Actualizado: 29/11/2022 11:37
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Annie Ernaux, Cine, Arte 7

¿Un París para todos?

Dos películas que no están logradas por completo, pero que resultan de interés

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Dos películas recientes que, vistas en conjunto, dan una visión esquizofrénica de París. Por un lado, el centro, la ciudad elegante, atractiva, la que buscan los turistas, con toda su riqueza artística y arquitectónica. La otra, la ciudad de las afueras, los banlieus, esos suburbios de edificios prefabricados, de arquitectura indistinguible y poblados mayormente por inmigrantes del norte de Africa, el Magreb, ese territorio que mayormente fuera de colonias francesas.

No es que estos filmes se propongan ofrecer un contraste de lo que parecen ser los bantustanes del siglo veintiuno, ni que sean los primeros en mostrar estas realidades. No creo que ni siquiera es la intención de al menos uno de los directores, pero es la impresión que dan cuando se ven consecutivamente. Es que representan una realidad muy evidente de la Europa Occidental de hoy.

En Simple Passion basada en la novela homónima de Annie Ernaux, la flamante ganadora del Premio Nobel de Literatura, Helene, una profesora de literatura, divorciada, quien vive con su hijo en una moderna mansión, que más adelante sabremos que está costeada por la pensión que le pasa su exmarido mensualmente, se involucra apasionadamente en una relación fatua con un “diplomático” ruso.

Helene se envuelve en una obsesión sexual que la va absorbiendo gradualmente y le va afectando su vida en todas las esferas, inclusive descuida sus deberes como madre y como profesional. Lo interesante de la historia es que está contada desde el punto de vista de la mujer, quien en ningún momento se percibe como víctima, ya que lo es solamente de sus propios deseos y su descontrol.

Escrita y dirigida por Danielle Arbid (Beirut, 1970), cuyos cuatro largometrajes anteriores desconozco, el filme se vuelve prisionero de su propia trama y no trasciende en los diferentes temas que toca. Es posible que ese enfoque de tono menor es el que perseguía la cineasta, pero su desarrollo tiene demasiada poca emocionalidad, incluso cuando quiere subir el nivel dramático de algunas secuencias.

La actuación de Laetitia Dosch, prácticamente en su segundo rol protagónico de peso, es muy buena y si no es mejor es debido a las limitaciones que el guion le impone a su personaje. Igualmente, el ucraniano Serguei Polunin (Red Sparrow, Murder in the Orient Express) ejecuta con eficiencia su papel como el amante ruso, sin muchas exigencias dramáticas. La fotografía de Pascale Granel mantiene una tonalidad de mucho brillo, pero utiliza algunos cambios de iluminación interesantes. Las referencias temáticas e intertextuales a Hiroshima Mon Amour, caen un poco en el vacío debido a esa poca trascendencia argumental.

El otro París, el invisible al turista, viene representado en Athena, el tercer largometraje dirigido por Romain Gavras, quien escribió el guion en colaboración con Elias Belkeddar (Cabeza madre) y Ladj Ly, el director y guionista nativo de Mali y que nos dio Les Miserables, una excelente película a la cual este filme debe mucho.

En uno de esos suburbios pobres parisinos, un gran grupo de jóvenes de ascendencia magrebí, crean una rebelión violenta contra la policía tras el asesinato de un niño de 11 años, ya que estos supuestamente lo mataron, aunque no se sabe a ciencia cierta. Tres hermanos del difunto se ven involucrados en la reyerta.

Abdel, militar que acaba de regresar tras prestar sus servicios en el conflicto en Mali y está del lado de la autoridad, Karim, el organizador principal del levantamiento y Moktar, el mayor, quien es un narcotraficante, queda atrapado en los disturbios y solo le interesa salir de allí con su droga. Los roles van a ir cambiando poco a poco.

La película utiliza, sobre todo al principio, largos planos secuencias que mantienen un excelente efecto dramático, usando cámara en mano para crear una tensión de carácter casi documental. Las escenas de violencia están muy bien coreografiadas y el ritmo gana en intensidad en los primeros 40 minutos. Toca temas interesantes, como las colisiones entre las lealtades familiares, las lealtades políticas y los fenómenos sociales, así como las contradicciones entre los intereses comunitarios y los intereses personales en un clima político combustible.

Sin embargo, a medio camino cambia la narrativa cinematográfica agresiva por una más convencional y va olvidando los temas que la hacían interesante y se derrite en un melodrama familiar sin mucha importancia, convirtiendo el discurso en algo trillado y previsible.

Las actuaciones de Dali Benssalah como Abdel, Sami Slimani, en un impresionante debut como Karim y Ouassini Embarek como Moktar son impactantes. Anthony Bajon, en un rol más limitado como el policía que queda atrapado en los disturbios, el único personaje “blanco” del filme, un tipo confundido por todo lo que sucede a su alrededor, está bien.

La fotografía de Matias Boucard, que viene del mundo de los video-clips, es excelente y se convierte casi en uno de los personajes más importantes del filme. La trama no sería comprensible sin los encuadres y movimientos que utiliza Boucard.

Son dos filmes que se quedan cortos en sus perspectivas. Tramas fallidas. Pero ambos muy bien hechos y de interés.

Simple Passion (Francia/Bélgica, 2020). Guion y dirección: Danielle Arbid (basada en la novela homónima de Annie Ernaux. Dirección de fotografía: Pascale Granel. Con: Laetitia Dosch y Serguei Polunin. Disponible en Prime Video.

Athena (Francia, 2022). Dirección: Romain Gavras. Guion: Elias Belkkader, Ladj Ly y Rmain Gavras. Dirección de fotografía: Matias Boucard. Con: Dali Benssalah, Sami Slimani, Ouassini Embarek y Anthony Bajo. Disponible en Netflix.


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