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Pekín 2008

Juegos Olímpicos y dictadura

A las puertas del evento mundial, China se viste de largo, advierte a sus ciudadanos y mantiene la censura en internet.

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Preguntas indiscretas

Desde mediados de julio fueron colocados en Pekín carteles que advierten a los chinos sobre las "preguntas indiscretas que no deben hacer a los visitantes extranjeros".

Los carteles explican que para un occidental es de mal gusto que un desconocido le pregunte cuánto gana al mes, cuántos años tiene y si está casado. Estas tres preguntas, por ese orden, son moneda corriente en las primeras conversaciones entre chinos, que también las utilizan cuando dialogan con extranjeros, algunos de los cuales se sorprenden e incluso se molestan, según las explicaciones del cartel.

Preguntar qué religión profesa, cuál es su dirección o su estado de salud, o inquirir sobre sus sentimientos, puede molestar al extranjero, agrega la publicidad oficial. Estas advertencias suponen la enésima campaña que inicia Pekín para "civilizar" a sus ciudadanos, desde que se le concedió en 2001 el derecho a organizar los JJ OO.

Desde entonces, y paulatinamente, se ha hecho más difícil ver escupir a los transeúntes en cualquier momento y lugar, una práctica aún extendida, ya que hay quienes consideran que es bueno para la salud.

La sensibilidad de los occidentales hacia los animales domésticos tampoco fue olvidada. El pasado 11 de julio, la agencia oficial Xinhua informó que el subdirector del Buró de Turismo de Pekín, Xiong Yumei, recomendó al personal de los restaurantes que si algún cliente se empeñaba en comer carne de perro, deberían sugerirle otro plato más apetecible.

Así que los amantes de la gastronomía singular, que viajen a Pekín durante los Juegos Olímpicos, se perderán la oportunidad de probar la carne de perro. Hasta el himno nacional sufrió unos retoques para hacerlo "más espectacular", informó Tan Lihua, director de la Orquesta Sinfónica de Pekín.

Ningún cabo suelto

Los dirigentes chinos no quieren dejar ningún cabo suelto. El director del Departamento de Seguridad del Comité Organizador, Liu Shaowu, dijo que organizar manifestaciones durante los Juegos no estará prohibido, pero quienes así quieran expresarse deberán hacerlo en zonas especialmente designadas.

Se trata de tres áreas ubicadas en parques o jardines, a más de diez kilómetros de los recintos olímpicos, o sea, lejos de la mirada indiscreta de los más de los 26.000 periodistas acreditados para cubrir el evento. Liu, en rueda de prensa, no quiso aclarar si en esas zonas, parecidas a las que se instalaron en Atenas 2004, podrá la gente manifestarse libre y espontáneamente.

"Según la ley china, nosotros protegemos las manifestaciones legales", señaló antes, para aclarar que existen unos procedimientos que hay que seguir, entre ellos, especificar claramente dónde tendrá lugar la manifestación, para obtener la autorización de la Policía antes de organizar cualquier actividad reivindicativa. A buen entendedor, pocas palabras.

Por suerte para los disidentes, de ellos se ocupó en junio pasado la organización Human Rights Watch (HRW), que presentó un libro en el que se recogen las perspectivas de 25 expertos sobre el futuro de China a la luz de los Juegos Olímpicos 2008. El volumen, titulado El Gran Salto de China: los Juegos de Pekín y el desafío olímpico de los derechos humanos, analiza la evolución del país hacia una sociedad más abierta, pero políticamente controlada, dijeron sus responsables.

La obra, publicada por la editorial Seven Stories Press, incluye voces de disidentes chinos como el ex dirigente Bao Tong, que se encuentra actualmente bajo arresto domiciliario en la capital, así como a Han Dongfang y Wang Dan.

No se han ofrecido cifras sobre la cantidad de efectivos policiales o militares que serán movilizados para los JJ OO, pero desde hace semanas los periodistas extranjeros aprecian una seguridad reforzada en la Plaza de Tiananmen y en otros lugares céntricos.

En Shanghai, se anunció que las zonas comerciales —aledañas al estadio que acogerá doce partidos de fútbol— se verán aisladas durante la cita olímpica, según informó el Shanghai Daily.

Los 34 establecimientos que rodean el estadio, entre ellos supermercados, restaurantes y centros comerciales, serán temporalmente reubicados, anunció Qiu Weichang, un directivo de la Administración Deportiva de Shanghai.

La censura, por su parte, no ha disminuido. A pesar de la promesa del Comité Olímpico Internacional (COI) de disponer de libre acceso a internet para la prensa acreditada, Pekín continuará prohibiendo visitar páginas consideradas "sensibles".

El COI ha fracasado en el tema. Kevan Gosper, presidente de su Comisión de Prensa, se ha visto forzado a pedir disculpas ante los medios internacionales: "Si os ha inducido a error lo que he dicho sobre el libre acceso a internet durante los Juegos, entonces pido perdón por ello (…) Yo no puedo decir a los chinos lo que tienen que hacer", declaró a los medios.

China faraónica

El periodista Antonio Caeiro, que trabajó durante doce años en Pekín para la agencia de noticias Lusa, y ahora enviado especial a los Juegos, informó recientemente que el evento será "uno de los más caros de siempre" del movimiento olímpico, con un coste aproximado de 25.000 millones de euros. El autor del libro Doce años en un viaje por el interior de China conversó con el arquitecto Norman Foster, que dirigió las obras del nuevo aeropuerto de Pekín, el mayor del mundo, con 3,2 kilómetros de largo.

El británico Jasper Becker, que reside en la capital desde hace 20 años y ha sido testigo de las transformaciones provocadas por los Juegos Olímpicos, comentó sobre el nuevo aeropuerto y el resto de las obras: "Nada tan rápido o en tan larga escala ha sido construido en cualquier otro país… Sólo una dictadura, con los recursos humanos e industriales de China, puede conseguir esto".


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Militares chinos se preparan para custodiar los Juegos Olímpicos de Pekín. (AP)Foto

Militares chinos se preparan para custodiar los Juegos Olímpicos de Pekín. (AP)

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