Actualizado: 23/10/2017 19:03
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Dovalpage, Literatura, Novela

Yoana, la Regenta de La Habana

La novela de Leopoldo Alas, escrita en el siglo XIX, ha servido para que Dovalpage en el siglo XXI, junte historias y forme el desbarajuste con que nos divierte hasta la risa franca

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Ya está demostrado que la narrativa de Teresa Dovalpage es garantía literaria. Una buena historia, magnífico dominio de técnicas que le permiten algunos desafueros saludables, el uso de la ironía que enreda al lector y lo involucra, y el sostenido e inagotable tema cubano con la acertada utilización del lenguaje callejero. Todo esto hace que sus novelas sean fuentes de verosimilitud y disfrute; como solía ser en tiempos antiguos cuando la política no era lo fundamental en la narración. Con esto no quiero decir que sus historias sean rosa, todo lo contrario, son temas fuertes donde aparecen, asesinatos, violaciones, infidelidades…y una crítica cruenta contra los males sociales; pero sin la carga de amargura lacerante que acostumbra la última oleada de escritores sobre la situación cubana, o mejor dicho, con la misma carga amarga, pero con el espíritu de jodedera con que ciertamente afrontan los cubanos su difícil realidad. Por eso, son tan cercanas a esos lectores naturales, y disfrutable para los que no conocen el escenario.

“La heroica ciudad dormía la siesta” comienza La Regenta. Leí en voz baja la frase y evoqué la Vetusta lluviosa de Clarín. ¿Acaso una novela ambientada en La Habana podría empezar así? Ahí comienza el rejuego de Teresa Dovalpage, porque justamente con ello inicia su novela, La Regenta en La Habana (Edebé 2012) y (Eriginal Books 2014) toma como base la novela, La Regenta de “Clarín”, para correr historias paralelas, de dos mujeres y sus desafueros. Una relación de una profesora de la Universidad de La Habana en los años 90, con un estudiante; y el adulterio que comete una señora perteneciente a la moralista sociedad española del siglo XIX, con un amigo de la familia. La moral, la mojigatería, la corrupción, la falsedad y la hipocresía en dos sociedades asfixiantes y decadentes, son el caldo de cultivo del desarrollo de sus universos paralelos, y las excusas para liar personajes, épocas y situaciones muy parecidas, con una barrera temporal de 130 años: la Vetusta negra y antigua y La Habana moderna y derruida.

La novela de Leopoldo Alas, escrita en el siglo XIX, ha servido para que Dovalpage en el siglo XXI, junte historias y forme el desbarajuste con que nos divierte hasta la risa franca, y donde una vez más las orillas fétidas y putrefactas del río Almendares de La Habana, protagoniza una historia de amor, una pasión desenfrenada en la que el realismo expone la mejor parte. La de la cubana es una novela de amor, intriga y personajes, donde los mismos mediante un sutil pero sólido tratamiento psicológico, desvisten sus sentimientos e ideologías. La Habana como centro de los hechos es el lugar, con las condiciones idóneas, porque cada situación que se presenta es acorde con el momento social, lo que hace que los lectores vean en ella el retrato de sus vidas.


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