Actualizado: 18/06/2024 0:16
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Paul Simon, Música

Una sorpresa y una revelación

Cuando todo indicaba que se había retirado, el legendario compositor e intérprete norteamericano Paul Simon ha sorprendido a propios y extraños con el lanzamiento de Seven Psalms, una obra que se resiste a cualquier catalogación

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Tras realizar en 2018 su Farewell Tour, todo indicaba que Paul Simon tenía el plan de retirarse como creador. Así se podía deducir del propio título de la gira. Mas he aquí que, siete años después de Stranger to Stranger, su último álbum con material nuevo, el legendario compositor e intérprete norteamericano ha sorprendido a propios y extraños con el lanzamiento de Seven Psalms (Legacy Records, 2023, 33 minutos).

Como él se encargó de contar, el disco tuvo un origen imprevisto. El 15 de enero de 2019 soñó que estaba trabajando en una pieza llamada Seven Psalms. Aquel sueño devino un imperativo que lo impulsó a escribir intensamente durante varias noches consecutivas. Lo hacía entre las 3:30 y 5 de la madrugada. Se dedicaba a anotar las palabras tal como le llegaban, sin tratar de corregirlas ni completarlas y sin pretender interpretar todo lo que iba escribiendo. Se dio cuenta de que no estaba seguro de saber lo que es un salmo. Se dedicó entonces a estudiar los salmos por antonomasia: los del Rey David. Se vio inmerso así en un ambicioso proyecto, que se materializó en el que es su decimoquinto disco en solitario.

El disco está concebido para que se escuche como una única pieza de 33 minutos. De hecho, los siete movimientos que la componen (The Lord, Love Is Like A Braid, My ProfessionalOpinion, Your Forgiveness, Trail of Volcanoes, The Sacred Harp y Wait) no aparecen separados en pistas individuales, aparte de que se interrelacionan entre sí. Para grabarlos, Simon decidió reducirse a lo esencial.

Está, en primer lugar, su voz, que aunque un poco debilitada, aún no ha sido lacerada por la edad y la vida. Se mantiene clara, emotiva, afable. En su mayor parte, él se encarga de interpretar los siete temas, lo cual no impide que los británicos Voces8 aporten elementos corales. En los dos últimos movimientos hay una hermosa intervención de Edie Brickel, la esposa de Simon desde hace más de una década. Completa la lista de invitados el trompetista y compositor Wynton Marsalis. La cubierta del disco está ilustrada con la obra Two Owls, del pintor y paisajista norteamericano Thomas Moran (1837-1926).

Seven Psalms se grabó íntegramente con instrumentos acústicos. Dominan las guitarras, cuyas cuerdas Simon pulsa con un limpio virtuosismo. También toca su dobro, y en algunas ocasiones permite que se incorporen el cello y la tiorba, similar al laúd barroco, pero de mayores dimensiones. Asimismo, se escuchan percusiones que poseen acentos de gong y gamelán. Esa conjunción de sonidos e instrumentos empleados en su forma más despojada se materializa en una música de propiedades balsámica, que se resiste a cualquier catalogación y que constituye una obra por completo diferente a las grabadas antes por Simon.

Podría pensarse que Seven Psalms es una obra autorreferencial y melancólica, típica de la etapa postrera de un maestro que sabe se aproxima al fin de su viaje. Pero esa sería una interpretación errónea, que el propio disco se encarga de refutar. El de Simon es un disco que, en primer lugar, está lleno de las preguntas que se hace su creador. En ese aspecto, hace recordar en cierto modo las búsquedas similares que hacía en sus composiciones Leonard Cohen. Por otro lado, se puede decir que el disco es fiel al origen de los salmos, que eran cánticos de alabanza o de invocación a Dios. Pero de igual modo, es pertinente aclarar que el calificativo de religioso les resulta impreciso.

Concepto más amplio y flexible de la figura divina

Por supuesto, Dios está presente en este último trabajo del creador de Mrs. Robinson. Aparece ya desde el primer movimiento, que se titula justamente The Lord: “The Lord is my engineer/ The Lord is the earth I ran on/ The Lord is a face in the atmosphere/ The path I slip and I slide”. En esas palabras se puede advertir que su búsqueda espiritual corre paralelamente al misterio de su labor musical (llama a Dios su ingeniero de sonido, y más adelante “my record producer”).

Asimismo, Simon hace evidente que tiene un concepto más amplio y flexible de la figura divina, y eso lo lleva a descubrirla en todas partes: “The Lord is a puff of smoke/ That disappears when the wind blows/ The Lord is my personal joke/ My reflection in the window”. Define a Dios en más de cuarenta ocasiones y las acepciones que da de él no son necesariamente coherentes entre sí. A las antes mencionadas, añade las de “a forest ranger” (un guardabosques), “the Covid virus” (el virus del Covid), “a puff of smoke” (una bocanada de humo), “a meal for the poorest of the poor” (una comida para los más pobres de los pobres), “a virgen forest” (un bosque virgen), “a terrible swift sword” (una terrible y veloz espada), “the ocean rising” (el océano que se levanta).

Simon ha declarado que en Seven Psalms sostiene una discusión consigo mismo acerca de creer o no. Sin embargo, eso no significa que temáticamente el disco se reduzca a la cuestión religiosa; también incorpora otros asuntos, como sus angustias personales y una mirada al rumbo que lleva la vida moderna. En Wait, por ejemplo, medita sobre la cercanía de su propia mortalidad: “I’m not ready/ I’m just packing my gear/ Wait/ My hand’s steady/ My mind is still clear”. En Trail of Volcanoes mezcla recuerdos de su juventud cuando recorría los caminos con su guitarra, para constar que “Now those old roads/ Are a trail of volcanoes/ Exploding with refugees”. Y concluye con una visión pesimista: “It seems to me/ We’re all walking down/ The same road/ To wherever it ends// The pity is/ The damage that’s done/ Leaves so little time/ For amends”.

Mas no se trata de salmos cargados de enfado. Por el contrario, su objetivo es dejar en quien los escucha un estado de ánimo sosegado y de suave meditación. En ese sentido, admira que, pese a ser un trabajo concebido en el umbral de la última morada, no resulta lúgubre ni triste. Es delicado, plácido, y nos deja con una oleada de paz interior. Como ha comentado alguien, más que un disco Seven Psalms es un estado onírico diseñado para inundar al oyente con sus 33 minutos de una sola vez.

En cuanto al aspecto musical, estamos ante una obra hermosa y enigmática, que en cada escucha revela nuevas e intrincadas capas de detalles sutiles. Al igual que ocurría con Graceland, al principio suena diferente, incluso podría decirse que enfadosamente diferente. Pero poco a poco empezamos a descubrir su gran belleza lírica y musical. Aunque lo tiene probado desde hace mucho, Simon demuestra que es un virtuoso compositor. Su voz agradable, cálida y coloquial, adquiere aquí casi el tono de un susurro.

Con Seven Psalms, Simon ha tenido el coraje de seguir creando excelente música al margen del mainstream. A eso se debe que su trabajo haya sido recibido como una sorpresa y una revelación y es una de las razones por las cuales es tan relevante como artista.