Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Cine, Arte 7

Una mirada irónica a la avaricia

A diferencia de The Big Short, una cinta con ínfulas de “cine serio”, Money Monster nunca pierde su sentido del humor: esto es una película comercial pura sin pretensiones artísticas

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En Money Monster, George Clooney es una especie de gurú financiero que tiene un programa de televisión desde el cual aconseja donde invertir, todo hecho con fanfarria y desfachatez, que atrae al gran público por el simplismo de sus explicaciones. El programa, que es una mezcla de entretenimiento con pseudoperiodismo financiero, tiene gran éxito. Clooney (Lee Gates), baila, hace lip-synch, muestra gráficos y ofrece sugerencias para invertir con seguridad, todo a ritmo de hip-hop.

Gates es un tipo carismático que explota sus cualidades al máximo. Su estabilizador en el programa es su productora, Patty Fenn (interpretada por Julia Roberts), una mujer cínica de idealismo derrotado, que mantiene a Gates en sus cabales. Al comenzar la película están resolviendo los aspectos técnicos de un programa con la portavoz de Ibis Clear Capital, una compañía en la cual Gates recomienda invertir, pero de pronto se han evaporado ochocientos millones de dólares y las acciones han caído estrepitosamente. El programa va a tratar de dar una explicación leve y a la vez limpiar la recientemente manchada reputación tanto de Gates como de Ibis.

Surgen varias complicaciones antes del inicio del programa, ya que el principal ejecutivo de la compañía anda por derroteros desconocidos y nadie puede ponerse en contacto con él. En medio de esto, un hombre, haciéndose pasar por empleado de una compañía de entregas de paquetes, logra entrar al estudio. El personaje, Kyle Budwell, es en realidad un individuo que puso todo el dinero que tenía ahorrado en Ibis y su verdadero propósito es exponer públicamente a Gates, cuyo aviso siguió y pedir una explicación y una confesión de culpabilidad pública por parte de este y de la compañía. En uno de los paquetes trae un chaleco que contiene explosivos y estos están conectados a un detonador de control remoto que no funciona mientras Budwell tenga el dedo en él, con lo que garantiza que no lo pueden matar.

Por aquí comienzan y se desarrollan las peripecias de este filme. Muy divertido durante su primera mitad, y aunque nunca cae en el desastre, pierde fuerza en su desenlace. Clooney, en una de sus mejores actuaciones, mezclando armoniosamente la comedia con la tragedia, mantiene el interés en la trama.

Esto es cine comercial puro sin pretensiones artísticas. A diferencia de The Big Short, una descarga paternalista también de corte comercial convencional, pero con ínfulas de “cine serio”, Money Monster nunca pierde su sentido del humor. Muestra un problema, le da varios giros con sarcasmo sostenido sin tratar de crear una ditirámbica diatriba anticapitalista, como lo fue The Big Short y como han sido tantas otras, desde la pontificadora Wall Street.

Jodie Foster, quien como directora había tenido resultados mediocres con Little Man Tate, The Beaver y Home for the Holidays, parece finalmente haber encontrado su voz y su ritmo y a pesar de que la última media hora no tiene la fuerza de la primera hora, logra completar un filme decente, que expone un problema muy actual sin recurrir a recursos manidos de didactismos baratos, ni optar por secuencias innecesariamente complicadas. El filme es lo necesariamente ligero y divertido que debe ser.

Clooney y Roberts se despojan de sus manierismos y afeites de superestrellas y se entregan a sus personajes con honestidad artística. Hacía tiempo que no veía a estos actores desplegando sus verdaderos atributos, dando muestra de buen oficio y de habilidades diversas sin escudarse en los maquillajes o en sus atributos físicos. Jack O’Connell (Invincible) se desempeña muy bien en su papel de pobre inversionista agraviado. El resto del elenco cumple sus funciones sin resaltar, que es exactamente lo que la trama necesita. Todos resultan convincentes.

El guion a tres manos, de Jeremy Linden (We are Marshall), Alan Di Fiore (varias series de televisión) y Jim Kouf (Stakeout), es lo más flojo de la película, pues al final no puede evitar ciertos lugares comunes y cierta predictibilidad. Sin embargo en medio de ello, escapan al desastre con algunos giros inesperados.

La fotografía de Matthew Libatique (Chi-Raq, Straight Outta Compton), refleja bien la claustrofobia del estudio, los ambientes sediciosos de Tokio y la oscuridad de los hackers en Reikiavik, manteniendo el sarcasmo en la imagen. No pierde los detalles que reflejan el sentido irónico de la cinta.

Money Monster no es un filme genial, ni una obra maestra, pero al moverse con ligereza y humor, entre el thriller, la comedia y la mínima denuncia social, se presenta como una pieza refrescante en medio del contenidismo presuntuoso que está invadiendo al cine comercial americano, que quiere pasar gato por liebre y adquirir una conciencia llena de gravitas, que como una plaga molesta está arruinando obras que pudieron ser mejor si, como esta, se hubieran limitado a ser puro divertimento.

Money Monster (EEUU, 2016). Dirección: Jodie Foster. Guion: Jeremy Linden, Alan DiFiore y Jim Kouf. Director de fotografía: Matthew Libatique. Con: George Clooney, Julia Roberts, Jack O’Connell y Dominic West. De estreno amplio en todo Estados Unidos. También fue presentada esta semana en el Festival de Cannes.


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