Actualizado: 18/06/2019 10:45
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Artes Plásticas

Profetas por conocer

La plástica del exilio ha logrado abrirse camino desde Nueva York hasta París, pero todavía tiene una cita pendiente: el Museo Nacional de Cuba.

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El arte cubano conquista el establishment

A Outside Cuba le siguió la exhibición itinerante Cuba-USA: La primera generación (1991-92). Patrocinada por el Centro Fondo del Sol, en Washington DC, y organizada por el norteamericano Mark Zuver, esta muestra le prestó especial atención a las instalaciones y a la temática religiosa en el arte cubano. En 1993, el Museo de Arte de Fort Lauderdale organizó otra muestra definitiva — Artistas cubanos del siglo XX—, dando paso a la colección pública de arte cubano contemporáneo más importante fuera de la Isla, labor de Jorge Santis, curador de dicho museo. Esta colección también incluye a importantes artistas que viven en Cuba.

Cabe añadir que el Museo Zoeller de la Universidad Lehigh en Pensilvania y el Museo de Arte Moderno Latinoamericano de la Organización de Estados Americanos, radicado en Washington DC, también cuentan con una importante colección de arte de la diáspora cubana. Ese logro se debe, en el caso del Zoeller, al artista y actual profesor cubanoamericano Ricardo Viera; y en el caso de la OEA, al difunto José Gómez Sicre (1916-1991) —el mismo que organizó la exposición de 1944 en el MOMA— que dirigió la Sección de Artes Pláticas de la OEA entre 1946 y 1976, año en que, bajo su dirección e iniciativa, se funda el Museo de la OEA, que regentó hasta su jubilación en 1983.

Es justo mencionar a los muchos académicos cubanos del exilio que a su vez son críticos, curadores y especialistas de arte cubano: Ricardo Pau Llosa, Ricardo Viera, el fallecido Giulio Blanc, Jorge Santis, Alejandro Anreus, Carlos M. Luis, Juan Martínez, Linette Bosch, Al Nodal, Olga Viso, Inverna Lockpez, entre otros, son responsables de haber puesto en el mapa cultural una gran parte de esta obra.

"Yo volveré, Cuba mía, yo volveré..."

En los últimos años se han organizado exposiciones para destacar en conjunto la obra de artistas de la Isla y del exterior. Pionera en esto fue Nina Menocal, de la Galería Ninart en Ciudad México, que incluyó en 15 Artistas Cubanos (1991) a dos pintores exiliados, uno de ellos fue Luis Cruz Azaceta. También importante fue Cuba, la isla posible, organizada por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona en 1995, en la que 19 de los 27 artistas (el 70%) residía para aquel entonces fuera de Cuba.

Recientemente se ha publicado Memoria: Cuban Art of the 20th Century, tomo que reúne a unos 470 artistas en un recorrido del siglo XX. El volumen es resultado de un proyecto que se originó en Cuba y que patrocinó en gran parte la Fundación Getty. Trabajaron en él un equipo de estudiosos radicado en la Isla, con la colaboración posterior del cubanoamericano Adolfo Nodal, entonces director de asuntos culturales de la ciudad de Los Ángeles. Para gran asombro de los investigadores que recorrieron Estados Unidos entre 1995 y 1996, se corroboró lo que Outside Cuba había definido diez años antes: que hacia fines del siglo XX, el grueso de los plásticos cubanos más importantes se desempeña fuera del territorio nacional.

Los intentos de reunificar las dos orillas de nuestra cultura, de propiciar encuentros espontáneos no parametrados por "núcleos del partido", auguran el feliz día en que el arte cubano volverá a ser una unidad. Entonces nuestra gente podrá identificar ese plural y diverso imaginario, reconocido al menos en Occidente entre los más pujantes de América, como pensamiento propio e identidad nacional a la misma vez.

Mientras tanto, el arte cubano forjado en el exilio se exhibe y colecciona en los principales museos de Estados Unidos y del mundo: el Whitney, el Metropolitano, el Guggenheim y el de Arte Moderno (MOMA) en Nueva York; el de Arte Nacional y el Hirshhorn, de la Smithsonian Institution, en Washington DC; en infinidad de importantes museos universitarios y un centenar de colecciones privadas y corporativas, como la del Chase Manhattan Bank; en los principales museos de las capitales de Europa y América Latina, desde Berlín hasta Tel Aviv, pasando por Oslo y Buenos Aires, Santiago de Chile y Medellín.

Junto a La jungla (1943) del gran Wifredo Lam, y de obras de Amelia Peláez y Carlos Enríquez, maestros cubanos del siglo XX, el MOMA de Nueva York cuelga la obra de los cubanoamericanos Luis Cruz Azaceta, Agustín Fernández, Tony Labat, Emilio Sánchez, María Martínez Cañas, Eduardo del Valle y Mirta Gómez, y de un artista casi recién llegado al exilio como Pepe Bedia. En el Museo de Arte Americano de la Institución Smithsonian y en el Parque Olímpico de Seoul, Corea del Sur, se encuentran instalaciones permanentes de María Brito, la única mujer en Generación Miami. En el Museo Whitney de Arte Americano, el público también se topará con la obra de Bedia, y con la del "marielito" más famoso después del escritor Reinaldo Arenas: Carlos Alfonzo. Y en la colección permanente del Metropolitano de Nueva York —comparable únicamente con el Louvre en París—, están incluidos, además de Azaceta y Emilio Sánchez, otros exiliados como Juan González, Mario Bencomo, Rogelio Gory López Marín y Miguel Padura.

En el camino se han perdido grandes talentos: el curador y especialista Giulio Blanc; el crítico Florencio García Cisneros; los artistas Daniel Serra Badué, Mario Carreño, Alfredo Lozano, Rolando López Dirube, Juan José Sicre, Rita Longa, Fernando Luis, Jesse Fernández, Enrique Riverón, Emilio Sánchez, Ramón Guerrero, Humberto Dionisio, Julio Hernández-Rojo, Juan Boza, Juan González, Ana Mendieta, Ernesto Briel, Jesse Fernández, Carlos Maciá, Jaime Bellechasse, Carlos Alfonzo, Gustavo Ojeda, Adolfo Sánchez, Jorge Hernández-Porto, Hugo Consuegra...

Un día —ojalá no lejano—, los profetas volverán a su tierra, triunfos y nostalgias bajo el brazo, porque la plástica cubana de este largo exilio tiene una cita pendiente en el Museo Nacional. En el Nacional, y en muchos museos que están por construirse, que no hay espacios suficientes para semejante caudal.


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Obra de Gina PellónFoto

Gina Pellón. 'Mujer' (1984). Óleo sobre tela. Colección privada.