Actualizado: 14/06/2021 10:41
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Viaje a los orígenes

Prometheus no adquiere nunca el fuego de los dioses

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El director inglés Ridley Scott (1937), tras una década dirigiendo series de televisión, dirigió su primer largometraje, The Duellists en 1977, lo cual le valió el premio a la mejor ópera prima en el Festival de Cannes de ese año. Dos años más tarde saltó al género de la ciencia ficción con Alien y acto seguido con Blade Runner (1982). Ambas películas le valieron un mayor reconocimiento de la crítica y a la vez un gran éxito comercial. A partir de ahí incursionó en diversos géneros, con resultados desiguales, filmando más de veinticinco largometrajes, entre los cuales se destacan Black Rain (1989), Thelma & Louise (1991), Gladiator (2000), Hannibal (2001), Black Hawk Down (2001) y American Gangster (2007). Entre los directores que trabajan estrictamente dentro de los límites del cine convencional hollywoodense y con grandes presupuestos, Scott es uno de los mejores.

Al cabo de treinta años ha regresado a la ciencia-ficción, el género en el cual realizó sus dos mayores logros artísticos. Es por ello inevitable que Prometheus haya sido recibida con tanta anticipación por la crítica y el público. A ello se suma que fue descrita, desde que se comenzó a rodar, como el antecedente de Alien.

En el año 2089, dos arqueólogos, Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall-Green) descubren unos pictogramas en unas cuevas en la Isla de Skye, que resultan ser unos mapas estelares similares a los encontrados en otras culturas como la maya, la egipcia, la babilónica y la griega, que los llevan a concluir que indican los orígenes de la raza humana y, quizás, del universo. En el 2093, tras ser reclutados por una poderosa megacorporación, controlada por Peter Weyland (Guy Pearce), llegan en una nave espacial, capitaneada por Janek (Idris Elba) a lo que se supone sea el planeta desde donde los “jinetes espaciales” o “los ingenieros”, partieron hacia la Tierra a fundar la vida. Weyland les ha comunicado su apoyo y su interés en financiar una misión para descubrir el origen del universo, mediante un holograma previamente grabado, ya que murió dos años antes de que se lanzara la empresa, la cual va a estar supervisada por Meredith Vickers (Charlize Theron).

Cuando la tripulación llega a la “luna” LV-223 (que es casualmente casi la mitad de la “luna” LV-426 que visita la tripulación del Nostromo en Alien), pensando que es el planeta de origen de los “ingenieros”, descubren que no es más que una plataforma de partida en la cual construyeron armas de exterminio masivo y en donde “algo salió mal”. Descubren unas cápsulas en las cuales se guardan los cadáveres de algunos de los “ingenieros” y mediante las muestras obtenidas se dan cuenta que su ADN es idéntico al de los seres humanos. También descubren una sustancia viscosa que contiene vida, que no es más que el germen de unos seres malignos, probablemente resultado de los experimentos fallidos, la cual resulta fatídica para algunos de los tripulantes.

El genio analítico de la empresa es el androide David (Michael Fassbender) quien pronto nos damos cuenta que obedece a órdenes de alguna fuerza o individuo que no es ninguno de los tripulantes. David, que tiene mas conocimientos almacenados que el resto de los personajes, comienza a realizar acciones cuyo fin inicialmente no queda claro. Entre ellas, inocula a Holloway con una sustancia que contiene el ADN de un extraterrestre maligno, lo que al final vemos que es el embrión del monstruo de Alien. Como Holloway se acuesta con Elizabeth, el pequeño monstruo le crece rápidamente y ella tiene que pasar unos procedimientos quirúrgicos dando pie a una de las partes de mayor tensión y menos verosimilitud de la película.

No voy a seguir contando la trama, para no estropearle la emoción a quienes quieren verla sin saber lo que pasa, baste decir que algunas cosas no resultan ser lo que parecían al principio, pero nada de lo que ocurre es difícil de anticipar. Pero el problema fundamental de este filme, que en realidad entretiene bastante a lo largo de sus 124 minutos, es que sus personajes son excesivamente unidimensionales y el argumento, mas allá de las complicaciones que conllevan las explicaciones científicas de lo que sucede, es bastante predecible. La estricta linealidad de la narrativa no contribuye a elevar la intriga. Noomi Rapace, que estuvo excelente en la serie de películas de Milenio, no tiene mucha oportunidad de expresarse artísticamente con el personaje de la Dra. Elizabeth Shaw, reducida a una mujer ingenua, dedicada a la ciencia, luchadora infatigable y sin una pizca de sentido del humor. Hay momentos en los cuales su aspecto físico recuerda levemente a Sigourney Weaver interpretando a Ripley, pero los personajes no pueden ser más disímiles en cuanto a riqueza dramática. Charlize Theron, quien parece decidida a labrarse una imagen de “malvada” en el cine, crea más bien una caricatura con el personaje de Vickers, una empresaria controladora que desde el comienzo nos hace saber que es alguien de temer con sus secretas intenciones. Aunque no exento de tics reconocibles, Michael Fassbender es quien mejor se desempeña en su rol de David el androide.

El resto de los personajes están hechos a base de esquematismos y la mayoría de sus parlamentos son frases hechas y gastadas, clichés que les restan espontaneidad y los convierten en seres encartonados y con propósitos demasiado específicos en la trama. El guión es excesivamente funcional, sin ambivalencias temáticas y recargado de simplonerías pueriles, que resultan más molestas por cuanto la película siempre mantiene una pretensión de trascendencia y de meditación filosófica sobre el origen y propósito de la vida en la tierra.

La fotografía es magnífica y el uso de la tercera dimensión es eficaz, sin abusar de la tecnología, evitando que esta desvíe la atención de la trama. Los efectos especiales son excelentes aunque desgraciadamente solo se usan para aportar implausibilidad a la trama.

Prometheus no adquiere nunca el fuego de los dioses. Esta indagación sobre los orígenes del hombre, que comienza con gran gravedad en una escena en la cual uno de los “ingenieros” se envenena para que su ADN se disuelva en el agua y restaure la vida en la Tierra, nunca toma vuelo artístico. El regreso de Ridley Scott a la ciencia-ficción no ha sido feliz. Parece hastiado con la línea argumental, aletargado desde el principio de este viaje, trivializados sus objetivos.

Prometheus (E.U.A 2012). Dirección: Ridley Scott. Guión: Jon Spaihts y Damon Lindlof. Director de Fotografía: Daiusz Wolski. Con: Noomi Rapace, Charlize Theron, Michael Fassbender, Logan Marshall-Green , Idris Elba y Guy Pearce. De estreno en todos los Estados Unidos, Europa y Argentina.


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