Actualizado: 20/06/2024 23:03
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Béisbol: 47ª Serie Nacional

Rey de reyes

En el último decenio, en series de 90 juegos, Santiago de Cuba ha sido el equipo más estable de la pelota nacional.

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Se podría afirmar que el equipo de Santiago de Cuba, campeón de la 47ª Serie Nacional, es el rey de reyes de la pelota de la Isla. Dicho así, de golpe y porrazo, esta aseveración enfadaría a los aficionados industrialistas, sus más enconados rivales, que han ganado 11 torneos.

En innumerables ocasiones he dicho que las estadísticas de la pelota nacional constituyen un verdadero caos, debido a la infinidad de cambios en su estructura. Jugados ya 47 eventos, es hora de intentar organizar sus datos, o al menos parte de estos.

Entre 1962 y 1997, todo el que llegaba a la jefatura del béisbol inventaba o se dejaba manipular para realizar un certamen diferente. Sin embargo, a partir de 1998, durante 11 años se han celebrado sucesivamente torneos de 90 juegos. El equilibrio de este último decenio ha permitido elaborar algunos números comparativos bastante certeros.

En las primeras contiendas, Industriales estaba integrado por jugadores de la capital, pero sus oponentes procedían de diferentes regiones, como el famoso Orientales, donde aparecían grupos de peloteros de cinco territorios, o Las Villas, formado por atletas de Cienfuegos, Villa Clara y Cienfuegos.

Los rivales de Industriales practicaban durante 15 días, nunca jugaban de noche, no se conocían entre ellos y estaban asesorados por instructores locales que jamás habían visto un estadio con luces. Después de dicho "entrenamiento", rivalizaban con los Azules, que por entonces tenían a los mejores entrenadores de la pelota profesional y les sacaban una increíble ventaja técnico-táctica.

Hasta 1976 la Isla se dividía sólo en seis provincias. En esa etapa se jugaron 16 competiciones, que comenzaron con cuatro novenas y llegaron a 12, con nombres diferentes. A partir de 1977, la participación fue de 16 de equipos, en representación de 14 territorios de la nueva división político-administrativa, más el municipio especial Isla de la Juventud.

En esa mezcolanza de calendarios, novenas, estadios y provincias, Industriales ganó en cinco ocasiones hasta 1977. En los siguientes 20 años triunfó sólo tres veces, porque "los guajiros" ya habían aprendido a competir y ganar, aunque con el mismo "ajiaco" de selecciones, organigramas y terrenos.

Durante el imperio del relajo desorganizado de la pelota nacional, gran parte de la afición permanecía confundida, por la cantidad de apelativos con que eran bautizados sus representantes: Vegueros, Forestales, Occidentales, Agricultores, Agropecuarios, Citricultores, Henequeneros, Azucareros, Centrales, Camagüeyanos, Ganaderos, Serranos, Mineros y Orientales, que se mezclaban con los de las series selectivas (Pinar del Río, Ciudad de La Habana, Matanzas…).

El trabajo de Santiago

Fue en 1998 que comenzaron los torneos con 90 partidos para cada selección. Ese año ganó Pinar del Río. En la justa posterior se impusieron "las Avispas" de Santiago, bajo la conducción de Higinio Vélez, que repitieron en 2000, 2001, 2005, 2007 y 2008. Los Azules triunfaron en 2003, 2004 y 2006, y Holguín se llevó el trofeo mayor en 2002.

De ahí que este ciclo de diez u once años, con similar cantidad de desafíos, sea el único que permita hacer comparaciones lógicas entre equipos —no entre peloteros—, en los casi cinco decenios de las series nacionales.

Al analizar esta década, las estadísticas muestran que los santiagueros han mantenido un núcleo central de jugadores que participaron en la última victoria del siglo XX y jugaron la postemporada, como Rolando Meriño, Luis Miguel Navas, Pedro Poll, Reutilio Hurtado, Norge Luis Vera, Ormari Romero y Osmel Cintra. Cada uno de ellos puso su granito de arena para consolidar el triunfo de 1999.

Al revisar detenidamente los box scores de 2008, se comprueba que en la final también estaban los mismos jugadores. Esa estabilidad, unida a la experiencia, permitió al avispero arrollar a todos sus rivales con facilidad.

Otro punto importante es que el equipo supo o pudo encontrar sustitutos apropiados para sus "tres caballos de batalla", que durante largo tiempo llevaron el peso de la novena. En ese trayecto se retiraron los gloriosos Antonio Pacheco, Orestes Kindelán y Gabriel Pierre. Al cabo de unos pocos años, aparecieron sus relevos: Alexei Bell, Héctor Olivera y José Julio Ruiz.

Ningún otro seleccionado del resto de las provincias ha permanecido con esta configuración, ni lograr tanto. Ni siquiera algo parecido. De ahí que, al menos en el último decenio —primero de este siglo XXI—, pueda considerarse a Santiago de Cuba el "monarca de los monarcas" de la pelota nacional.


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