Actualizado: 27/05/2022 14:24
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Béisbol: 47ª Serie Nacional

¿Y ahora qué?

Terminado el campeonato local y coronados los equipos y figuras descollantes, la pelota cubana debe examinarse ante el espejo.

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Sin muchas sorpresas concluyó la 47ª Serie Nacional de Béisbol, con la victoria convincente de Santiago de Cuba, un favorito precompetencia que impuso su superioridad a lo largo de toda la campaña.

Una serie final sin mucha emoción entre Pinar del Río, el clasificado que menos juegos ganó en la campaña regular y que estuvo a punto de no obtener su boleto a la postemporada, y una muy completa maquinaria de jugar béisbol como Santiago, que compensa ciertas debilidades de su pitcheo con una aplastante ofensiva, cuajada de bateadores que pulverizaron varios récords de bateo. Santiago se convirtió, además, en el primer equipo que en varios años logra un equilibrio perfecto entre la fuerza de sus toleteros y la velocidad en función de la ofensiva.

Incapaz de ofrecer resistencia pareció el conjunto pinareño, que se sobrepuso a las deficiencias originales y al acoso de las lesiones, despachó arrolladoramente al decepcionante Industriales y superó en buena lid al aguerrido plantel espirituano.

De la mano de un pelotero de historia, el gran capitán Antonio Pacheco —a quien parece no oponérsele nada en su camino a la dirección del equipo nacional—, todo indica que hay aplanadora (así se le llama al equipo Santiago) para rato.

La carrera que empieza

Sin embargo, esta campaña que concluye sin la espectacularidad de años pasados, reviste otras particularidades e importancia, sobre todo por ser la antesala de los que deben constituir los dos más grandes y difíciles compromisos de la historia del béisbol de la Isla: los Juegos Olímpicos de Pekín (agosto 2008) y el Segundo Clásico Mundial (marzo 2009).

Sí, porque la 47ª Serie Nacional es historia con la decepción de los siempre favoritos Industriales, que con casi una decena de jugadores que han pasado por el equipo nacional y la continuada absorción de los peloteros que se destacan en el siempre diezmado Metropolitanos, no pudieron pasar del quinto lugar. La serie es historia con su rosario de récords pulverizados, con especial destaque para Pedro Luis Lazo en el pitcheo —máximo ganador de las series nacionales y dispuesto a incrementar la cifra— y para el inmenso Alexei Bell, quien se ha cansado de agobiar a los lanzadores y destrozar cercas.

También destaca el regreso arrollador de Michel Enríquez, el indiscutible fuera de serie que, después de tantos meses de inactividad, demostró ser un atleta excepcional. Con su actuación, casi llevó al equipo de Isla de la Juventud a la clasificación.

A partir de este momento comienza una carrera desenfrenada para conformar una selección nacional con el balance, equilibrio y fuerza necesarios para enfrentar lo que por el momento será la última incursión olímpica del deporte de las bolas y los strikes.

Es presumible que la mayoría de los países clasificados presentarán poderosos conjuntos que exigirán de la representación nacional la mejor actuación. Será necesario, para cumplir la aspiración suprema del béisbol de la Isla, mantener una supremacía que se ha hecho un tanto esquiva en los últimos tiempos, gracias, sobre todo, al aumento de calidad que muestran los contrarios en la arena internacional.

La concluida Serie Nacional mostró a una serie de jugadores que registraron actuaciones descollantes y abren la expectativa de poder llenar las lagunas exhibidas por la ofensiva en los últimos torneos internacionales; con la única salvedad de que esos atletas no están probados en lides foráneas. Ya ha sucedido que determinado bateador se ha consagrado como fuera de serie en clásicos nacionales, pero no ha podido "hacer justicia" al vestir la franela del equipo nacional.

Debilidades y carencias

Por otra parte, la extensa campaña recién concluida volvió a hacer evidente las debilidades y carencias que aquejan a la importante área del pitcheo. Abultadísimos marcadores, incluso en los juegos de postemporada, y cuerpos de lanzadores incapaces de conservar ventajas considerables, dieron cuenta de las lagunas que generan preocupación de cara a los retos competitivos inmediatos.

Sirva de ejemplo el staff de lanzadores del equipo Habana, que con una actuación descollante para el conjunto máximo ganador de la etapa clasificatoria, no pudo contener el empuje del equipo de Sancti Spíritus en el enfrentamiento de cuartos de final.

A todas luces parece evidente que el cuerpo de lanzadores que se conformará para defender el pabellón nacional no contará con el liderazgo y la profundidad necesarios para enfrentar con éxito a varios contendientes, que de seguro se tornarán muy exigentes en el plano competitivo.

Tal vez la persistencia en mantener una estructura competitiva que dé espacio a todas las provincias en el béisbol élite, genera un desequilibrio en la calidad de los contendientes, lo cual conspira contra el espectáculo y genera un pobre respaldo de público en la mayoría de los encuentros del certamen.

Sin embargo, probablemente el problema más grave que afronta nuestro béisbol es la incapacidad demostrada por sus directivos para reconocer las limitaciones que padece y su insistencia en seguir asumiendo una superioridad que ya no existe. Porque los últimos resbalones sufridos en la arena internacional y las señales que envía el desarrollo mismo del recién concluido Campeonato Nacional, demuestran que es imprescindible romper el aislamiento y buscar un nuevo techo en el marco de un escenario global cada vez más exigente.

Si las autoridades no demuestran el realismo, el sentido crítico y la voluntad necesarias, las glorias del béisbol cubano sólo quedarán en el recuerdo y en el discurso autocomplaciente de los funcionarios oficiales y sus voceros mediáticos.


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