Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Literatura

Un tsunami en la pared

La penuria hídrica en la Habana Vieja se revierte en premio literario y reporta al escritor Jorge Pérez Sánchez prestigio y 1.800 euros.

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Más de un vez, desesperado, el escritor Jorge Pérez Sánchez abrió los grifos de su casa. Nada. Por respuesta sólo un soplo de aire, lánguido, irritante.

La escasez del líquido tuvo y tiene a este narrador entre sus víctimas, pero no todo es exasperante. Ese avatar doméstico congratuló al escritor con el importante Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su edición de 2006.

La pieza se titula En una estrofa de agua y pone en su centro a Esteban, un hombre que vive en un solar de La Habana profunda, que desde principio a fin no hace otra cosa que alucinar por la falta del agua.

"Es una historia tremendamente angustiosa", dice Pérez Sánchez, nacido en 1963 en Encrucijada, un pueblo de la provincia de Villa Clara.

"Agua, agua, agua, repite, suponiendo que la reiteración, la insistencia, le traerá las respuestas, y también el agua. Reiteración, repetición, énfasis, insistencia…, eso habita en los muros de su casa: Agua, water, aqua, eau. Esteban llena de reclamos sus paredes. Con caracteres fenicios, griegos, cirílicos y romanos que vierten agua, demanda Esteban. Con alfabeto latino escribió agua, y hay letras góticas y unciales de hermoso trazo, en el techo y en el piso, que hacen leer agua. En la puerta una cascada, y en las ventanas arroyos. Un fondo marino coincide con el fondo de su palangana".

Graduado de historia en la universidad y habanero por decantación del tiempo, este autor dedica su cuento a los aguadores y desaguados de la ciudad, a la vez que pone a su delirante personaje a "soñar con una ducha, a querer abandonar la pobreza".

"Esteban se desespera. Debería gritar, exigir, pedir ayuda. Vocear desde el balcón con todas sus fuerzas. Aunque pierda la voz debe gritar. Gritar agua, alargar la a mientras tenga aliento. Y no importa que la policía venga a averiguar el motivo de los gritos, debe gritar también cuando ellos lleguen, cuando se acerquen y pregunten, y si lo amenazan debe gritar más, y mucho más, y si van más allá de la amenaza: chillar, hacer escándalo".

Un drama colectivo

El drama de Esteban es colectivo. Aunque en la Isla las redes hidráulicas llegan a poco más del 95 por ciento de la población, el 60 por ciento del suministro se derrocha en fugas, lo que causa pérdidas millonarias en un país acorralado por la sequía durante los últimos cinco años.

"Hace casi veinte años que veo cómo corre el agua por Mayía Rodríguez todas las noches", dice el celador de una de las casonas alineadas en esa avenida habanera. "Nos hemos cansado de reportar los salideros y ya es cosa habitual, lo vemos como parte del paisaje".

Una reciente investigación de expertos cubanos muestra que sobre el archipiélago llueve ahora menos que hace 46 años y que la región oriental es la más afectada por la falta de agua, cuya producción cuesta al Estado más de 40 millones de dólares anuales.

El vicepresidente Carlos Lage anunció en enero que el país invertirá 185 millones de dólares en un plan de obras hidráulicas que incluye proyectos de mejora de las redes de acueducto, empezando por La Habana y las ciudades del centro y el oriente del país que presentan problemas más graves, como Camagüey, Las Tunas y Holguín.


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