Actualizado: 24/06/2022 11:47
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Cine, Arte 7

Vivir y morir en China

A Touch of Sin es un filme extraordinario, de gran fuerza narrativa y de hondo impacto dramático, a pesar de lo descarnado de su presentación

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Cuatro historias ubicadas en la China profunda, en la China que no va a ver el turista. Cuatro historias de desolación, corrupción y desesperanza, en las cuales la violencia es la única vía de solución que encuentran los protagonistas. Una violencia que permea a casi todas las esferas de la sociedad, que surge abruptamente y que se muestra cruda y abrasiva, que parece ser el mecanismo de control en la nueva sociedad china.

En la primera de las historias de A Touch of Sin, Dahai es un obrero amargado que vive en un poblado de la región montañosa de Wuyijan, en el noroeste de China. Anda desaliñado y los pobladores le temen por su continuo enfrentamiento con el jefe local y se burlan de él por vivir en la pobreza. Su actitud insinúa que tuvo alguna posición de relieve en las organizaciones obreras o partidistas que se han ido a pique. Vive obsesionado porque los antiguos dirigentes vendieron la propiedad colectiva para enriquecerse y controlar el poblado al margen de las autoridades centrales, que obviamente los dejan hacer.

La frustración de Dahai crece con el modo de vida ostentoso de los nuevos ricos, que siguen guiando al pueblo como como en los tiempos de Mao, solo que esta vez los hacen darles bienvenidas organizadas para que después los observen alejarse en sus carros nuevos, tras llegar en jets privados.

Las quejas de Dahai no resuenan y su impotencia lo lleva al delirio y a la violencia extrema para hacerse respetar. Una violencia que se va mucho más allá de sus objetivos.

En la segunda historia Zhou San, quien comienza la primera secuencia del filme asesinando a cuatro salteadores de camino a sangre fría, llega de regreso a su pueblo en los alrededores de Chongqun, una mole urbana de treinta millones de habitantes, en la región de las Tres Gargantas, en el río Yangtzé, en donde el gobierno chino desalojó a gran parte de la población original para crear una gigantesca represa que entre otras cosas es una amenaza ecológica. Todos le temen, sus hermanos y su mujer se mantienen distantes, su madre parece conocer lo más hondo de él, pero manda dinero a todos. Es un ladrón violento, capaz de acudir al asesinato para lograr su objetivo. Siempre parece evadir a las autoridades como un aberrado samurái posmoderno.

A esta, sigue la historia de Xiao Yu, una recepcionista en una sauna en uno de los barrios de la ciudad de Cantón, quien mantiene una relación con un hombre casado. Tras ponerle un ultimátum para que abandone a su mujer, es atacada violentamente por unos matones al servicio de la esposa. Luego se entera de un accidente ferroviario en el que puede haber muerto su amante y finalmente es atacada por unos hombres que la quieren violar, uno de ellos es hermano de Zhou San. Su respuesta, por supuesto, es la violencia, facilitada por el azar de un cuchillo que su amante no pudo pasar al tren en su equipaje.

En la última historia un joven inmaduro y desesperado por la opacidad de su futuro, tras provocar un accidente que le afecta la mano a un amigo con quien trabaja en una fábrica, decide probar suerte en Dongguan, otra gigantesca mole urbana que está considerada la capital sexual de China, en donde proliferan los prostíbulos de lujo para uso exclusivo de los turistas y los nuevos ricos de la nomenclatura. Ahí conoce y se ilusiona con una de las prostitutas, pero no puede enfrentar la realidad que va conociendo, las deudas que contrae y la presión familiar para que envíe dinero y termina ejerciendo la violencia contra sí mismo.

Las historias no están ligadas por unas circunstancias de un destino que entrelaza a los personajes como en Amores Perros o Biutiful, sino por una coincidencia de paso geográfico en el cual se cruzan los personajes. En tres de las historias la violencia busca a los personajes, en la otra, el personaje encarna la violencia.

Jia Zhang-ke es un cineasta obsesionado por el choque de culturas que colisionan ahora en China. La influencia del Occidente, la transición de los valores de un comunismo totalitario a un capitalismo atroz, sin reglas. Esto lo expresó de manera lírica en sus anteriores filmes.

En The World (2004) esto se manifiesta a través de una mirada a los trabajadores y artistas contratados para trabajar en un gigantesco parque temático en el cual las principales atracciones son símbolos de la cultura occidental, como la torre Eiffel y la torre de Pisa. Luego en Still Life (2006) sus personajes regresan a la región de las Tres Gargantas, a recuperar memorias o amores perdidos, en un lugar en el cual se echó abajo el pueblo y las tradiciones que conocían para suplantarlo por una nueva urbe y la construcción de la gigantesca represa. En 24 City (2008), utiliza el estilo seudodocumental para narrar los problemas de desplazamiento urbano, la sustitución d viejas tecnologías por nuevos modos de trabajo con los cuales los trabajadores no están familiarizados y la resultante miseria de un proyecto social y económico que antepone sus intereses políticos y de lucro sin siquiera tratar de crear una infraestructura ni preocuparse de cómo anticipar las consecuencias.

Sus anteriores filmes tenían una inclinación poética declamada a tono de coro gigantesco. Largos planos secuencias en los cuales muchos personajes se mueven simultáneamente en la pantalla, conviven con imágenes de ciudades o paisajes rurales que se mueven entre lo atractivo y lo ominoso. En A Touch of Sin adopta un enfoque más intimista y una narrativa más directa, aunque muestra escenas de gran belleza lírica, muchas de las cuales parecen influenciadas por Kurosawa y Mizoguchi, en cuanto a encuadre y composición visual. Hay influencias de Tarantino y de Miike, aunque el director solo admite haberse basado en el clásico de artes marciales A Touch of Zen (1971).

Los contrastes culturales son más sutiles. En una escena en una plazoleta en cuyo centro se erige una estatua de Mao, a cuya derecha hay un templo budista, en medio de una nevada una camioneta perdida pide direcciones a Dahai y al bordear la plazoleta se observa fugazmente que llevan un cuadro de la Virgen María que parece tienen que entregar. En el prostíbulo en el cual trabaja el protagonista del último cuento, las prostitutas se exhiben a los clientes formando una fila, mientras marchan en fila cantando eslóganes de la era maoísta y vestidas con uniformes del ejército rojo.

Las actuaciones son impecables. Wu Jiang (To Live), como Dahai, presenta el tono simple y natural pero amenazante de un Robert Mitchum asiático. Wang Baoquiang (Romancing in Thin Air), en su papel de Zhou San, mantiene fácilmente una calma espeluznante. La esposa del director, Zhao Tao quien ha actuado en las anteriores películas de Jia Zhang-ke, asume su rol de la empleada de la sauna en forma bastante ortodoxa, eficiente pero transitando por unos caminos dramáticos bien trillados. La fotografía de Yu LikWai, quien ha trabajado anteriormente en The World y 24 City llena sus encuadres del lirismo necesario y la sutileza de detalles visuales que requiere la trama.

A Touch of Sin le valió Jia Zhang-ke el premio del mejor guión en el festival de Cannes de 2013 y mereció el premio a la mejor película extranjera que otorgan los críticos de Toronto. El gobierno chino no permitió que se postulara por China para los óscares. A pesar de que en una entrevista concedida a la revista Mclean, durante el festival de Toronto, Jia dice que los censores chinos la aprobaron y que pronto se iba a exhibir en China (según él en septiembre de 2013), lo cierto es que aún no se ha exhibido en ese país. Tras una prohibición inicial, en febrero de 2014 se le permitió al director viajar a Taiwan para exhibirla allí, y en Japón, a pesar de que la película contó con apoyo financiero de Takeshi Kitano, no se exhibirá hasta finales de este mes. El Ministerio de Cultura chino ha divulgado un comunicado en el cual se prohíbe a los medios de prensa hablar o escribir sobre la película. En el mejor sentido totalitario, la película no se ha censurado simplemente no existe oficialmente.

En el occidente no ha tenido mejor suerte a pesar de la aceptación crítica. Se ha proyectado desde mayo de 2013 en el circuito de festivales y no fue hasta noviembre que tuvo un estreno más amplio en Italia y luego en el resto de los países de la Unión Europea, aunque en España solamente se exhibió en el festival de San Sebastián. En Estados Unidos se exhibió en el festival de Nueva York el septiembre pasado y luego tuvo una breve exhibición limitada en Los Angeles y Chicago. No ha sido hasta ahora, que a través de Netflix va a tener la difusión que se merece.

A Touch of Sin es un filme extraordinario, de gran fuerza narrativa y de hondo impacto dramático, a pesar de lo descarnado de su presentación. Es un filme que obliga a pensar y que toca temas importantes y universales con la naturalidad de quien narra un aburrido hecho cotidiano. Es una obra que cuestiona sin imponer soluciones.

A Touch of Sin (China, 2013). Guión y Dirección: Jia Zhang-ke. Director de Fotografía: Yu LikWai. Con: Wu Jiang, Wang Boquiang y Zhao Tao. Disponible en Netflix tanto en DVD como en streaming.


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