Actualizado: 04/10/2022 22:11
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CON OJOS DE LECTOR

Un puente, a Remarkable Bridge

Se publica por primera vez en inglés una selección de la obra poética de José Lezama Lima.

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Posiblemente, de estar vivo y si algún periodista lo hubiese interrogado sobre cómo se siente con esta nueva publicación, José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976) hubiera respondido: "¡Hombre! Cómo no voy a sentirme complacido. Me siento como un tirabuzón izado, con el cordel roto por un relámpago, que volviese a caer en las profundices líquidas y de un coletazo ganase el espacio de una cascada". Figurar dentro de una colección que lleva por nombre Poets for the Millennium, junto a André Breton y Paul Celan, no es algo de lo cual muchos poetas de lengua castellana puedan presumir.

Y sin embargo, la publicación de José Lezama Lima. Selections (University of California Press, Berkeley-Los Ángeles-Londres, 2005) se ha hecho esperar largamente. Ve la luz más de treinta años después de que se editó la traducción de su novela Paradiso, realizada por Gregory Rabassa (suyas son también las de Rayuela, La Casa Verde, Cien años de soledad, Bomarzo y Memorias póstumas de Bras Cubas). Ya en vida, Lezama Lima había sido reconocido como uno de los grandes poetas hispanoamericanos del siglo XX. De sus poemas Octavio Paz escribió que "son un océano de formas, un caldo criollo en el que nadan todas las criaturas terrestres y marinas del lenguaje español, todas las hablas todos los estilos". Cuesta por eso entender las razones por las que es ahora, a punto de cumplirse tres décadas de su muerte, cuando los lectores de habla inglesa tienen a su alcance la primera selección de su poesía. Pero en fin, el libro circula desde hace varios meses y es ése el propósito que me ha animado a redactar estas líneas.

Su compilador es Ernesto Livon-Grosman, quien es profesor en el Boston College, y a quien también se debe una antología de la poesía argentina. Su labor en este caso ha sido la de estructurar el volumen, para el cual también escribió una extensa introducción, Transcending National Poetics. A New Reading of José Lezama Lima. Las traducciones al inglés de los poemas de Lezama Lima pertenecen a James Irby, Roberto Tejada, Gary Racz y Nathaniel Tarn. Unas cuantas fueron hechas hace años, y algunas se dieron a conocer en revistas. Otras, fueron encargadas por Livon-Grosman para que formaran parte de su selección.

En el estudio introductorio, Livon-Grosman define brevemente los rasgos distintivos de la labor hecha por cada uno de los traductores. Las versiones de Racz, por ejemplo, corresponden a poemas de la etapa más barroca de Lezama Lima, y en su opinión recrean maravillosamente sus obstáculos y laberintos. Las de Tejada e Irby buscan, ante todo, una transparencia que lleve directamente al lector al centro mismo de los textos, y en ellas ambos logran crear un encanto similar al de los originales en español. Todas esas estrategias, concluye Livon-Grosman, se unen a la variedad de la selección, para componer un complejo panorama de la obra poética de Lezama Lima. Panorama que va del estilo expansivo de Noche insular: jardines invisibles a la calidad casi de haiku de Atraviesan la noche. Su poética, sostiene Livon-Grosman, se mantiene fiel a sus principios, como si el tiempo la hubiera llevado a cierto grado de compresión; pero en la última etapa de la obra lezamiana las imágenes han adquirido un elemento de ligereza. Continúan estando ahí, pero ahora es posible ver a través de ellas.

Para armar lo que constituye el cuerpo central de la antología, el compilador partió del criterio de incluir textos de todos los poemarios de Lezama Lima (excluyó Muerte de Narciso porque recoge en realidad un solo poema). De Enemigo rumor (1941) figuran Una oscura pradera me convida, Noche insular: jardines invisibles, Un puente, un gran puente y Sonetos a la virgen. De Aventuras sigilosas (1945), Livon-Grosman seleccionó Llamado del deseoso. De La fijeza (1949), Pensamientos en La Habana, Rapsodia para el mulo y los diez poemas en prosa que conforman el segundo bloque de ese libro. De Dador (1960) aparecen Para llegar a la Montego Bay, El coche musical y Visita de Baltasar Gracián. Finalmente, Fragmentos a su imán (1977) está ampliamente representado: La madre, Sorprendido, El cuello, Atraviesan la noche, Discordias, Antonio y Cleopatra, El pabellón del vacío, V ieja balada surrealista, Oigo hablar y Se desprendió. En total, treinta poemas que cubren noventa y tres páginas. La selección además está bien hecha, y en general reúne los títulos más significativos de la producción poética de Lezama Lima. Personalmente, sólo echo en falta un par de ellos: Ah, que tú escapes ( Enemigo rumor) y El arco invisible de Viñales ( La fijeza).

Consciente de que nada puede preparar realmente para el primer contacto con la riqueza y complejidad de la escritura lezamiana, Livon-Grosman no limitó su selección sólo a los poemas. Para poner en manos del lector algunas claves de acceso adicionales, incluye también el texto de Confluencias, el ensayo en que Lezama Lima trata de penetrar y arrojar alguna luz sobre su personal concepto de la creación poética. En José Lezama Lima. Selections se reproducen asimismo dos trabajos considerados canónicos dentro de la extensa bibliografía crítica sobre el escritor cubano: la entrevista que Armando Álvarez Bravo le realizó a mediados de los años sesenta y que es parte de su introducción a la Órbita de Lezama Lima (1966); y el ensayo de Julio Cortázar Para llegar a Lezama Lima (1967), que tan decisivo fue para el reconocimiento internacional de Lezama Lima. Por último, se ha incluido una carta que el autor de Paradiso remitió en julio de 1969 a Severo Sarduy, quien escribió unas notas para comentarla.

Poemas, ensayos, entrevistas, fotos

En las páginas introductorias, Livon-Grosman proporciona al lector no familiarizado con la obra de Lezama Lima una visión general esclarecedora y útil. Combina con buen criterio los aspectos que tienen que ver con la biografía del autor con el análisis literario, y logra que la claridad y la reflexión se fundan y potencien. Su estilo, conviene aclararlo, tiene poco que ver con el que se ha extendido como la verdolaga por el mundo académico, especialmente el norteamericano. Me refiero a ese discurso sobrecargado de citas y remisiones a fuentes de moda, y que emplea un metalengua supuestamente científica (metatranca, es el gráfico nombre con que lo conocen en Cuba), que en muchos casos viene muy bien para disfrazar un discurso hueco e insustancial. Pero el texto de Livon-Grosman, ya digo, no se inscribe en esa tendencia, lo cual estoy seguro que muchos lectores le han de agradecer.


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