Actualizado: 18/08/2022 7:35
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Música

Un tren de guapería

Los raperos desvinculados de la promoción oficial aprovechan la soledad para criticar las ciudades donde viven, el racismo y la pobreza.

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Hay una extensa y dispersa zona de la música cubana que va quedando a la deriva de cualquier promoción. No estamos hablando de los rockeros que antaño fueron silenciados, aplastados y desaparecidos del panorama artístico, sólo por llevar melena, apretados pantalones y alguna indumentaria excéntrica.

Ahora, el reguetón más crudo y procaz es vapuleado por críticos (autorizados o no), pero al rap, como nuestros abuelos con los zeppelines, lo están "dejando pasar".

A mis manos llegó un "demo" del santiaguero Oscar Delgado, acompañado en los coros por el grupo Golpe Seco, Yisi Kaliber y otros. Está en formato mp3 y se titula El tren de pensamiento. Es un manojo de temas que abarcan desde la guapería del barrio, las quejas por falta de oportunidades para grabar, la desidia con que tratan a su ciudad y las desigualdades sociales, hasta la falta de promoción de músicos como ellos, que no se sirven del oportunismo y la adulonería para llegar a la televisión.

¿Cuáles son los presupuestos estéticos de la música que hacen estos muchachos? Precisamente en el tema Ciudad Héroe, pesa más la nostalgia, la rabia y el dolor por el maquillaje que intentan ponerle a Santiago de Cuba, que el futuro de la gente: "Ciudad Héroe / héroes somos nosotros que la habitamos / ya no merece que la llamemos como la llamamos…". Para agregar más adelante: "Tu familia del Occidente ya no quiere venir a verte / no se respeta la tradición de una ciudad / que años atrás fue más rebelde / Por eso los jóvenes se van por los amarillos / se drogan, se entregan al mar y se ahogan / capital del Caribe / parece que nadie vive / te quitan la felicidad y después te enseñan un eslogan: 'Rebelde ayer, hospitalaria hoy, heroica siempre'…".

Todo es política

Muchos grupos de rap alcanzaron cierta difusión por canales oficiales. Después del intercambio con artistas conocidos, algunos encontraron un muro de contención en esa parte del público reacia a los cambios, que los vio como una maquinaria expresiva que necesitaba sólo un par de micrófonos para hacer pensar y gozar al barrio, y ahí comenzó el peligro.

Rito Ramón Aroche, poeta bastante cercano a las expresiones experimentales de la cultura contemporánea, decía que el primer rap que se consumió en Cuba fue en inglés, con un lenguaje acaso más violento que el de La Timba o Marianao.

Si bien el rap que se hace en la Isla cubre un espectro bastante amplio: ecología, política, raza, mercado y conductas sociales en general, en la política alcanza sus cotos de mayor conflicto. El más que promocionado Di que no, de Hoyo Colora'o, campea en los canales de la televisión nacional, mientras los temas candentes, ni siquiera prohibidos en los festivales de rap, no se escuchan más allá de Alamar o de los barrios donde son engendrados. Cualquier tema, cuando pinta escabroso, se mezcla con la política, porque no hay rapero que se respete que no arañe los mecanismos de poder.

Otros siguen intentándolo desde el barrio, y aunque no pasen de ahí, sus composiciones circulan de un estudio de grabación a otro, de mano en mano. Es el caso de Black Latino. En cuestiones de raza o discriminación, esta banda no se queja de un público que declina de su música, ni tampoco de las instituciones que los ignoran, sino que va directo a aquellos que les atacan, directa o indirectamente.

Black Latino, con sede en el pueblo de San Germán, en la provincia de Holguín, aborda en Los Pinochos el asunto de los chicos blancos de su edad, cuyas "afiladas narices", dicen, son diferentes a las de los raperos, que son "carichatos, con greñas y rostros demacrados y oscuros". Los amenazan de manera peligrosa: "a los Pinochos, que tienen mal concepto de mi raza / yo les pongo dinamita en la puerta de su casa".

Más allá de cualquier guapería de barrio, estos jóvenes aprovechan el velo de la no-promoción para jugársela con el lenguaje e insertar vocablos que no pretenden sobrepasar su círculo de fanes. De este modo, aparecen en sus letras "malianteo" (por juerga, lucha, batalla, indistintamente), "pinocho" (blanco), "alarma" (alerta). Así, hasta crear un lenguaje que facilite la comunicación con su público más cercano.

'No renunciaré'

El crítico y promotor cultural Roberto Zurbano, que más allá de la caridad social, ha intentado hacer un mapa de "lo marginal" en Cuba, define "lo comunitario" como una de las tantas vertientes del lenguaje rapero, en un artículo publicado en el número 3 de la revista Movimiento. Según el crítico, esta es también una de las más efectivas funciones de las minorías étnicas: promocionar "el otro" lenguaje, encriptar intenciones para poder caminar debajo del foco de las autoridades.

Sobre "el lenguaje comunitario", Zurbano señala la interacción que identifica a un grupo étnico o social con sus líderes más creativos. Así pasó con la primera oleada danzonera, que por acudir a los salones es hoy llamada una "cultura (música y baile) de jubilados".

Golpe Seco, grupo que habla de la desertificación de la tierra o se queja de la poca promoción, refiere en uno de sus temas: "Mi plan: sobrevivir bajo las circunstancias, bajo la ignorancia de este pueblo / Mi plan: comerme a mi cultura como un pan / Mi plan: … voy a vestirme con lo que tenga, con lo que pueda / nada de camisa de seda, ni ropa de La Maison / que ya tengo bastante con una casa en construcción / Mi plan:…".

Se desconoce hasta dónde la Agencia Cubana de Rap se ha involucrado con los proyectos más delicados —en términos de lenguaje y discurso subversivos o de automarginación—, para hacer llegar al público a los irredentos de siempre. Rodolfo Rensoli, que se inició como coordinador del Festival de Alamar y director de la agencia, es uno de los obstáculos. Algunos raperos se quejaron de que se colocaba un "rastrillo" para sacar a los "indeseables" que podrían aguar la fiesta de los "agostos negros" en la ciudadela del este capitalino.

De todos modos, hay que aplaudir la irreverencia del rap que se piensa, canta y baila en Cuba, así como su discurso antitrágico y desalmidonado con que se burla también de sus compañeros de ruta. Hay raperos, como en cualquier grupo humano, que intentan monopolizar los discursos y echar a un lado a los ¿marginados, marginales?

El tren de pensamiento, con Oscar Delgado al frente, se ríe. Pone como anticipo, en una misma pista, un coro de Lolita Flores en su propia voz ("No renunciaré…"), y mezcla sus guías: "A veces no sé ni para qué hago mis canciones / si no tengo dinero pa' grabar mis producciones / no renunciaré / Esto sirve y no lo voy a perder de vista, ya tú sabes / como los indios no perdieron de vista el casabe / no renunciaré / haz lo que tú quieras, yo estoy tranca'o y ya me tragué la llave… / no renunciaré".


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