con ser “científico de algo” cuando cursaba el Instituto de Segunda Enseñanza “hacia el otro lado de los sensatos a tiempo completo”) se convierte en una orgía donde los personajes buscan un refugio del caos que los rodea mediante una huida a sus propios cuerpos, o a los de los demás.

Mención aparte merece el estilo, muy a lo Félix Luis Viera, que sus lectores y sus fans reconocerán de inmediato —las oraciones largas, como de conversa; el regodeo en el idioma; la complicidad con el lector a través de los diálogos… Es el estilo inconfundible de Un ciervo herido y El corazón del rey, pero aquí sublimado, concentrado y dando lo mejor de sí.

El loco y los otros

El narrador (cuyo nombre no se menciona) aparece de adolescente en el Parque Central viendo pasar la vida. La suya, y la de los personajes que giran alrededor de él, sigue la evolución, o involución, del país desde 1955 hasta mediados de los sesenta. Los personajes secundarios están bellamente trazados, como la pareja de Ignacia y don (más tarde, Compañero) Galletano, cuyos chispeantes diálogos están entre las páginas más divertidas de la obra.

Otra a la que no hay que quitarle el ojo es Leticia, descendiente de una familia “de largos apellidos.” Hija del jefe de la policía (fusilado al triunfo de los rebeldes), Leticia, psicóloga recién graduada, se queda en el país por motivos cuya explicación dejo para que la descubra el curioso lector. Pero cualquiera que estos sean, no le impiden fornicar a raudales con el paciente-caso humanitario-suministrador de historias en que convierte al narrador.

En cuanto a éste, originario de un barrio llamado las Chinches Perdidas, no idealiza la sociedad cubana de antes de 1959, pero tampoco se anda con remilgos a la hora de describir lo que vino después. Hay episodios como el del cambio de dinero que parecen sacados de una distopía: “Cada cubano, a partir de hoy, solamente puede contar con 250 pesos, de los nuevos, los otros billetes desde ahora serán viejos, sin validez.” En la cola para el trueque, un hombre termina con las tripas afuera. Otro pasaje post apocalíptico es la peregrinación del narrador, Leticia y la madre de ésta buscando el cadáver de su padre fusilado, entre muertos a quienes un ratero les roba los zapatos. Todo ello visto a través del lente de la locura.

Pero ¿cuán bien enfocado está el lente? ¿Está loco el loquito o es menos loco de lo que se hace?

Locura y confiabilidad

El término “no confiable”, acuñado por el crítico literario Wayne Booth, se aplica a un narrador a quien el lector no debe creerle todo lo que diga, ya sea porque aquél no tiene todas las claves de la historia (Rebecca) o porque está mintiendo a sabiendas (El asesinato de Roger Ackroyd, Gone Girl). Aquí debo agregar que en Cuba el término “confiabilidad” tiene una acepción particular. Es “confiable” quien apoya al Gobierno, quien va a las guardias de los Comités de Defensa de Revolución de la cuadra (CDR), y quien, en su momento, delata al enemigo real o imaginario.

La locura del narrador que nos ocupa lo coloca en la categoría de “no confiable” desde el inicio. Y éste es uno de los valores de la novela, que el lector se ve obligado a preguntarse, a cada página y a cada parlamento, si lo que está leyendo debe tomarse al pie de la letra, con pinzas o con cautela extrema.

Por otro lado, nada se salva de la lengua afilada de un loco que opina de todo y de todos, aun cuando no se sepa con qué sinceridad. Nada se salva, no. Ni la literatura, pues le espeta a su médico psiquiatra: “Yo últimamente he leído novelas escritas por cuerdos que tal parece las escribió un loco. No se entiende ni cojones, ¿ve?”

Para acabar de complicar las cosas, se descubre al final que el “verdadero” autor del libro no es quien lo cuenta. Al decir de otro personaje (muy poco confiable, por cierto), se trata de “un escritor de talla gran amigo mío, que ya por mí se sabe casi toda la historia y anda muy entusiasmado… al seguro que le va a quedar buena, al seguro.

—¿Y cómo se llama ese hijoeputa?

—Te digo su seudónimo: Xilef Siul, así firma sus libros.”

Muy apropiado este Cide Hamete Benengeli criollo con su guiño cómplice porque ¿acaso no se trata de la novela de un loco, como el Quijote?

Félix Luis Viera nos va despertando las ansias de conocer los porqués y los por cuántos de Un loco sí puede, y ya en los finales, de pronto, se podría decir, nos sacude con verdaderas sorpresas en los cierres de la historia y el derrotero de sus personajes.

Leer esta novela, intensa, por momentos desgarradora, en otros repleta de humor y carnalidad, resulta asimismo una tarea amena y a la par enriquecedora en varios aspectos.

Un loco sí puede, 176 páginas, Editorial Verbum, España, 2017. https://editorialverbum.es/producto/un-loco-si-puede


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