Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Pekín 2008

La antorcha, un símbolo

A pesar de China, la batalla contra la violación de los derechos humanos en el Tíbet ha prendido en la comunidad internacional.

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En Buenos Aires, la única ciudad Latinoamericana que recorrió la antorcha de los Juegos Olímpicos de Pekín, algunos manifestantes no tuvieron puntería suficiente cuando lanzaron, desde la torre de la Catedral, globos llenos de agua para intentar apagar la llama. Sin embargo, en las calles hubo presencia activa de los que reclamaban respeto por los derechos humanos en China.

Según el relato de un diario argentino, a un lado del Obelisco estaban los practicantes de la religión oriental Falun Gong, junto a los activistas que luchan por la liberación del Tíbet. Todos ellos se oponen a que los Juegos Olímpicos se realicen en China, porque consideran que en ese país no se respetan los derechos humanos más básicos.

La antorcha pasó por la capital argentina de una forma relativamente tranquila, pero antes, en Londres, París y San Francisco, la comitiva olímpica tuvo que modificar e, incluso, suspender el recorrido debido a las múltiples protestas.

La situación fue tan tensa que el pasado 8 de abril las agencias internacionales de noticias informaron: "la posible suspensión del recorrido de la antorcha olímpica está sobre la mesa del Comité Olímpico Internacional y China, aunque todavía no está claro a quién le corresponderá tomar esta decisión".

El COI ha señalado que la decisión sobre si continúa el relevo de la llama olímpica debe recaer sobre el país anfitrión, mientras China ha asegurado que no dará su brazo a torcer, pese a la presión.

"No tengo una bola de cristal, pero soy optimista (…) Los 205 comités olímpicos nacionales han decidido de forma rotunda que no habrá un boicot", ha dicho por su parte el presidente del COI, Jacques Rogge, quien se ha mostrado confiado en que los Juegos "tendrán un gran éxito".

El tema del boicot

Los dirigentes chinos insisten en acusar al Dalai Lama de organizar un boicot contra los Juegos Olímpicos. Sin embargo, el dirigente religioso tibetano siempre se ha declarado opuesto a esa medida, y así lo ratificó el pasado 11 de abril, en la ciudad estadounidense de Seattle, en declaraciones a la cadena de televisión NBC.

Sobre los países que eventualmente decidieran no participar en las Olimpiadas de agosto, afirmó: "Eso no es un tema nuestro".

En realidad, como declaró Rogge, es poco probable que haya un boicot. Sería "una medida errada" porque sancionaría a los atletas que hace años se preparan para la cita deportiva, dijo recientemente en Lisboa el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan.

No obstante, boicotear la ceremonia de inauguración de los Juegos, es algo que va alcanzando consenso entre los países democráticos. El actual secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ya anunció que no estará en Pekín para los festejos.

El 10 de abril, el Parlamento Europeo lanzó un ultimátum a Pekín al reclamar a los presidentes y jefes de gobierno de la Unión que boicoteen la ceremonia inaugural, en caso de que las autoridades chinas no reanuden el diálogo con el Dalai Lama. La resolución fue aprobada con 580 votos a favor, 24 en contra y 45 abstenciones, lo que muestra la solidaridad de la Eurocámara con los que luchan por el respeto a los derechos humanos en China. Porque de eso es de lo que se trata.

En sus declaraciones a la NBC, el Dalai Lama fue muy preciso: "Es muy importante dejar claro que la situación en el Tíbet no es el único problema de la región. En China, el respeto por los derechos humanos es muy precario y la libertad de los ciudadanos es incluso peor".

China registra actualmente una de las mayores migraciones internas del mundo. En los últimos años, más de 100 millones de chinos abandonaron el campo para buscar una vida mejor en las ciudades y centros industriales. Muchos han quedado relegados a verdadera favelas en las afueras de las grandes ciudades, con empleos precarios y sin seguridad social. Los dirigentes de Pekín temen, con razón, que se produzcan explosiones sociales incontrolables.

El gobierno chino acusa al Dalai Lama de fomentar el separatismo del Tíbet. Pero cualquiera que haya seguido los pasos del líder religioso sabe que en su discurso lo que pide es verdadera autonomía para la región.

Recientemente, en una entrevista concedida a la revista italiana L'Expresso, el líder espiritual reafirmó que si Pekín aplica "lo que está escrito en la Constitución", si concede "autonomía municipal y regional" y da "plenos poderes a los tibetanos, todos los sentimientos negativos desaparecerán".

El Dalai Lama siempre ha defendido la denominada "vía intermedia" para resolver el conflicto. No se trata de la independencia del Tíbet, sino de dar una verdadera autonomía, respetar la cultura y la religión, según fue aprobado en 1997, en un plebiscito de los exiliados tibetanos.

Su propuesta es como una rama de olivo, un mensaje a los dirigentes de Pekín para la apertura del diálogo. Sin embargo, el presidente chino, Hu Jintao, ha rechazado dialogar con el Dalai Lama, como vienen exigiendo diversos líderes occidentales, y acusa al religioso de "instigar la violencia" y "sabotear los Juegos Olímpicos de Pekín".

En esta coyuntura, lo que se puede prever es una ceremonia de apertura deslucida, con la ausencia de importantes líderes mundiales.

Llama prendida

En lo que se refiere al aspecto deportivo, los Juegos Olímpicos de Pekín deben representar el marco para establecer nuevos récords mundiales en algunos deportes. Los chinos se han preparado meticulosamente y están empeñados en acumular medallas de oro. Pueden dar una sorpresa.

Pekín concibió la organización de los Juegos como una oportunidad para abrirse al mundo y para que se conociesen sus profundas transformaciones económicas y sociales. Muchos países occidentales vieron en los Juegos la oportunidad de "influir" en eventuales cambios políticos en el sistema chino. Pero la opinión pública internacional despertó con la represión sangrienta en Tíbet, a partir del 10 de marzo, con un saldo de más de 100 muertos.

El paso de la antorcha ha dado lugar al clamor por el respeto a los derechos humanos. Aunque Pekín quiera ignorarlo, ya esta batalla está inscrita en los anales de la comunidad internacional.

Nadie recuerda el recorrido de la antorcha olímpica de los juegos de Atenas 2004. Sin embargo, la de Pekín lleva el clamor de miles de personas que se solidarizan con los monjes budistas de Tíbet, pero también con los disidentes detenidos. Es un símbolo de la lucha por los derechos humanos.


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AntorchaFoto

El futbolista omaní Ghulam Khamis porta la antorcha olímpica. (AP)