Actualizado: 29/11/2022 11:37
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China

Conflicto en el Tibet

La Habana apoya la represión de Pekín contra los manifestantes y en varias capitales europeas se discute un posible boicot a las Olimpiadas.

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Las manifestaciones en el Tibet, brutalmente reprimidas por la policía china, colocaron de nuevo sobre el tapete de la escena internacional lo que sucede en esa remota región, considerada "el techo del mundo" por su altitud.

Los eventos comenzaron con una pacífica demostración de los monjes tibetanos, el pasado 14 de marzo, que reclamaban respeto por las tradiciones culturales y una mayor autonomía. La violenta represión no hizo otra cosa que echar leña al fuego.

Además, los dirigentes tibetanos en el exilio denunciaron que las autoridades de Pekín ordenaron que algunos policías se raparan el cabello, vistieran las túnicas color azafrán y escenificaran actos de violencia, como asaltos a los comercios o quemar propiedades, para pasar la imagen de que eran "turbas" incontrolables que cometían actos de vandalismo.

En La Habana, los cubanos tuvieron que esperar hasta el 22 de marzo para enterarse de lo que estaba sucediendo. Ese día el órgano oficial del Partido Comunista decidió publicar una versión oficial de los acontecimientos, ofrecida desde Pekín.

"Al cumplirse una semana de los violentos disturbios en Lhasa, la capital del Tíbet, las autoridades exhortaron a la población a mantener el orden y la estabilidad social. Según el secretario del Partido Comunista de China (PCCh) en esta región autónoma, Zhang Qingli, hechos como los del pasado viernes 14 de marzo, donde murieron 19 personas y otras 325 fueron heridas, no deben repetirse. La situación en Lhasa ya está bajo control y el orden social vuelve a la normalidad, expresó el dirigente político coincidiendo con reportes sobre la reapertura de los comercios y las escuelas, y la reanudación de los servicios de electricidad y agua corriente". Un fragmento de lo que apareció en Granma.

La versión oficial de los 19 muertos fue respondida por los exiliados tibetanos, que, con base en datos recibidos desde Lhasa, informaron que la cifra de muertos era de cerca de 130 personas.

Tardía reacción de La Habana

Quizá la falta de información sobre el asunto determinó que el gobierno de Cuba no emitiera una declaración oficial hasta el 23 de marzo, cuando ya se discutía en diversas capitales si sus delegaciones debían asistir o no a los Juegos Olímpicos de Pekín. En este aspecto, es probable que algunos dirigentes europeos opten por el boicot a la ceremonia inaugural, como ha dejado entrever el francés Nicolas Sarkozy. Sin embargo, tanto la Unión Europea como Estados Unidos lo han descartado.

La declaración oficial de La Habana se refirió a la "aviesa campaña mediática" para minar la confianza internacional en la capacidad del gobierno chino para organizar los Juegos Olímpicos.

A renglón seguido, la declaración señaló: "a ello se suman ahora los recientes acontecimientos de corte separatista acaecidos en el Tíbet, que ocasionaron víctimas fatales e incalculables pérdidas materiales. Resulta evidente que estos disturbios han sido fraguados y promovidos desde el exterior. Para Cuba, es revelador el papel desempeñado por la denominada Radio Asia Libre, principal portavoz de la actual campaña mediática contra China, cuyos patrocinadores son los mismos que defienden a quienes atizan el separatismo en el territorio chino".

Un hombre con sentido de Estado

El Dalai Lama ha sido acusado como instigador de estos incidentes y de formar parte de una conspiración contra los Juegos Olímpicos.

En septiembre del pasado año, durante su segunda visita a Lisboa, tuve la oportunidad de conversar con Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama y Premio Nobel de la Paz. Es un hombre que irradia paz espiritual, sentido de Estado y vive preocupado por los destinos del pueblo tibetano. Clama por una mayor autonomía de la región, lo que facilitaría el regreso de unos 100.000 exiliados.

El Premio Nobel de la Paz dijo que los chinos ya representan las dos terceras partes de la población de la capital del Tíbet. Esta es otra de sus preocupaciones, la sistemática importación hacia el Tíbet de millares de ciudadanos de la etnia "han", que, según Gyatso, tiene como objetivo borrar las tradiciones culturales de los tibetanos.

Resulta muy difícil imaginar que esa misma persona esté ahora enredada en "un complot" con los imperialistas norteamericanos para la separación del Tíbet de China. Lo que sucede en el Tíbet es la clásica reacción de un régimen totalitario cuando se producen protestas en las calles.

El pasado 21 de marzo, el Diario del Pueblo, órgano oficial del Partido Comunista de China, publicó un editorial donde pedía "hacer añicos" a los independentistas. El periódico llamó a las fuerzas de seguridad a unir esfuerzos para "aplastar" a los manifestantes.

Este 24 marzo, el diario británico The Times informó de nuevas manifestaciones de centenares de monjes en la localidad tibetana de Woge, con el saldo de dos muertos, un monje y un agricultor, y decenas de heridos. La consigna lanzada desde Pekín está en pleno apogeo. Aun así, las manifestaciones no han cesado.

Un elemento que complica la situación en el Tíbet es que el actual "hombre fuerte" de Pekín, Hu Jintao, era secretario del PCCh en la región cuando en 1989 se produjeron manifestaciones en Lhasa. En ese entonces, Hu utilizó la fuerza y la ley marcial para aplastarlas.

Aquellos hechos coincidieron con la presencia en Pekín de una delegación del Dalai Lama, de la cual formaba parte su sobrino, Khedroob Thondup, para negociar una posible solución al conflicto. ¿Incidentes preparados para hacer naufragar las conversaciones? Todo es posible.

Khedroob recordó recientemente que en 1990 se reunieron con dirigentes del PCCh en Pekín, y allí estaba Hu. "Era el más joven de los que nos recibieron, tenía una memoria fotográfica. Le preguntamos por qué había reprimido las protestas de forma violenta y respondió que había cumplido órdenes de Pekín. Casi 20 años después, él ha hecho lo mismo", dijo a los periodistas.

Quizá por el hecho de haber sido antes secretario del PCCh en el Tíbet, Hu tiene que mostrarse más enérgico en dicha región. Sin embargo, algún día los dirigentes de Pekín tendrán que sentarse a dialogar con el Dalai Lama y buscar soluciones para un conflicto que ya dura más de 50 años.


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