Actualizado: 16/09/2019 12:05
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Cine

'The Lost City' rompe el silencio

Entrevista con Andy García: «Hay mucha gente que defiende la imagen del Che por razones comerciales. Esa industria es un negocio millonario».

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Hay quienes consideran que Cuba antes de 1959 fue un país de rumberas y cabarés. Esa es la imagen que Hollywood vendía. ¿Se aprovecha de esa imagen The Lost City? ¿Es un filme sobre la revolución cubana o es una historia de amor imposible?

Apasionado con la música cubana, Andy García le pidió a Guillermo Cabrera Infante que le escribiera un libreto con la atmósfera del filme Casablanca, al estilo de El Padrino y los ritmos cubanos como protagonistas. Por 16 años estuvo esperando el inversionista que creyera en la historia. A las grandes productoras no les gustaba. Al fin se estrena, en Nueva York y Miami, en cines atiborrados de cubanos que aplauden al terminar la función.

La prensa anglo viene callando la verdad de Cuba por 47 años. ¿Usted busca con 'The Lost City' romper ese silencio?

"La película no tiene una agenda política como, digamos, Good Night and Good Luck —responde el actor de El Padrino III—. Quise rendirle homenaje a la época de oro de la música y la cultura cubana, y reflejar la manera de vivir de una familia durante el cambio drástico que significó la revolución".

A veces la obra se divorcia del artista y 'The Lost City' es una película política y polémica. El mito del Che, mesías revolucionario, hace que millones de jóvenes vistan camisetas del "guerrillero heroico". 'Diarios de motocicleta' responde a ese mito, pero 'The Lost City' lo desmiente: muestra un Che violento, cruel, que mata de su propia mano a los prisioneros, y esto, quiera Andy o no, la convierte en una película política. ¿Está preparado para que la prensa liberal ataque 'The Lost City'?

"Hay mucha gente que defiende la imagen romántica del Che por razones políticas, e incluso comerciales (la industria del Che es un negocio millonario), pero también hay muchos que saben la tenebrosa historia del comandante guerrillero que fusilaba en la Fortaleza de la Cabaña, y es ese el Che que narra Cabrera Infante, y mi película".

(The Lost City es un canto a La Habana y a una época. En sus dos horas y media aparecen el secuestro del corredor de autos Fangio, el ataque al Palacio Presidencial, las bombas que estallan, el padre amante de la democracia, sus tres hijos divididos entre el fanatismo revolucionario y la apatía, y el doloroso momento en que Fico (Andy García), el dueño del cabaré El Trópico (léase Tropicana), tiene que partir a lavar platos en tierra ajena).

(Pero más allá de la violencia, la familia desgarrada, el alma del filme es La Habana, la ciudad perdida y recobrada en la memoria de dos exiliados, un novelista premio Cervantes, y un actor estrella de Hollywood. Una Habana que, a falta de la real (y con pocos recursos), tuvo que ser recreada en calles y casas coloniales de República Dominicana).

En ocasiones, la película es naturalista, descriptiva (como la familia reunida para la cena), en otras es metafórica, simbólica, como en las escenas de violencia. ¿Responde a su concepción estética, o a la falta de recursos que no le permitió reproducir las batallas con la naturalidad que hubiera querido?

"Tuve un presupuesto limitado que me hizo rediseñar parte del guión. Con más dinero, quizá hubiera filmado otras escenas de cuando Fico llega exilado a Nueva York, pero la cinematografía de la película, su estilo, las imágenes compulsadas por la música, ese soy yo".

¿Qué alteraciones hizo al guión original?

"Era una historia sumamente larga, 350 páginas. Yo sabía que iba a ser una película de más de dos horas, porque había mucho material que no quería perder, pero aunque tuve que sintetizarla, la mantuve fiel al guión original. El personaje que hace Bill Murray (el escritor), su sentido del humor, de parodia, es Cabrera Infante, como él se concibió a sí mismo".

¿Le propuso Cabrera Infante, cansado de esperar por la película, comprarle los derechos de la historia para escribir una novela?

"Los derechos los tenía la Paramount. Frank Mancusso, su presidente, me había dado el dinero para contratar a Cabrera Infante, pero el ejecutivo que lo sustituyó se empeñó en contratar a otro escritor. Yo me le enfrenté. Le dije que no aceptaba otro guionista. Al fin, me permitieron llevarme el proyecto. Y ahí fue que le cedí a Guillermo los derechos de su historia para escribir una novela. No sé si al fin la escribió, o si salió publicada".


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