Actualizado: 20/08/2019 5:32
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'Versos detrás de las rejas': el verdadero rostro de Cuba

La editorial Il Foglio publica un poemario que recoge textos de varios presos políticos.

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La antología Versos detrás de las rejas (2006), tercer volumen de la colección de literatura cubana publicada por Ediciones Il Foglio, reúne textos de varios poetas víctimas de la violencia del régimen de Fidel Castro.

Si el motivo de inspiración que reúne los diferentes elementos de este libro es el sufrimiento padecido en carne propia por varios poetas cubanos a causa de la persecución dictatorial, diferentes son los registros poéticos y múltiples también las aspiraciones que cada autor expresa íntimamente al hacer poesía.

También es de notar el éxito y la merecida fama que desde hace algún tiempo evoca el nombre de algunos de los autores, expresado en reconocimiento público, a la vez que otros exploran por vez primera el ámbito de la poesía en este volumen, avalado por el trabajo minucioso de traducción de Elisa Montanelli y la seria labor del escritor William Navarrete.

Recorro la existencialidad del verso, el mensaje de firmeza moral de Ricardo González Alfonso, todavía en prisión, que penetra e invade el ánimo del lector, mientras el dolor, del que apenas se queja, deja espacio al amor, escape de la resignación, forjándolo con heroica dignidad, para desafiar la "vigilante guadaña" de los esbirros y revelar "otra versión / de la muerte / de la vida / del amor" ( Juicio Final).

Los versos de Regis Iglesias Ramírez, todavía detrás de los barrotes, están impregnados de un delicado tono de elegía, que se fortalecen en el desierto de la libertad negada y más allá del odio de ese régimen, y aparecen como un oasis verde de esperanzas, como una fuente de recuerdos que consuelan, como sentido de la vida que se vuelve armonía de colores y luces en un sentimiento profundamente cristiano de amor universal. "Y a mis enemigos: / Dios los ama. Yo también" ( Amigos).

Por encima del sufrimiento provocado por el régimen castrista se erige la frescura juvenil de los sueños de amor de Mario Enrique Mayo Hernández, recientemente excarcelado, de modo que el recuerdo de la mujer lejana se vuelva más cálido y sensual.

Púdico al mostrar su intenso dolor, consciente de que el régimen siembra "fatigas honoríficas", Jorge Olivera Castillo, liberado con "licencia extrapenal", hunde, con la furia que recuerda al Farinata de Dante, el bisturí en la llaga de la dictadura con su verso hiriente, hecho de materia más que de palabras, rasgando el pestilente velo de la hipocresía y la retórica del poder, revelando el drama de la muerte de la razón, del silencio impuesto al pudor, de la catástrofe que es Cuba.

El poeta Raúl Rivero Castañeda, exilado en Madrid después de haber sufrido un año y medio de cárcel, logra un resultado de alto valor poético, en el que la utilización magistral de recursos expresivos se funde con los motivos de inspiración de profunda introspección. El poeta no da lugar a la automisericordia, se niega a creer que la prisión pueda aniquilar la nobleza del espíritu y privar de fantasía el don de la poesía. Augura que la tiranía está destinada a la derrota, mientras "ligera la ceniza. / Clara la eternidad" ( Alta fidelidad) será el que sea perseguido por el régimen.

Los versos de Omar Moisés Ruiz Hernández, actualmente en prisión, denuncian las bases del ideal socialista y la actitud del hombre contra sus semejantes. Su poesía, dotada de un andamiaje de connotaciones prosísticas, está impregnada de una fe combativa, a la vez que evoca temas del recuerdo augurando la certeza de un tiempo mejor en una Cuba diferente.

Severo con sus semejantes, pero sobre todo contra el régimen que ha destruido la felicidad, intolerante ante la pérdida de la identidad que el mismo significa, Manuel Vázquez Portal introduce en su poesía instantes marcados por profundas heridas de dolor que no significan de ningún modo un consuelo optimista: "Vengo, patria, a abrazarte / para fundarnos juntos" ( XLI).

Versos detrás de las rejas, cuya portada es obra de Elena Migliorini, fue publicado gracias al editor Gordiano Lupi, a quien Navarrete dedica en su prólogo estas palabras: "el entusiasmo y la determinación de Gordiano Lupi y de la casa editorial Il Foglio, que dirige, han permitido que esta antología, única por su contenido, haya visto la luz".