Actualizado: 19/06/2019 13:53
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Artes Plásticas

«Somos una entidad de resistencia»

Con el arte en la calle, fuera de las instituciones, el dueto Luis o Miguel muestra la cara real del mito ideológico que es Cuba. Vea la galería

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Luis o Miguel (Luis Gárciga Romay y Miguel Moya, Ciudad de La Habana, 1971 y 1974, respectivamente) es un joven dúo de artistas cubanos egresados de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro y formados en la Cátedra Arte de Conducta, fundada y dirigida por Tania Bruguera. Justamente en este último espacio de educación artística —adscrito al Instituto Superior de Arte—, empezaría a gestarse en este dueto la concreción de preocupaciones artísticas y extraartísticas que incorporan una reflexión sobre el deber ser del arte en una sociedad en crisis, la función del artista como comunicador y ciudadano inserto en una comunidad específica, y el compromiso del arte con su realidad más inmediata.

Desde entonces, la propuesta de Luis o Miguel ha devenido un discurso de vocación sociológica, que trata de penetrar en aquellas zonas de silencio estructuradas y consentidas por las narrativas oficiales en relación con la precariedad de la sociedad actual, especialmente de aquellos estratos sociales más golpeados por la debacle material y política del sistema cubano.

Llevando el arte a pie de calle, sacándolo del circuito institucional, Luis o Miguel trasponen la epidermis insular para mostrar la cara real del mito ideológico que es Cuba. Frente a la épica de la utopía latinoamericana, el exotismo del socialismo tropical, la Historia concebida por el poder político, estos artistas devuelven un paisaje de la vida del cubano en estos comienzos de siglo: sus expectativas, frustraciones, anhelos y desilusiones, con las maneras inverosímiles en que se despliegan estrategias de subsistencia en un medio que parece estar condenado al fracaso perenne.

¿Cómo y cuándo nace el dueto Luis o Miguel? ¿Por qué ese nombre y qué aporta cada uno a la entidad colectiva que forman?

En el año 2001 terminamos los estudios en la Academia Nacional de Artes Plásticas San Alejandro y comenzamos a trabajar intensamente en equipo, pero todavía no éramos Luis o Miguel. Al principio éramos Luis y Miguel, pero se dieron dos situaciones que provocaron el cambio de la conjunción copulativa por la disyuntiva, la "y" por la "o". Por un lado, la búsqueda de una pérdida de la claridad identitaria como artistas y gente común en nuestro trabajo, y a la par, que cada vez los públicos nos confundían más. Al no hacer énfasis en quién era Luis o quién Miguel, no aclarábamos quién hacía dentro del dueto tal o más cual cosa en una obra específica. Las personas del mundo del arte llamaban constantemente a Luis por Miguel y a Miguel por Luis, y nosotros no nos deteníamos en esto.

Nunca hemos tenido para cada obra o período temporal una estrategia fríamente calculada de qué debe aportar uno u otro. Las obras surgen de conversaciones a partir de vivencias personales o muy cercanas de amigos, parientes o vecinos, y en esa discusión de intento de definición de una situación problemática aparece la obra como una evidencia, con toda la carga de hacer visible de ese término.

Incluso, a veces hemos vivido una sensación de acaparar recursos, porque los dos tenemos una visión idéntica sobre algún fenómeno y planteamos soluciones estéticas idénticas. Pero como el que acapara teme por la ausencia venidera, es una garantía dentro de la inestabilidad. Como dueto artístico, inmersos en el tejido cultural y económico de la Isla, no estamos exentos de esas estrategias de supervivencia, incluso estéticas… no importa que sobre ahora, después puede faltar. Y en esa ausencia que se puede dar y que siempre nos sobrevuela, si no está Luis, está Miguel.

¿Por qué asumir un trabajo grupal cuando el campo artístico cubano prioriza una proyección individual o de colectivos heterogéneos y no totalmente formales en su concepción grupal (ENEMA, DUPP, Producciones Doboch o DIP)?

¿Por qué no asumirlo? Siempre tenemos esa sensación de que todos estamos demasiado atentos a los otros, pero desde la sospecha, y ese mirar demasiado al otro nos hace perdernos de vista, nos desenfoca.

A excepción de Producciones Doboch, esos colectivos respondían a intereses pedagógicos dentro de una institución educacional, aunque, por supuesto, tenían implicaciones artísticas por la naturaleza de la docencia.

Generar asociaciones, trabajo en equipo, desde preocupaciones estéticas y sociológicas, es gratificante como vivencia. Además, está eso del acaparamiento, pero que pudiera enfocarse más noblemente como ser nuestros suplentes. Las experiencias colectivas fallan cuando hay ausencia de compromiso y la gente simula participar.

Luis o Miguel tal vez no sea un grupo como éstos. De hecho, su membresía no es de la cantidad y cualidad de los mismos. Luis o Miguel es una poética creativa de resistencia para no perder la conciencia sobre el momento histórico, para documentarlo aprovechando las facilidades del arte contemporáneo, al exigirle ese rastro material llamado documentación. Asociarse es una libertad, pero no siempre es posible. Desde lo artístico podemos hacer ese otro tipo de sociedades mínimas, más específicas, más libres. Luis o Miguel se define dentro del paisaje asociativo del arte cubano más reciente como una entidad de resistencia, minimal y relacional.

¿Por qué Luis o Miguel retorna a la calle, la comunidad, a un espacio no institucional, para desplegar su propuesta "artística"? ¿Por qué las personas y sus circunstancias se han convertido en objeto de estudio de su investigación?

La realidad es lo que nos interesa, lo que está pasando; la intentamos descifrar, a la vez que la vivimos. Ni en los diarios ni en los museos aparecen los códigos.

La verdad, esa coincidencia con lo real, está en las esquinas, dentro de nuestras casas o los centros laborales. Pocos las están contando desde dentro, menos las están recolectando para después sobreponerse a la amnesia. Procuramos que cada pieza sea un recurso mnemotécnico propiciatorio de un recuento posterior.

Resulta incómodo contar desde la oficialidad más rotunda estas circunstancias vitales. Este verbo en castellano tiene dos direcciones aparentemente opuestas, pero para nosotros son los dos enfoques reconciliables que procuramos en nuestras piezas. Contar una historia como un cuento y, a la vez, contar, cuantificando, haciendo un levantamiento estadístico. Tal vez porque sentimos que somos también esas personas y no nos están contando.

Hace años desarrollan un tipo de propuesta de inserción pública, donde la gente es protagonista del proceso creativo. Proyectos como Censo, Reporte de ilusiones, Custodiando un deseo, Destinos posibles o Mi familia quiere un cambio, exploran el estado de opinión de la población. A partir de la especificidad y objetivos de cada uno, ¿podrían comentar cómo se pusieron en práctica?

Censo se realizó en una fecha próxima al Censo de Población último que se llevó a cabo en Cuba y había generado entre la gente que conocíamos mucho revuelo. Se comentaba que exploraría no sólo aspectos de la composición racial, géneros o de edades, sino de aspectos económicos familiares y personales muy particulares. Esto último generó gran expectativa y paranoia, pues la gente temía ser descubierta en los a menudo ilegales malabares que llevan a cabo para compensar la resentida economía doméstica. La 'lucha', ese término que encierra todas esas estrategias, y luchar deviene hacer lo posible y lo imposible para subsistir.

Entonces hicimos Censo, preguntando por vía telefónica y presentándonos simplemente como Luis o Miguel, y que hacíamos un censo para saber si estaba en 'la lucha' la persona que respondía del otro lado de la línea. Las respuestas eran múltiples, saltando al oído con una atmósfera que era la de la gente en la calle. Estas respuestas las estratificamos estadísticamente, para convertirlo en el verdadero título de la obra en forma de tabla. Contrastando así esta manera de cuantificar con la riqueza de todo el fenómeno.

Reporte de Ilusiones surge de nuestra preocupación por convertir en imágenes lo que no puede ser visionado; la ilusión o el sueño de los que, como nosotros, viven el día a día. También estaba el hecho de acercarnos a la fotografía desde sus implicaciones culturales, al margen de los cánones y valores con los que es calibrada por el mundo del arte; por sus valores afectivos, aquellos que la gente le otorga por sus implicaciones sentimentales. Entonces comenzamos a presentarnos como fotógrafos a domicilio, que hacíamos montajes digitales. La gente podía construir su imagen a voluntad, escogiendo el fondo o con quiénes quería aparecer.

Por muy aparentemente descabellado e imposible que les resultara su propia ilusión o sueño, buscábamos lo necesario y realizábamos el sueño a través de una imagen. El servicio era gratuito: posibilitaba que gente sin recursos pudiera acceder a una fotografía propia y única. No olvidemos que para algunos en Cuba una fotografía es un suceso, debido al precio de la impresión o el acceso a una cámara digital, descontando el desconocimiento técnico sobre el tema.


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